20 Años no es poco (Sobre la violencia social y el trauma individual)

Lucia Korol (Buenos Aires)

Resumen

La autora hace algunas aproximaciones al tema de la violencia y la “condición humana”. El trabajo consta de cuatro apartados: Introducción: Habla de la conmoción que implica un analista inmerso en su época y en su medio social. Especialmente en los momentos más dolorosos de la “historia argentina reciente”. Plantea, siguiendo a otros autores, “El ¿mal sin por qué?” y la “banalización del mal”. Sólo el “pensamiento” y la “memoria” osibilitarán tramitar las situaciones horrorosas de la cultura. Viñeta clínica: Algunas Notas: La analizada vivió experiencias traumáticas en la vida real, lo cuál le resignificó situaciones traumáticas de las generaciones que la precedieron y viceversa. La condición de la analizada de ser desaparecida-sobreviviente la ubica en un mundo social de desamparo  absoluto. Reflexiones clínicas y técnicas acerca del papel de la transferencia contratransferencia: Un análisis no conoce más límites que los del propio analista, comprometido con todo su ser y su saber y utilizando constantemente su autoanálisis para descubrir los puntos ciegos del mismo. Especialmente cuando analista y analizando comparten la misma dura realidad social. Conclusiones a modo de epílogo: ¿Será posible que la “palabra” por ser pacificadora e introductora del orden simbólico, evite la aparición del puro goce y pueda más que la violencia?

Abstract

The Author approaches violence and human condition as main issues. The paper has four main points as follows:  1.Introduction: It focuses on the commotion that a unique historical period and specific social conditions mean for an analyst, particularly during the painful recent argentine history. Following some other authors, “evil with no reason” and “the banality of evil” are main topics. Only reflection and memory may make a culture horror situation bearable. 2.Clinic vignette: some notes: the patient lived  traumatic experiences in her real life. This trauma gave new meaning to traumatic experiences of past generations and vice versa. The patient condition of been a “missing-survivor person” leaves her in a world of absolute despair.  3.Some technical and clinical reflections on the role of Transference and counter-transference: Analysis knows no other limit than the analyst own limits when he/she is compromised with his/her work and uses all of his/her knowledge and auto analysis to discover the analysis blind spots, particularly when analyst and patient share the same harsh social reality.  4. Conclusions as epilogue: Is it possible that “the word” as a mean of pacification and a gate toward a symbolic order be able to avoid the emergence of pure “jouissance” and be more capable than violence?

“20 Años no es poco”

Adelanto de un poema de Mario Benedetti publicado en el periódico “Página 12” el 31 de Diciembre de 2003.

“Cuando los desaparecidos se desentierren

por algún milagro y nos recuerden sus

mensajes justos, no hay amnistía ni

misericordia para depredadores y verdugos”

 

Este trabajo es un intento de reflexionar acerca de la violencia y la condición humana.

Desarrollaré los siguientes apartados.

1) Introducción

En la historia de la humanidad, existen infinitas y variadas formas de violencia, guerras, crímenes, torturas, desapariciones, etc. Sin embargo hay situaciones especiales que por ser compartidas (analista–analizando) nos involucran y conmueven especialmente, nos movilizan en nuestra fibra más íntima. Es cuando llegan los aniversarios, (veinte años de democracia en nuestro país democracia que, aunque a veces fallida, a veces desprestigiada, es democracia al fin) que se hacen presentes todos los acontecimientos de las dictaduras, para ser recordados, repensados, incluyendo la responsabilidad colectiva en hechos aberrantes.

 

Muchos fuimos testigos de la globalización del terror en las épocas de las dictaduras, escuchábamos y veíamos lo que esos gobiernos instrumentaban en nombre de erradicar el “terrorismo”, (en ese momento se lo llamaba guerrilla) podían entrar en las casas y “desaparecer” personas, escuchar llamados telefónicos o contarnos un enfrentamiento callejero cuando asesinaban (Ejemplo Rodolfo Walsh). Algo semejante pasó en otros países, por ejemplo EE.UU. después del 11 de Septiembre, y el ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono; que logró terminar con la “creencia en la invulnerabilidad” de ese país. Pero eso significó que las personas de los EE.UU. vivan en estado de “trauma repetitivo”, pensando que va volver a ocurrir, o en estado de escisión profunda, (mecanismo de renegación mediante) en la creencia de que jamás ocurrirá nuevamente. Así se vivía en la Argentina de la época dictatorial en la creencia de que “no pasaba”, o que “por algo sería si pasaba”. Es decir, si mataban o desaparecía alguna persona en ese momento llamada “guerrillero” por la dictadura.[1] ¿Qué hacemos los psicoanalistas ante esta realidad? Trataré de entender el por–venir a partir de la atemporalidad freudiana, como a posteriori (nachträlglichkeit), lo que pasó será interpretado desde el presente y al mismo tiempo nos dará elementos para entender el futuro. El proceso cultural implica un movimiento que involucra lo prospectivo y lo retrospectivo, no existe uno sin el otro.

