EL TOTALITARISMO DEL SIGLO XXI.1  INDALECIO FERNANDEZ TORRES.

EL TOTALITARISMO DEL SIGLO XXI.1 INDALECIO FERNANDEZ TORRES.

Dr. Indalecio Fernández Torres.2
Considero el totalitarismo como una categoría política nueva, diferente en su
esencia de todas las categorías empleadas desde la Grecia clásica, como las
nociones de dictadura o tiranía. Además, contrariamente a como Hannah
Arendt (1981), que limitan el término al Tercer Reich y a la URSS entre 1936 y
1953 o a Aron Raymond (2017), quién desgrana los regímenes políticos de las
sociedades contemporáneas, tomando como punto de partida la antítesis entre
dos tipos puros o ideales de dichos regímenes: los democráticos o
constitucional pluralistas y los totalitarios o de partido único.
Pero con la entrada del Siglo XXI surgen en Latinoamérica unas nuevas formas
de tiranías sustentadas en el llamado Socialismo del Siglo XXI. Que al no caer
en esa dualidad, no es ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario.
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1 Trabajo presentado para la Revista T(R)OPICOS sobre: “El Totalitarismo en el Socialismo del
Siglo XXI”. Caracas, Venezuela. Marzo 2018.
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2 Miembro Titular de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas, IPA, y FEPAL. Miembro Invitado
de la Sociedad Psicoanalítica de Madrid.

Desde el Psicoanálisis expongo mi visión de este fenómeno político que tiene
repercusiones sociales y culturales, haciendo énfasis en el fenómeno que en
Venezuela se inició con Hugo Chávez, quién toma estas ideas del politólogo
alemán Heinz Dieterich (2017). Este en 1990 hizo su planteamiento del
“Socialismo del Siglo XXI”. Dieterich fue asesor de Chávez entre 1999 y 2012.
El término adquirió difusión mundial desde que fue mencionado en un discurso
por el expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, el 30 de enero de 2005,
desde el V Foro Social Mundial. Los países que defienden estas ideas son
Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. (ALBA). Lo que dio pie al Totalitarismo
del Siglo XXI que en síntesis no es más que la eternización en el poder de una
figura, que en la práctica no es más que un “régimen autoritario, autocrático y
militarista”.
Las bases ideológicas que en un principio tenían «tres raíces» para este
movimiento en las figuras de, Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón
Rodríguez, se diluyeron en el pensamiento castrista y en el llamado
“Socialismo del Siglo XXI”.
Jamás Chávez pudo comprender que, la democracia es el régimen político
donde el poder es un lugar vacío, inacabado, siempre construyéndose donde
se alternan las opiniones y los intereses divergentes, además de que los
liderazgos no son eternos, como planteaba Lefort (2004a). De ser así Chávez
jamás fue un demócrata, sino al quien elegido en democracia.
La democracia vive de la contradicción entre un poder que emana del pueblo y
que, al mismo tiempo, no es de nadie, ninguno puede apropiárselo.
El Poder es algo transitorio, aquí podemos mencionar a Freud en su
planteamiento sobre “La Transitoriedad” (1916), Freud escribe en este ensayo
que de este sentimiento pueden derivarse dos estados anímicos: la misantropía
o la rebelión. Es decir, o la postura pesimista o revelarse contra lo inadmisible
de la desaparición de las cosas. Freud no cree que algo por ser transitorio,
pierda su belleza, su valor, su simbolismo. Es más, afirma lo contrario: que lo
transitorio tiene su valor cuanto menos tiempo perdura. Lo que Freud aquí
intenta decir es que si en algún momento desaparecieran las situaciones de
convivencia, el valor de todo aquello que fue, solo estaría determinado por la
significación que tendría eso para cada uno. Y eso no depende para nada del
tiempo eterno de duración. Cosa que no pudo admitir Chávez.
En la revista Aportes, la socióloga venezolana Nelly Arenas califica a Chávez
como un populista que impone el militarismo frente a la institucionalidad
democrática.
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Con la instauración del Socialismo del Siglo XXI Chávez ve a la Oposición,
como
el enemigo externo: En la que todo el que no está conmigo es un agente
externo o del «imperialismo», un «escuálido» en Venezuela, un «gusano» en
Cuba. Crea la figura del objeto perseguidor.
