BLOCK DEL ANALISTA/  LA PIZARRA MÁGICA.  INDALECIO FERNÁNDEZ.

BLOCK DEL ANALISTA/ LA PIZARRA MÁGICA. INDALECIO FERNÁNDEZ.

Dr. Indalecio Fernández Torres. Médico-Psiquiatra-Psicoanalista. Miembro

Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

Miembro Invitado de la Asociación Psicoanalítica de Madrid.

“La Pizarra Mágica”: (1924-1925), este artefacto le sirvió a Freud para seguir esclareciendo los sistemas Consciente, Preconsciente y Percepción-Consciencia.

Nuestro aparato psíquico, dice Freud, al contrario de este dispositivo “la Pizarra mágica”, no tiene límites en su recepción de percepciones; y además las huellas son duraderas e inalterables e allí la gran diferencia.

A partir de la aparición dela “pizarra mágica”, Freud encontró un dispositivo que se asemeja a nuestro aparato psíquico, ofreciendo a la vez que una superficie receptiva a las percepciones y las huellas de lo percibido. Se reciben trazos que no se mantienen, y los sostiene mientras  lo elimina, mediante un juego de  prórrogas que ponen en discusión las pretensiones de transparencia y claridad que son del fundamento del pensamiento o por lo menos eso creemos.

Freud sostiene que psique tramita la función perceptiva del aparato anímico, como un sistema que recibe los estímulos (percepción-conciencia) que no ofrece huellas duraderas, y unos sistemas contiguos que alojan las bases de los recuerdos.

Freud ubica al inconsciente detrás de la tablita de cera debajo de la laminilla, lo que hace que Freud lleve más lejos todavía esta comparación, diciendo que así como en esta pizarra lo escrito desaparece una vez que se separa la laminilla de la tablita de cera debajo, el aparato psíquico funciona análogamente respecto de la percepción.

Esto es, que lo inconsciente, mediante el sistema percepción-conciencia, extiende hacia el exterior unas prolongaciones que rápidamente retira, una vez que hayan recibido estimulación desde afuera. Así, supone que las interrupciones que en la pizarra mágica suceden desde el exterior, se produzcan por lo discontinuo de esas corrientes  que provienen de lo  inconsciente. Es así que esa falta de excitación periódica que sucede en el sistema percepción-conciencia, sustituye a la cancelación del contacto efectivo, algo se sucederá en lo inconsciente para que eso sea así.

Además, dice Freud, si imaginamos que mientras una mano escribe sobre la laminilla de la pizarra, la otra mano va separándola de la tabla de cera, podríamos tener una imagen de cómo Freud intenta representar la función de la percepción que cumple el aparato psíquico, dándole un peso a las circunstancias externas, que nos llevan a separar la tabla de cera.

Derrida,  plantea qué  lo pre-consciente puede considerarse como un tipo de escritura jeroglífica, no verbal ni lingüística, cuyos rasgos no remiten a algo que o  ya no está presente, sino a algo que nunca ha estado presente o a pequeños retoños en el límite preconsciente-inconsciente. El texto de lo inconsciente transcribe y reproduce un sentido cuya fuente es inalcanzable e indecible en este específico caso sería, lo No constituido del inconsciente, pero también existe algo que fue presente (Bleichmar, H. 199 ) y ha sido desactivado más no reprimido.

En Derrida, se vuelve a el peso de las circunstancias, planteando el papel fundamental de  trabajar sobre el concepto freudiano de “a posteriori”  (Nachträglichkeit), que indica la reescritura de la memoria del pasado en función de necesidades y experiencias vividas en otros momentos de la vida. Una noción  que indica, que el sentido nunca ha estado presente o de haberlo estado ya no está porque fue desactivado y cuyo significado presente siempre será reconocido a posteriori (nachträglich), en un segundo momento, de modo suplementario.

El retraso que constituye el aparato psíquico, en otros términos, declara que “el otro significativo,” nos constituye y estructura desde lo más profundo, y que esta alteridad no podemos aferrarla ni hacerla nuestra, sin consecuencias.  Solo podemos seguir su rastro mediante, las narraciones que son nuestra identidad y nuestra historia. Una identidad y una historia que huye de sí misma y que es, al mismo tiempo, lo inconsciente originario,  la fatiga de nuestra existencia y el misterio de un origen que no podemos alcanzar pero que mueve y orienta nuestro actuar.

Lacan dice que en el interior del texto simbólico se constituye el registro de la re-memoración, mientras que llama reminiscencia “a las formas inmemoriales que aparecen sobre una escritura borrada de  lo imaginario”. Lo que  eso implica un ya escrito, ya marcado en un tiempo porque nos precede. Por otra parte,  remite a un libreto personal,  en los que se ha borrado el texto primitivo, para volver a escribir uno nuevo pero que conserva, en la misma superficie, las huellas del anterior. En este sentido tiene similitud con la idea de ese pequeño artificio, según las palabras freudianas, que es la pizarra mágica.

El nudo borromeo objeta la noción de reminiscencia, si nos ceñimos a lo imaginario. Lo primero que hay que comprender es que la memoria no es una propiedad más de la psique, sino que constituye lo propiamente psíquico: es decir, lo inconsciente. De ahí su importancia radical en el entramado psicoanalítico.