Sabemos de una fuerza inaprensible independiente del principio del placer, lo demoníaco que llamamos repetición.

 

En el último dualismo pulsional freudiano es la pulsión de muerte, la que pasa a ser lo propiamente pulsional quedando del lado de la des–ligazón, mientras que Eros ligada a la sexualidad pasa a ser ligazón cuando ambas actúan juntas, dependerá de su especial mezcla que estemos del lado de Eros o Tánatos.  Sin embargo, acuerdo con André Green, cuando remarca que “el Eros es compatible con la ligazón y la desligazón imbricadas o alternadas, pero que las pulsiones de destrucción son pura desligazón […] Así, decir el Mal sin por qué es afirmar que es desligazón, integral y por eso no–sentido total, fuerza pura” (A. Green, 1988). [El destacado es mío].

 

El nos dirá el Mal es sin por qué. Y piensa las imágenes y recuerdos de los que han sobrevivido a la Shoah. Podemos hablar de la “historia” como antes y después de la Shoah. En nuestro país podemos hablar de nuestra “historia reciente” como antes y después de las dictaduras. Esta dictadura que fue llamada “Proceso de reorganización nacional” (por los dictadores) tenía un objetivo muy claro: establecer un proceso de “reorganización mental” en el aparato psíquico de todos los argentinos (no pensar diferente o no permitir el pensamiento).

 

Quisiera agregar algo del rico pensamiento de Hannah Arendt, filósofa, politóloga, cuando postula que el daño más terrible provocado por los totalitarismos es el “borramiento del ser humano”. (Situación que pasó en los campos de concentración y también en Argentina en los centros de detención (desaparición) de personas).  El mismo sistema fue utilizado en la Argentina al hablar de “desaparecidos” y estas personas que habían sido asesinadas fueron enterradas en fosas comunes como N.N., o tiradas en estado de inconciencia al Río de la Plata.

 

“Los campos de concentración, dice Hannah Arendt, son un ‘infierno encarnado’. Aquí la muerte ha caído sobre el futuro. Se borran las huellas de los deportados, como si nunca hubieran existido”. (J. Kristeva, 1999). Arendt nos dirá: “la metamorfosis de los hombres en ‘naturaleza’ equivale a transformarlos en ‘cadáveres vivientes’, puesto que la ‘naturaleza’ del hombre sólo es ‘humana’. En la medida en que “le abra la posibilidad de convertirse en algo no natural, a saber un ‘hombre’” (J. Kristeva, 1999). Esto implica la posibilidad de pensar y relatar la propia historia.

 

“El terror totalitario, por ‘miedo’ a que aparezca la posibilidad de ‘pensar’ ataca y destruye lo más humano que tenemos que es el ‘pensar’”, sinónimo para Arendt de nacimiento y renacimiento, como lo más paradigmático de lo humano. [el destacado es mío].

Arendt nos habla sobre el “mal radical” que llamará “la banalidad del mal”, se trata siempre de la destrucción del pensamiento, reducir a los hombres a la condición de “superfluos” […no pertenecer en absoluto al mundo…], destruir lo más humano de la “condición humana” y llevarlos a aniquilar sin ninguna culpa otra parte de los seres humanos.

 

Para ella cada nacimiento implica la posibilidad de comenzar algo nuevo y esto se identifica con la libertad. Me gustaría agregar, con la esperanza.  Si para el aparato psíquico los mecanismos de represión y renegación son constitutivos, también son utilizados cuando de situaciones traumáticas–dolorosas se trata. Sólo el “pensamiento” y la “memoria” podrá ayudarnos a tramitar estas situaciones. Freud (1927) dice: “… no puede soslayarse la medida en que la cultura se edifica sobre la renuncia de lo pulsional… […] …ya sabemos que esta es la causa de la hostilidad contra la que se ven precisadas a luchar todas las culturas. Freud (1930) “… gran parte de la culpa por nuestra miseria la tiene lo que se llama nuestra cultura…”

 

¿Será entonces que la cultura es la enemiga del hombre, o viceversa, el hombre enemigo de la cultura?  Esclarezcamos estos opuestos.