La Doctrina militar de Chávez: es la «guerra de todo el pueblo», contra el que
no está con la revolución, apela aquí a la especularidad, lo que cae dentro del
mundo imaginario.
Los Programas masivos sociales, la alfabetización nos lleva a una educación
superior. Recordamos al Maestro Prieto Figueroa, que decía: “de que vale
alfabetizar si después, no hay que hacer con ello”, en otras palabras si no se
hace cadena asociativa con lo aprendido no hay acceso al logro.
La Salud Pública, en Venezuela sigue el modelo cubano que combina la
acción gubernamental con la asistencia masiva y con la preparación asistencial
mínima. Aquí el menos no es más.
“El Gobierno popular” adquiere sentido y significación desde de la acción de
Gobierno, bajo la apelaciones a la justicia social de carácter asistencialista y
redistributivo; que desde una visión de transformación estructural, en la cual el
tránsito post-capitalista exige la adjetivación de “Gobierno Revolucionario”,
donde el bloque social de los explotados, los oprimidos y excluidos asumen
funciones de Gobierno. Pasan a ejercer directamente funciones de “clase
política dirigente”, para el ejercicio no solo de la “eficacia política” sino de la
“calidad revolucionaria”. Chávez planteaba con esto la necesidad de un
“liderazgo colectivo”. Supedita lo intra-subjetivo y lo inter-subjetivo a lo
colectivo. No establece límites, diferencias, competencias e incapacidades.
Pero del dicho al hecho hay un trecho, no apareció, ni aparece el llamado
liderazgo colectivo, más sí un liderazgo personalista centrado en su persona
mientras vivió y delegado en un lacayo que nunca alcanzó los pretendidos
logros del Socialismo del Siglo XXI.
Chávez nunca se planteó el escenario de su desaparición física, pero al
presentarse la cruda realidad eligió a Maduro como sucesor inmediato,
condicionando que el liderazgo delegado se ejerciera junto al pueblo siempre y
subordinado a los intereses del pueblo. Esta última condición Lincoln la definió
como democracia que para él es: “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para
el pueblo”.
Lo paradójico es que Maduro aparecía en el año 2013 como defensor del
“Liderazgo colectivo”, lo cual lo distanciaba de cualquier referencia a su figura
como “jefe político personal” del Chavismo. Aunque el mismo manifestó que un
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pajarito revoloteaba sobre su cabeza. Lo que plantea la duda, de que él no sea
su doble especular.
La desmentida de tal hecho, lo que hace es re-alimentar o reforzar la
producción histórica y social del fenómeno Chavista como lógica de
identificación, como coalición política y como construcción de una forma de
legitimación. La desmentida no se sostiene y hay una vuelta a renegar todo el
mal acontecido con el Socialismo del Siglo XXI, lo que se traduce en una
relación psicopática con el entorno social.
La palabra desmentida en un segundo tiempo pasa designar un nuevo rechazo
de la percepción de un hecho que se impone en el mundo exterior; es decir,
que se trata de una renegación de la realidad, de lo que es el Socialismo del
Siglo XXI.
¿Qué es lo que con tanta fuerza e insistencia se desmiente?
Que efectivamente exista un contraste de políticas, estrategias y tácticas entre
Chávez y Maduro o que el Socialismo del Siglo XXI, no sea lo que se pretendía
pero eso sería objeto de censura o represión. De modo que toda postulación de
tal contraste en el propio interior del campo bolivariano, el que se perdió el
rumbo, sería calificado como una “traición a Chávez”.
Chávez designó a Maduro para que, como él lo hizo, ejerciera su jefatura y que
en consecuencia el chavismo, debe obrar para que ese liderazgo se consolide,
pues en ello se juega el futuro la revolución que pretendió encarnar Chávez.
Maduro no puede ser solamente el “hijo de Chávez” o el garante del legado.