 

Pienso que lo que se opone a la cultura es todo aquello que hace que un hombre se vuelva un animal. Sin embargo al animal la agresividad–destructividad le sirve para sobrevivir (especialmente comer). En cambio en el hombre la agresividad–destructividad (el Mal) va más allá de sus necesidades, es inespecífica, contingente, responde a deseos narcisistas, de intolerancia a las diferencias. “El hombre es el lobo del hombre”. Freud. (1930 [1929]) [tomado de Plauto, Asinaria, II, 88].

 

Es a través del mito de la horda primitiva tal como Freud lo plantea en “Tótem y tabú” que explica el nacimiento de la Cultura. Esta marca de nacimiento se basa en el crimen y la devoración. Al máximo crimen corresponde la otra cara, el máximo de eticidad; como ley: No matarás.  A partir de aquí surgen los lazos fraternos y su contrapartida Caín y Abel que siguen perdurando en cada uno de nosotros. Estamos irremediablemente obligados a vivir con otros y en otros, y esto mismo es el origen de nuestra agresividad y oposición al proceso cultural. Freud enunció, cuando habló del complejo del semejante cómo el otro puede ser modelo, rival, socio o adversario. En 1915, hablando de las pulsiones y sus destinos nos advierte: “Lo bueno es lo propio y lo incorporo, lo ajeno es lo malo y lo expulso.”

 

En todo régimen totalitario se trata de borrar las diferencias; ya sea el nazismo con sus maquinarias de destrucción masivas, o las dictaduras argentinas transformando a los seres que mataban, en muertos objetalizados, sin nombre, llamados “desaparecidos” o enterrados como N.N.

 

Reconocer al “otro” en su subjetividad–alteridad es un trabajo psíquico por el que todos deberíamos pasar. Sin embargo hay que admitir que no todos lo logran. Y además cada uno de nosotros puede alguna vez estar del otro lado.

 

Cuando se inició en la Argentina el juicio a los nueve comandantes de las juntas de lo que se llamó “Proceso de Reorganización” mas allá de la importancia histórica de este juicio, me impactó una de sus presentaciones que decía: “Cuando dentro de algunos años sus hijos pregunten: ¿Qué pasó? Seguramente además de lo vivencial tendremos escritos para responderles…” “Porque la historia es el prólogo del mundo que heredan nuestros hijos…” (27 de Mayo de 1985, N°1 del Diario del Juicio).

 

Muchos otros juicios hubo en el mundo para que los pueblos recordaran. Uno de los más impactantes, comenzó el 20 de Noviembre de 1946. Este juicio fue el que permitió la calificación de “crímenes de guerra”, para la violación de leyes o costumbres de guerra, incluyendo en esa violación el asesinato, maltrato, deportación de prisioneros, pillaje o destrucción de propiedades públicas o privadas.

 

Muchas veces los defensores esgrimieron el “atenuante” de la “obediencia debida”, diciendo que obedecían órdenes. La mitad de los acusados fue condenados a muerte o a muchos años de prisión.  Para la Argentina de 1985 fue esencial el juicio en esa época, para comenzar a afianzar el estado de “justicia”. Pero si bien se juzgó y declaró la culpabilidad de esas personas, también en esa época se dictaron las leyes de “obediencia debida” y “punto final” por las cuales los represores quedaron libres.

 

En principio en 1985 eran pocos los niños apropiados por los represores que se habían podido encontrar. El robo de bebés como delito, no prescribe con el tiempo. “En Buenos Aires… se solicitó copia de los documentos que el ejército produjo en 1977…”

En uno de ellos se ordena en caso de secuestros de personas, la inmediata separación de los niños de los padres. Las abuelas querellantes en la causa intentan conocer el desenlace de 6 de los 230 casos de embarazadas y menores secuestrados con sus padres que registró la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad.

 

Hoy, diciembre de 2003 e inicio del 2004 es otro momento histórico, han sido derogadas las leyes de “Obediencia debida” y “Punto final”. Las abuelas ya han encontrado a 76 de sus nietos, y el actual presidente de la Argentina habló ya muchas veces acerca de romper con la impunidad, anunció la creación del “Archivo Nacional de la Memoria”, cuya función será “preservar informaciones, testimonios, y documentos necesarios”, para la reconstrucción del terrorismo de estado en los años 70. Y poder saber acerca de la violación de los derechos humanos en esa década. También el Estado transformará el lugar llamado Escuela de Mecánica de la Armada para cuidarlo y convertirlo en “Museo de la Memoria”. (La ESMA es uno de los lugares paradigmáticos donde se torturaba y desaparecían personas).

 

El momento actual nos conmueve a todos muy especialmente por todo esto que acabo de relatar.

 

2) Viñetas clínicas – Algunas notas.

 

Daré cuenta con este material clínico del impacto que puede producir el trabajo psicoanalítico cuando las situaciones traumáticas son de tal magnitud, que parecen no procesables, tanto para el analizando como para el analista. Se trata de situaciones donde todos estamos inmersos en la misma dura realidad social, y donde sabemos que muchas veces el mundo del analista-analizando se entremezclan, corriendo el riesgo de perder la asimetría necesaria para que se de el proceso analítico. En otras situaciones la pérdida de la asimetría favorece el proceso. Posibilidad de identificación con el otro, “en el sentido de ‘padecer-con’ a mi entender muchas veces imprescindible”. (Marucco et al. 1996).

 

Es posible pensar que lo analizable no reconocerá otros límites que los del analista, hablo aquí de un analista comprometido con todo su ser y su saber, su singularidad real y su propio autoanálisis. Ana viene a la consulta y todo su relato me con–mueve había pasado por varios análisis interrumpidos según ella con odio y desprecio. Me pregunté si tenía derecho a plantearme la “cura” con tanto entusiasmo como pasión en el sentido de “pa–decer con”. También habla Green de las condiciones de analizabilidad de cada uno en términos de la relación con el analista. En Ana la compulsión demoníaca a repetir (Freud, 1920) se expresaba con todas sus fuerzas, mi registro contratransferencial cobró una importancia fundamental y me permitió pensar que la repetición vía transferencia era modificable. Ana relata que está en estado de catástrofe, muy deprimida “(…) tengo reticencias a empezar, no quiero un tratamiento para solucionar un problema concreto y nada más. Ahora hay como un agujero, quiero empezar a ver de qué se trata (…) tengo problemas desde mi nacimiento” y dice: “Dos acontecimientos marcaron mi vida: yo soy una ‘desaparecida’”. Se refiere a la dictadura militar llamada Proceso de Reorganización Nacional.

 

Mi pensamiento en ese momento fue que no era una “desaparecida” sino una “sobreviviente”. Sobrevivir (del latín: super-vivire) vivir uno después de la muerte de otro. Términos que en el curso del análisis adquirirán diferentes significaciones.

“Yo tengo amnesia, dijo Ana, de ciertas cosas que me pasaron. Después de cuatro meses de desaparecida en la ESMA [2], me blanquearon y me llevaron a Devoto” [3].

“Mis padres me vienen a buscar, yo tenía 17 años y me dicen: —Vos estuviste en Miami. Me mandaron a Israel. No puedo precisar lo que pasó, estuve afuera desde 1979 a 1982, y cuando vuelvo según los psiquiatras tengo un “brote” (…) llorando permanentemente, agregó: “Soy muy agresiva, entro en estados donde para mí desaparecida es igual a muerta, ya nada dependía de mí… Tengo en este momento una agresividad desenfrenada, especialmente con mi hija de 8 años. Es por ella que estoy acá.”

Analista: La “nena” por la que vale la pena vivir.

“Pienso que en la ESMA me salvé haciéndome la nena, yo no quería sacarme el uniforme, así que lo lavaba y me lo volvía a poner. Ese dramatizar haciéndome la nena me salvó. Pero el día más terrible para mi fue cuando vinieron, me mostraron a mis tres compañeros de banco y me dijeron: Despedite porque mañana se van a ver a San Pedro.” (Ellos están desaparecidos).

Por un lado era su manera de sentirse subjetivada usando el uniforme de su colegio secundario; por el otro escindidamente tenía que escuchar el sadismo de sus captores, sabiendo que sus compañeros y ella misma podían “desaparecer” a los 17 años en cualquier momento.

Dice Ana: “Muchas veces voy por la calle y no sé dónde termina la locura y empieza la cordura… ¿Soy yo o los otros?”

 

Aparece aquí el sentimiento de lo siniestro, el terror fantasmático de ser representante viva de lo “hermanos, compañeros muertos”, situación traumática permanente que la convierte en una “muerta viva”.

Muchas veces fue destacado como caso por excelencia de lo siniestro, la duda de que un ser aparentemente animado, sea en efecto viviente y a la inversa, que un objeto sin vida esté en alguna forma animado. (Freud, 1919)

También la percepción del doble suscita originalmente un sentimiento de turbación emparentado con lo extraño inquietante. El objeto no es el objeto, sino que soy yo, y yo no soy yo, soy el objeto.

Estas citas nos permitirán entender esta expresión de Ana: soy yo o los otros, locura-cordura; como la contínua repetición de lo siniestro; es ahí donde advertimos la aparición de la compulsión demoníaca a repetir.

Dice Ana: “Muchas veces voy por la calle y no sé dónde termina la locura y empieza la cordura… ¿Soy yo o los otros? (Durante su análisis es una frase que repite constantemente).