Tiene que imprimirle su visión personal a la conducción de la Revolución. Por
una razón tan obvia como que Chávez y Maduro son dos hombres muy
diferentes y no solamente en lo que se refiere a la estatura política, como es
evidente. A diferencia de Chávez, Maduro es un civil y tiene un carácter
posiblemente urbano, por oposición a la ruralidad de Chávez. Tal vez por su
formación de sindicalista tiene una visión muy pragmática y horizontal de la
política, en cierta manera menos ideológica o doctrinaria que la visión vertical
de un militar como Chávez. Todo esto va en concordancia, de hecho, con que
Maduro no es el padre ideológico de una corriente de pensamiento, como sí lo
es Chávez, sino que se trata del jefe político de esa corriente y está en la
obligación de adaptarla a las circunstancias. “El somos un liderazgo colectivo”,
es crecer a la sombra de alguien que no está, el objeto perdido que sí bien deja
un vacío representativo, su “figurabilidad”, (Botella, C. 2004) se referirá siempre
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a una representación adecuada, que es la doctrina chavista. Dejando
encriptada una memoria, que no sea sin recuerdo, de la memoria de Chávez.
Lefort, C. (2004a), plantea a la democracia como el régimen político donde el
poder es un lugar vacío, inacabado, siempre construyéndose donde se alternan
las opiniones y los intereses divergentes, donde los liderazgos no son eternos.
Esta visión de la democracia está en las antípodas del pensamiento chavista.
Donde él, Chávez aparece como “el padre totémico”, ungido por todos los
derechos. (Freud, S. 1913-1914), “Tótem y Tabú”.
La democracia vive de la contradicción entre un poder que emana del pueblo y
que, al mismo tiempo, no es de nadie, ninguno puede apropiárselo; el poder
sigue siendo la instancia en virtud de la cual la sociedad puede ser concebida
en su unidad y se relaciona consigo misma en el espacio y en el tiempo. Ese
poder democrático atañe a todos y no sólo a un grupo en particular. De ser así
Chávez en apariencia es un demócrata al plantearse un liderazgo colectivo,
pero la lógica democrática plantea que los derechos humanos constituyen la
experiencia moderna de la ley.
Los derechos humanos, “animan a las instituciones,” instituyen el principio que
organiza simbólicamente el espacio público. Los derechos humanos plantea
la idea del “derecho a tener derechos” como referencia central para interpretar
su significado simbólico.
“Las Declaraciones de los derechos humanos, anuncian libertades de relación,
instituyen una escena común –un espacio público– sustraída del poder del
Estado (Lefort 2007a, 413 y Lefort 2004b, 195)”. Y “allí donde el derecho está
en cuestión, la sociedad, esto es, el orden establecido, también lo está” (Lefort
2004b, 203). Vivo reflejo del Chavismo, del Socialismo del Siglo XXI. El
derecho está forcluído y sólo constituye un vacío representativo para unos y no
para los chavistas.
El fantasma del totalitarismo continúa interpelando a la sociedad venezolana
del presente, porque las representaciones simbólicas que le dieron sentido y
proyección histórica a ese régimen político continúan seduciendo el imaginario
de los venezolanos. En cualquier momento, el deseo de libertad que alimenta a
la democracia puede mutar en deseo de servidumbre totalitaria, lo que
significaría la caída en el abismo de la mansedumbre a la espera de que
alguien provea lo que falta o nos libere de ello.
La Sociedad Totalitaria, se articula en base a un poder ilimitado, hace emerger
a un otro (u otros) distinto/s y que, como tal, solamente puede ser externo a
esta sociedad sin divisiones internas. Es decir, un otro que no es nunca un
semejante, sino la figura del enemigo que ataca la unidad de la sociedad, que
con su mera existencia relativiza aquello que se pretende y que, por tanto,
debe ser eliminado o dominado, lo que se pretende a través del populismo.
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“El Populismo”, es el laberinto que lleva al desasosiego y al “desamparo”
(Freud, S. 1885). A pesar de ello se a efectuado una “Teología del Populismo”.
(Capriles, Colette. 2006).
El desamparo es un estado de impotencia que el ser humano enfrenta ante el
dolor y el sufrimiento, que según Freud, puede deberse a tres situaciones
diferentes:
A la decadencia del propio cuerpo que lleva a la muerte; frente al mundo
externo y sus fuerzas destructivas, y finalmente, en las relaciones con sus
semejantes. El estado de miseria y abandono de la atención de la salud que
azota a la población venezolana es una muestra de la decadencia del cuerpo
que lleva a la muerte. Las fuerzas destructivas están representadas por el
Socialismo del Siglo XXI y sus políticas para una vida mejor. Las relaciones con
los semejantes han devenido en una disolución de las clases sociales.