Cuando volví en 1982 (llorando permanentemente), agrega, según lo psiquiatras tengo un “brote”, y pensaba si te internan en una clínica, tendrás que demostrar por mucho tiempo que no estás loca. Muchas veces me siento inerte, sin vida, otras orgullosa de mí misma. En la adversidad, logré cosas (…) Tengo en este momento una agresividad desenfrenada, especialmente con mi hija de 8 años. Es por ella que estoy aquí, cuando la fajo (castigo) me siento destruida (…) Yo tengo constipaciones feroces (megacolon) (…) Muchas veces me tienen que internar por ese motivo (…) Siempre funcioné por los excesos: Cuando estoy mal no quiero que nadie me vea, me emborracho y tomo cocaína, no tengo sexo, sólo alcohol y drogas”.

 

“Podemos entender ciertas patologías graves en relación a la problemática del ideal arrojando cierta claridad sobre la ‘estructura idealizadora’. Se conforma una estructura psíquica, que tiene que ver con la relación del Yo con un Yo ideal constituido por identificaciones primarias pasivas, previas a toda carga de objeto que corresponden con ‘el deseo del otro’”. (Marucco, 1979). Eso en el momento fundante de la estructuración psíquica: Se conforma como un modo particular de relación entre el Yo y ese ideal en el que el sujeto se refugiará cada vez que la realidad le imponga una privación (la pérdida del amor del otro, las limitaciones de la realidad misma).

 

La conformación de lo que el Dr. Marucco llama la estructura idealizadora, es lo que se dispara en Ana cada vez que aparece un desaire o un descenso en su autoestima.

Como señalé, la tensión entre el Yo y el Yo ideal, configura la estructura idealizadora como constitutiva del psiquismo, vemos que en Ana cada vez que ocurre un descenso en su autoestima, se hace presente esa estructura idealizadora que la lleva a recurrir a la droga porque ésta le permite negar la realidad dolorosa y realimentar el amor a sí misma, a través de la idealización de la droga.

 

Volviendo a nuestra historia, en una sesión relata: “Muchas veces, con mi hija, me paso de la raya (raya es un término usado por Ana para tomar cocaína) …Le digo: “No te quiero, te voy a regalar”

Analista: ¿Así te sentiste tratada?

(En esta “interpretación” – “interrogación” invoco teóricamente el hecho del aparato psíquico haciendo activamente, lo sufrido pasivamente).

“Nunca me quisieron, mi papá no me quiere, no me quiso nunca (…) Siempre dijeron que no esperaban otro hijo, y mucho menos, mujer. A mí ni me esperaban, sí a Juan Gabriel (…) No tengo recuerdo de los afectos y cuando estoy mal nadie me quiere ¿Qué es querer y no querer?”

Analista:¿Será acá conmigo donde esperás que aparezca el querer?

“Querer… No quiero querer, tengo miedo a quedarme pegada”

Analista:¿Cómo te pasó con tus hermanos… compañeros de banco?

(Ana llora desconsoladamente)

“Antes del jueves me encontraba tan bien que hasta pensé… en enamorarme. Me iba a venir a buscar un tipo que me había invitado a cenar. Y cuando aparece a buscarme… yo estaba totalmente drogada. (…)

Te digo algo, aunque me da mucho pudor contarte esto, cuando volví a mi casa me hice una de las mejores pajas de mi vida, porque con la cocaína se siente el doble. Cuando no tomo, estoy aburrida. (Durante su encierro utilizaba la satisfacción autoerótica para poder sobrevivir).

Analista: Algunas cosas se sienten el doble, otras se dejan de sentir, o uno cree que se dejan de sentir.

La cocaína, que toma desde que salió del campo de detención, tuvo que ser para ella, signo de vida. Esta droga tuvo y aún tiene un efecto antidepresivo, euforizante, parece haber sido su manera de “sobrevivir”.

Hubo una Ana que en algún momento necesitó adosarse la cocaína, como una manera de no pensar más la realidad, de no pensar más en todos sus “muertos”.

Ana vivió experiencias traumáticas en la vida real, que resignificaron traumas anteriores y viceversa. La situación de Ana de ser “desaparecida-sobreviviente” la inscribe en un mundo social de falta de cuidados y falta de legalidad, donde todo su ser queda conmovido, mundo del cual yo, como psicoanalista y formando parte del contexto social, soy partícipe. Ahora bien, esta actualidad viene a conmover su desamparo infantil y su identidad ya que ella debió haber nacido varón. Podemos pensar “en el traumatismo acumulativo, las brechas en la barrera antiestímulos ejercida por la madre actúan en una forma silenciosa e imperceptible, a todo lo largo del proceso del desarrollo. No son observables ni ubicables como traumas en los momentos en los cuales se producen, y no adquieren el valor de traumatismos sino por acumulación y en forma retrospectiva”. (Massud Khan, 1977).

A continuación daré cuenta de lo que vengo desarrollando con otro material de Ana. Es un momento especial porque la llamaron de su colegio secundario para entrevistarla y preguntarle acerca de lo que había ocurrido. Ella fue la última persona que vio vivos a sus tres compañeros de colegio.

Los actuales alumnos del secundario hacen entrevistas y editan una revista que da testimonio de esa época y esas personas. En el editorial dicen: “En el hall central del colegio hay una placa con siete nombres inscriptos. Nuestra primera intención es que, a través de estas páginas, estos nombres salten del mármol congelado a la cálida memoria”. (1995)

Ana Ilegó, me dio la revista y me dijo: “Sos la única a la que se la doy; a los demás, no vale la pena”. Y llorando agregó: “Lo único que te puedo decir es que hoy los sigo extrañando (…) Cuando nació mi hija yo cerré los ojos y dije: Acá me gustaría que estuviera mi abuela, Rubén, Oscar y Federico, ellos fueron mis amigos de la secundaria. Con el resto, mucha historia no tuve. Con ellos había algo muy fuerte que nos unía”.

Analista:¿Y por qué tu abuela? De ella nunca me hablaste. (relaciono a su abuela con los desaparecidos, lo más oscuro del material es motivo de interrogación).

“Mi abuela Rebeca vino de Polonia, escapándose de los fascistas antes de Hitler… Ella era la madre de mi madre y mi mamá cada vez se parece más a ella… Vino y se encontró acá con su marido… Los hermanos se quedaron y los mataron a todos”

Analista:¿Rebeca…? ¡Qué nombre!

“Sí, una mujer inolvidable”

Analista: ¿No te parece que a lo mejor lo inolvidable son los muertos? También Rebeca, que parece estar en vos y en vos habita.

“Después estaba mi abuela, la madre de mi padre. Se llamaba Ida, semejante a como a mí me llaman…”

Le pregunté si decía lo de Ida por “irse”.

“Y, dice, también locura (estar ida). Ida se escapó de Polonia. Con su hermana pasó a Berlín, de ahí a París, y ahí solas, locas, sin dinero, intentaron suicidarse. Después alguien las salvó y se fueron a Brasil. Mi papá nació allí… Las hermanas de mi abuela Ida no se hablan, como si estuvieran muertas”.

Analista: Los que no se hablan parecen muertos, otros están muertos: Los hermanos del colegio a quiénes mataron y los hermanos de la abuela a quiénes también mataron y en vos parecen vivir Rebeca, la “inolvidable”, e Ida, la “loca”. Ellos parecen vivir en vos a costa de vos sentirte un poco “muerta”.

“A mí, mis padres me dieron por muerta… los perdí desde siempre… cuando dijeron: “Estuviste en Miami” después de mi detención…”

Le remarqué que había dicho “desde siempre” y le pregunté si ese “desde siempre” no le parecía que lo decía como si se sintiera no nacida, por no deseada y esperada como Juan Gabriel. Esta “realidad fundante” se resignifica en la situación traumática “actual” (los militares-los padres) generando un malestar insoportable.

Analista: Parecería que todos los muertos o no nacidos “viven” en vos, para que vos misma no termines de nacer.

Considero que los otros nos habitan. ¿Cabe alguna duda?

Tal como plantean W. Baranger, M. Baranger y J. Mom, no existe un trauma puro en el sentido económico, sino que hechos de la historia del sujeto y/o de las generaciones que le precedieron, se transforman en inasimilables, y sólo adquirirán sentido en un proceso analítico. Los traumas actuales reactivan situaciones traumáticas infantiles y viceversa. Algo se puede nombrar y adquirirá un sentido a través de la repetición transferencial, y otras a partir de las construcciones.

Acuerdo con César y Sara Botella cuando dicen en “Más allá de la representación” que, “…más allá de la construcción-reconstrucción, se abre la importancia de lo ‘cuasi alucinatorio’ de la regresión formal del pensamiento en sesión, tanto por parte del analista como del analizando, regresión de la que puede surgir una figurabilidad portadora del mismo indicio de verdad que un recuerdo recuperado…”.

Pensaba que una nueva posibilidad se abriría para Ana si las “identificaciones” que la constituyeron cobrasen vida vía transferencia y si se hacía posible el trabajo de “desindentificación” de lo transgeneracional que la había constituido.