Que una reivindicación particular pase a convertirse en universal que encamina
la frustración, la privación o la castración de todos, eso ya es una operación
hegemónica donde se arropa la falta dentro de una situación colectiva, lo que
es bueno para unos es bueno para todos, porque lo decide la revolución.
El establecimiento de un universal a partir de la diversidad de reclamos
particulares, es un proceso de suma abstracción, por lo que cabe preguntarse
si la constitución del universal, como solución a demandas prometidas pero no
satisfechas se asumen por la creencia en un líder mesiánico encarnado por
Chávez que se basa en formas de identificación como las que estudiaba Freud
en “Psicología de las Masas” (1921).
De acuerdo con Freud, nos tornamos equivalentes en el momento en que nos
reconocemos en un mismo líder, en un mismo partido, en una misma iglesia y
añadiría, en una fantasía política compartida, la pertenencia al “pueblo”. La
gran masa que se pliega a un líder.
¿Es el populismo un modelo para la construcción de una sociedad más
inclusiva?
Marta Harnecker, en su libro “Un mundo a construir” (Nuevos Caminos), que le
valió Premio Libertador al Pensamiento Crítico el año 2014, nos dice que fue
Chávez quien acuñó el término, “Socialismo del Siglo XXI”, al menos ante el
gran público. Chávez se refirió a este concepto en el año 2004 planteaba la
necesidad de reexaminar la historia del socialismo y recuperar este concepto.
Chávez manifestó que había que transformar de raíz el sistema económico y
realizar una transición hacia el socialismo. Fue en el Foro Social Mundial en
Porto Alegre (2005) donde Chávez reafirmó la idea de superar el capitalismo y
transitar hacia un socialismo renovado, es decir, purgado de toda influencia del
modelo soviético.
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Un socialismo que debía obedecer a la realidad económica, política y social
particular de cada país. Cada país debe tener una transición particular de
acuerdo a su historia y tradiciones, lo que significa que los puntos de partida,
los actores y el tiempo que dure la transición serán diferentes. Los hermanos
de la horda primitiva freudiana tomarían cada uno el camino del acceso al
poder, en una aparente individualidad pero de alguna manera siguiendo las
bases del supuesto Socialismo del Siglo XXI.
En el escrito: “Del proyecto del “Socialismo del siglo XXI” al populismo
realmente existente”, nos dice Alfredo Ramos Jiménez que “en la búsqueda
del “socialismo del siglo XXI”, iniciativa del presidente Chávez, acogida con el
mayor interés por algunos gobiernos latinoamericanos en los años recientes,
encontramos elementos que definen un renovado populismo, presentado bajo
la forma de un proyecto unificador de las aspiraciones populares, asumiendo la
tarea de construir en nuestros países una alternativa socialista a las
democracias representativas en el presente siglo. Como oferta política
sobredimensionada de líderes plebiscitarios y movimientos sociales
identificados con la izquierda, está en el origen de una nueva mistificación
política que recicla las promesas incumplidas del tradicional populismo
latinoamericano”.
Queda claro que con este tipo de propuestas, vagas y generales, no se podía
fundar en modo alguno un proyecto político viable para el chavismo en el
poder. Por el contrario, el discurso y la propuesta del liderazgo y de sus pocos
intelectuales se han quedado a medio camino, entre la voluntad de avanzar y la
necesidad de realizar, de lo que resulta un neopopulismo que, para servir a la
causa del movimiento, se auto define revolucionario.
Teodoro Petkoff (2005): “Chávez es autoritario, militarista, con fuerte
propensión autocrática, la afirmación de su poder personal es el alfa y omega
del comportamiento de Hugo Chávez, quien ha hecho de la lealtad al jefe la
piedra de toque de su política (…)”.
“Los condenados de la tierra” publicado en 1961, es de lectura obligada para
toda persona, militante o no, que luche por la liberación de su pueblo. Explica
muy claramente qué es el colonialismo, qué buscan los Estados coloniales. Los
condenados de la tierra, proyecto que todavía mantiene una vigencia vital para
reflexionar sobre la articulación de las luchas de grupos subordinados que
persiguen desmantelar los sistemas de dominación y transformar política,
económica y culturalmente las sociedades en las que viven en una situación de
marginación. La sociedad venezolana tiene que superar la colonización mental
que se pretende imponer a través de la imposición del Socialismo del Siglo XXI.