Por otra parte, el trabajo de duelo se hace muy difícil, sino imposible, la culpa por haber sobrevivido se vuelve insoportable, y sólo se desea “no ser”. Para llegar a la convicción de que el objeto está muerto, el aparato psíquico debe ejecutar una muerte, cosa que en algún lugar de su aparato psíquico no puede ni quiere hacer. Sólo podrán significarse los hechos. ¿Duelo posible o imposible? Este tema merecería de por sí todo un capítulo que por razones de espacio no voy a poder desarrollar. (Recordemos a Primo Levi y tantos otros que tuvieron la desgracia de pasar por los campos de exterminio).

Ana muchas veces prefirió desinvestir el mundo y los objetos que la rodeaban, (incluso su analista) antes de volver a vivir situaciones de duelo in–elaborables o de violación insoportables.

 

3) Reflexiones clínicas y técnicas acerca del papel de la transferencia-contratransferencia

Planteo la emergencia de la transferencia-contratransferencia como decisiva en todo proceso analítico. Funcionan en absoluta interrelación y configuran un campo, específico y diferente en cada sesión. Dentro de este campo terapéutico, el uso del autoanálisis permitirá discriminar aquello de la contratransferencia que está en relación con el analizando, de aquello referido a la persona del analista. (Marucco et al., 1995).

El pacto inicial: asociación libre – atención flotante (alta frecuencia de sesiones, uso de diván. Duración de las sesiones: 50 minutos) era un estado que muchas veces resultaba difícil de sostener con Ana. Tal era el impacto de sus relatos que tuve que recurrir al autoanálisis y preguntarme qué me estaba pasando.

 

Los fines de semana eran momentos muy difíciles. Podemos hablar de un deseo de que falte el deseo, estado de “nirvana” expresión pura de pulsión de muerte, no desear para no sufrir. A. Green (1972) nos habla de “la desinvestidura radical […] que afecta el tiempo[…] crea tiempos muertos sin simbolización alguna”.

 

Su análisis, algunas veces transcurría en medio de una transferencia positiva, apuntalada por pulsiones de meta inhibidas, donde aparecía una relación de cariño y hasta –diría- de cierta capacidad de ternura. Otras veces aparecía la transferencia idealizada, pero esto creaba una extrema dependencia de mi, y por lo tanto me volvía un objeto persecutorio o denigrado. Desde Ana siempre existía el peligro de quedar a merced del objeto; y desde mí, no poder tolerar el montante de odio, agresión y desprecio. Muchas veces tuve que preguntarme, si debía tolerar el odio que ella era capaz de despertarme, sin hacer nada al respecto, esperando el momento adecuado para que Ana pudiera comprender lo que era capaz de despertar con sus palabras, que eran, a menudo, la otra cara elemental de amar.

 

Otras veces tuve que revisar mis propias transferencias, reconocer mis propios límites para no caer en las trampas de mi propio narcisismo.

Mi autoanálisis y una constante interrogación de lo que Ana provocaba en mi, fueron muy útiles. No puedo dejar de plantear que a menudo temí por su vida, tuve que realizar cambios en el encuadre, como ella misma dijo: “Si falto más de una vez, seguro que Lucía me llama”, pero esas llamadas u otros cambios como la proposición de que se sentara no me hicieron salir de mi convicción de que se estaba analizando.

Entiendo las modificaciones del encuadre en función de una propuesta teórica de Andrée Green, un encuadre en condiciones de flexibilidad que permita que la fuerza de la pulsión se transforme en representación (Conferencia de A. Green, Bs. As. 1997). Esa definición dada en Buenos Aires en 1997, remite a una concepción de encuadre que Green desarrolla en un artículo del IJPA, (1975) y que también expone en su artículo “El analista, la simbolización y la ausencia en el encuadre analítico” donde plantea una concepción más amplia (que la concepción clásica de contratransferencia) y propone la elaboración imaginativa del analista permitiendo una mayor simbolización.

No puedo dejar de señalar el impacto que provocó en ambas la reconstrucción de sus identificaciones inconcientes, que también movilizaron las mías.

¿Puntos ciegos de mi propio análisis que Ana ayudó -sin saberlo- a reconstruir en mí?

 

4) Conclusiones a modo de epílogo

 

Es importante remarcar que los que lograron salir con vida de este tipo de situaciones llevan sobre sí la culpa por haberse “salvado”, conocen la desconfianza y acusaciones de los familiares que no tuvieron la suerte de recuperar con vida a sus familiares desaparecidos.

A Ana muchas veces las madres de sus compañeros le han preguntado: ¿Y por qué vos sí y ellos no? Ana también se lo pregunta, será que no hay una única respuesta, y que nuestra función como analistas nos ubica en el difícil lugar de encontrar la ”palabra que falta”, pero que nunca será completa.