Esta colonización mental lleva a una colonización emocional que no es más
que un abuso y un maltrato encubierto. Traigo aquí a colación las ideas de
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Hugo Bleichmar, (2016): quién manifiesta que, “la colonización emocional es
una forma muy específica de maltrato, de abuso. No es violencia física o
psicológica, en la que se insulta, se denigra o ridiculiza a la otra persona, sino
que en ella el colonizador se apodera de la mente de la persona colonizada, de
lo que piensa, de lo que siente, de modo que ésta termina sintiendo como
propio lo que el colonizador inoculó. Es un lavado de cerebro”.
Chávez dejó un legado de represión en contra de los políticos y los medios
privados que se opusieron a él. Concentró el poder en la rama ejecutiva, con lo
que las instituciones anteriormente independientes, como el poder judicial, las
autoridades electorales y el ejército, se volvieron leales al partido.
A través de decretos y un poder judicial inclinado a favor del presidente,
muchos opositores políticos y antiguos aliados quedaron excluidos de las
elecciones en contra del partido gobernante.
En una cumbre celebrada en 2007, sus repetidas interrupciones orillaron al rey
Juan Carlos de España a decirle: “¿Por qué no te callas?”. En ese momento se
puso en su sitio a nivel internacional a quién se creía portador de la palabra y
de la única verdad, pero con esta expresión fue colocado en la posición de la
castración.
En todo gobierno es muy difícil deslindar el afán de codicia, los gobernantes y
sus seguidores en busca de beneficios económicos, privilegios sobre todo el
poder sobre los gobernados, en su afán por tenerlo todo a través de eternizarse
en el poder. El paradigma del Socialismo del Siglo XXI es la eternización en el
poder. En la creencia de eliminar la frustración, la privación y la castración,
pero indefectiblemente la falta aparecerá por algún lado.
Sin embargo, cuando la ley soy yo, salen ciertas conductas que muchos
psicoanalistas definirían de pulsión de muerte o de destrucción. “La codicia es
un acto perverso y es lo que conlleva a la avaricia”. En su caso es atesorar el
poder, medrar en la riqueza, en nombre de la revolución.
Es indudable que uno de los grandes problemas del mundo actual es la
pobreza y es también claro, que la pobreza es el resultado de la ultra-riqueza
de algunos, que van acumulando dinero y bienes en cantidades muy superiores
a sus necesidades personales, lo que trae una falta de oportunidades igual
para todos, sumiendo a unos en la pobreza a otros en la miseria a costa del
beneficio de algunos.
Nos preguntamos que podría dar pie a esto, pensamos que es la codicia, que
podemos describir simplemente como una sed exagerada o voracidad de
riqueza o de poder. El poder codicioso socava el lugar del semejante,
llevándolo a situaciones de desamparo y de miseria.
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Heinz Dieterich, quién fue ideólogo de Chávez, supone que es necesario un
reforzamiento radical del poder estatal democráticamente controlado por la
sociedad para avanzar el desarrollo.
El Socialismo del Siglo XXI Venezolano, es una vana ilusión, una quimera. Las
bases democráticas que expone H. Dieterich donde están, tan sólo es una
“Transformación en lo contrario”, en el totalitarismo, (mecanismo de defensa
ya desplegado por Anna Freud).
Se utiliza la democracia para sentar las bases de su totalitarismo del siglo XXI,
la democracia es tan sólo un “como sí”, (Deutch, H. 1942). Para lograr sus
fines.
En 2007, Dieterich rompió con Chávez como resultado de su decisión de
buscar la reelección y abolir los límites de los periodos presidenciales. Dieterich
dijo que en Venezuela en realidad no había socialismo en el sentido histórico
del término.
La sociedad necesita saber de la historia sincera de las ideas, del debate
sistemático y profundo de las ideas, sobre todo de las ideas que sirven como
referencias para construir, como el pretendido Socialismo del Siglo XXI.
Con la muerte del padre y ser señalado como tú ocuparas mi lugar, Nicolás
Maduro ha tomado medidas que se alejan del modelo socialista del Siglo XXI,
que en efecto se basa en cálculos académicos divorciados de las realidades
socio-económicas y políticas.