Ana consultó como “desaparecida”, pasó a ser “sobreviviente”, y en la actualidad regresa.

Dice: “A lo mejor ahora que va a existir un ‘Monumento a la Memoria’ puedo ‘vivir’”

¿Qué ha determinado este regreso? Poder hablar de lo que piensa y nunca va a terminar de procesar, nunca va a terminar de “ser hablado”, pero en el imaginario social ya no todo es posible si se puede pasar del “horror traumatizante” al “Museo de la Memoria”[4] que quedará para ejemplo de las generaciones venideras.

Quisiera ahora señalar la singularidad de cada analizando y mostrar en otra pequeña viñeta clínica; cómo a veces la culpa, por haber sobrevivido, no deja “vivir”.

Juana consultó hace 23 años a partir de la “desaparición forzada” de tres de sus familiares más cercanos. Tuvo un psicoanálisis de varios años y pasó 23 años tratando de encontrar los cuerpos de estos familiares tan queridos.

Fue una búsqueda ardua y dolorosa, que culminó con el encuentro de dos de los cuerpos de sus seres queridos por los antropólogos forenses.

Tengo un llamado telefónico donde me dice que en Noviembre de 2003 tuvo un intento de suicidio y quiere en este momento hablar conmigo.

Cuando llegó a la consulta relata que no puede soportar vivir, que no le encuentra sentido a la vida, (habiendo hecho su propia familia), que no tiene trabajo, y que la “compensación” económica que le dio el Estado por la desaparición de su familia la “perdió” toda. Puedo pensar en un sentimiento de culpa conciente e inconciente insoportable que no la deja “vivir”. Se siente culpable de no haber podido salvar a sus familiares secuestrados, y una vez que encontró los cuerpos, su vida no tiene sentido. Comienza entrevistas donde empieza a darse cuenta que no es la única que tiene familiares desaparecidos, con nadie podía hablar del tema y encuentra la agrupación HERMANOS. Hasta ese momento no sabía de su existencia.

Después de tres meses decide ir a vivir a Israel, ya que es de origen judío.

Pregunto: ¿A buscar qué? ¿Sus orígenes? ¿La vida o la muerte? Por ahora no tengo respuestas.

¿Qué determina un proceso como el de Ana? ¿Y qué, el de Juana?

Me hago eco de las palabras de Castoriadis (1991) “Superar la repetición es permitir al sujeto que salga del marco que su organización advenida le fijaba de una vez para siempre, y abrirlo a una verdadera historia de la que puede ser el coautor”

Quiero agradecer a Ana y Juana que también a mí me permitieron poner alguna “palabra” en el lugar de lo horroroso, y pensar que todo lo que quede como testimonio contribuye a que lo innombrable quede morigerado. Los sobrevivientes de la Shoah tardaron casi 50 años en poder hablar ya que ni ellos terminaban de creer en semejante horror. En la Argentina podemos decir que fue más rápido. Pero no olvidemos que muchas veces la sociedad tiende a silenciar las situaciones horrorosas. Si puede haber “Memoria” y “Recuerdo” de los 30.000 desaparecidos (no sólo como un número) puedo decir: “20 años no es poco”. Revisar y repensar la “historia reciente” nos compete a todos los seres humanos.

 

Freud nos habla en el “Malestar en la Cultura” (1930) de “…la cuestión decisiva para el destino de la especie humana: si su desarrollo cultural logrará, y en caso afirmativo en qué medida, dominar la perturbación de la convivencia que proviene de la humana pulsión de agresión y de autoaniquilamiento. Nuestra época merece quizás un particular interés justamente en relación con esto.

Hoy los seres humanos han llevado tan adelante su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza que con su auxilio les resultará fácil exterminarse unos a otros, hasta el último hombre. Ellos lo saben; de ahí buena parte de la inquietud contemporánea, de su infelicidad, de su talante angustiado.

Y ahora cabe esperar que el otro de los dos ‘poderes celestiales’, el Eros eterno, haga un esfuerzo para afianzarse en la lucha contra su enemigo igualmente inmortal. ¿Pero quién puede prever el desenlace?” (el destacado es mío).

¿Será posible que la “palabra” por ser pacificadora e introductora del orden simbólico evite la aparición del puro goce y pueda más que la violencia?

 

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[1] Este artículo lo terminé de escribir antes del 11 de marzo de 2004 (Atentados en Madrid).

[2] Centro clandestino de detención

[3] Se refiere a al cárcel reconocida oficialmente como Devoto

[4] Museo que será hecho en donde fue la Escuela de Mecánica de la Armada.

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