Maduro ha rechazado la privatización estilo neoliberal, la desregulación y los
acuerdos con el Fondo Monetario Internacional como una salida a la crisis
económica actual. El gobierno venezolano ha alentado, la toma obrera de las
fábricas que dejan de producir. Ha creado organizaciones vecinales llamadas
“CLAP”, (organización de la miseria y la mansedumbre por hambre) que son
paralelas a las cadenas comerciales privadas y distribuyen productos básicos a
precios subsidiados. Pero la corrupción y el mal manejo de dichas políticas,
parten del sueño de Chávez de llevarnos a un mundo mejor, lo que han
ocasionado una estanflación, combinación letal de estancamiento con inflación
alta. Ni Chávez ni Maduro pensaron que esto desencadenaría un terrorismo de
estado. Envueltos en un “Narcisismo Maligno”, (Kernberg, O. 1987.) esta
variante del narcicismo postula la presencia de una conducta marcada por
tendencias antisociales, rasgos límites, comportamiento altamente sádico y
ausencia de conciencia, sentimiento de culpa y procesos autocríticos.
Con esta situación se acerca un desenlace catastrófico. Maduro y sus
correligionarios no entendieron que tenían que buscar la solución negociada.
Ante esta situación hemos pasado al límite y no veo cómo se pueda arreglar
esto pacíficamente. Se podría todavía, pero eso implicaría una salida del grupo
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en el poder. Y no hay ningún indicio de que estén dispuestos a reconsiderar la
situación, porque fuera del poder, las sanciones nacionales e internacionales
de este grupo revolucionario se harán efectivas, ya que existen condiciones
objetivas de punibilidad.
En esta Revolución quién es el Presidente es uno, pero quien manda es otro u
otros, lo que hace la búsqueda de una salida imposible, ya que en el poder hay
una disociación que hace casi imposible una colusión de ideas que lleven a
otro desenlace.
Si bien el gobierno está disociado, la oposición está fragmentada. Es un
conglomerado heterogéneo, unido por un solo interés de sustituir el gobierno
de Maduro y quedarse ellos. Pero han perdido la iniciativa estratégica, “en la
unión está la fuerza”. Pero para lograr esto tiene que despejar toda sombra de
codicia en torno al poder, porque si no se están” identificando con el agresor”.
Al día de hoy, que es el Socialismo del Siglo XXI:
Un “Terrorismo de Estado”, que ha sumido al país en una miseria en tanto al
derecho de las necesidades básicas para la vida.
Un conjunto de militares, metidos en todos los espacios del país, totalmente
incapaces para gerencia de nada, pero que están ahí por las siguientes
razones: acompañaron un líder mesiánico; se arrodillaron ante un grupo
invasor de la dictadura cubana y se metieron en toda clase de negocios sucios,
preponderantemente el más rentable de todos: el narcotráfico.
Un grupo de Civiles, con una incompetencia supina, con ideologización de la
dictadura cubana, que se declaran socialistas, pero que nunca pensaron en
favorecer a su pueblo, sino en enriquecerse a como diera lugar, también
empantanados en el narcotráfico.
Un ejército de ocupación cubano, adiestrados en las técnicas de ideologización
y control poblacional de la dictadura cubana, cuya función es mantener a
Venezuela y sus recursos, como satélite de cuba, y garantizar que los recursos
económicos fluyan para la supervivencia de la isla miserable. Que Venezuela
sea el reflejo especular de la miseria cubana.
“ Las gloriosas y justificadas fuerzas defensoras de la revolución”, los colectivos
chavistas junto con la delincuencia desatada, que al hacer de sus razones la
ley, están matando igual a sus propios con nacionales, solo por el hecho de
ejercer su derecho a la protesta o por tener lo que ellos no tienen. A este
terrorismo vandálico se suman las fuerzas policiales que lo que menos hacen
es cumplir la ley. Todos ellos constituyen un conglomerado psicopático. Que
no es otra cosa que un “Terrorismo de Estado” el llamado Socialismo del Siglo
XXI, en Venezuela.
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En Venezuela ya es difícil que algo cause extrañeza. Nuestra realidad ha
alcanzado unos niveles de surrealismo, que cualquier cosa puede suceder. “Lo
ominoso o lo siniestro”. (Freud, S, 1917): es algo cotidiano a la vista de todos.
Pero algunos que fungen como observadores, no ven lo que está a la vista de
todo. No hay peor
ciego que el que no quiere ver, “la negación”, de los hechos no enmascara la
realidad.
Lo que no podemos negar es el Terrorismo del Socialismo del Siglo XXI en
Venezuela.
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