Freud, S. (1924-1925), en: “Nota sobre la pizarra mágica”, se plantea una tesis fundamental: que “la memoria” no debe comprenderse como un simple registro de acontecimientos y, por consiguiente, que la psique no debe comprenderse como un mero contenedor, en el que los productos psíquicos se organizan de manera inmediata, definitiva o inalterable. El aparato psíquico se plantea,  como una máquina de escritura donde lo escrito, está por escribirse, está por-venir.  Por ello, no se trata de un texto ya escrito, al que sólo se puede añadir más texto, sino de un aparato virtual, en el que lo escrito se re-escribe continuamente, se transforma. Lo que  fue escrito alguna vez  se convierte en algo transformable permanentemente, en nuevos trazos.  Aunque sea restos de un trazado inicial pueden ser objeto de permutaciones o sencillamente estos  trazos no logran constituir un sentido.  Esta lectura de la psique tiene consecuencias importantes para la estructuración y comprensión de otros pilares conceptuales de la teoría psicoanalítica tales como. Lo originario, lo no-representado, lo desactivado, lo dinámico la resistencia, la repetición, la reelaboración,  las pulsiones o lo inconsciente.  Brinda además un material fundamental para la justificación de su terapéutica, pues sólo cuando se explicita la alterabilidad de la huella mnémica, se hace factible que el destino trágico de un sujeto pueda rediseñarse.

Hay que tener en cuenta la alterabilidad de la huella mnémica, hay que prestar atención al problema de la represión, dado que gran parte de lo reprimido aparece como inalterable.

Como hemos dicho la represión tiene un papel importante, que es  la corrección del proceso represivo, como parte de la terapia analítica y, por el otro, que en esto se  cuestiona un concepto tan capital para el psicoanálisis como es el de represión originaria, primera represión a la que las demás ideas se adhieren.

Cómo es que, de ser inalterables las huellas mnémicas, no se podría hablar de rectificación de las represiones, sino de mera traducción; es decir, del simple trasladado de un texto original reprimido de lo inconsciente a la consciencia, sin padecer modificación alguna. Sin embargo, esta afirmación estaría del todo equivocada, ya que “el mismo proceso analítico modifica el recuerdo; se trata de una especie de reescritura sobre el discurso del paciente”. Igual sucede con la pizarra mágica en que a menos que supuestamente se deje inalterado lo escrito, este será objeto de una resignificación a posteriori. De re-escribirlo lo trazado en el escrito no será siempre lo mismo.

Sí el aparato de escritura, el aparato psíquico se cimienta en la posibilidad de que no exista nada psíquico que no se modifique y, por lo tanto, que no haya posibilidad de que una idea permanezca inalterada; entonces como va a existir un núcleo fijo e inamovible, como el de la represión originaria.  Pero aquí hay que tener presente que si algo se demandó y no fue objeto de inscripción porque el otro no tenía la competencia,  aparecerá  lo “No Representado o Vacío Representativo”, que en el caso de la pizarra mágica se daría de igual forma, al no tener la aptitud, ni la actitud no se podrá hacer un trazo sobre la pizarra mágica.

Sí la repetición es lo central no se repetirá tan sólo lo representado, lo no representado se repetiría pero en términos de vivencias enigmáticas, que producen desconcierto.  La noción de una psique que, como memoria, lleva en su núcleo la fuerza de la repetición.

Ahora bien, si la memoria se rige por las reglas de la escritura, cabría puntualizar que en el aparato psíquico se despliega un juego en donde no sólo la huella inscrita está siempre expuesta a una alteración, sino también donde el sentido que puede avivar no puede pensarse como inmutable: el resultado final de este juego no es nunca un producto plenamente acabado; la huella está siempre entre lo transgeneracional, el acontecimiento y el a posteriori. Por lo cual no hay manifestaciones acabadas, pues se percibe lo que está  lo que está, lo que ya no está y de lo que nunca estuvo.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que, no se puede pensar en escritura sin un cuerpo, sin algo que se resiste a ser escrito y que es del orden de lo cifrado expresándose en términos de la lógica somática que tiene otro orden de inscripción.

La huella mnémica, es el vínculo que se establece entre la memoria y las pulsiones. La memoria surgirá del rodeo que hace la pulsión en busca de un trazo de inscripción que lleve a algún sentido, pero la as pulsiones no siempre tienen un éxito en este trazado y se produce lo no representado o el vacío, que sirve como atractor y da el empuje pulsional, que lleva al empuje a  repetir su trazado en una búsqueda infinita de sentido.

Este doble juego de trazado y de rodeo del vacío, enmarcado por la noción de la pulsión, cierra la comprensión de un aparato psíquico que funciona como una pizarra mágica en la que, se escribe a dos manos; es decir, como una escritura en la que es posible incorporar las funciones de percepción y memoria y, por lo tanto, en donde se precisa una técnica de registro que, entre la espera de lo que está por registrarse y la sujeción a lo trans-generacional, de aquello que ya ha sido archivado, se encuentra siempre sujeta a lo que nunca fue registrado pero hace presencia, lo registrado y desactivado y la re-significación a posteriori.

Todo esto nos hace ver la alterabilidad de la huella mnémica, tal cuál como en la pizarra mágica, que al levantar la página se va borrando el trazado.   Al subrayar la alterabilidad de la huella mnémica, permite plantear la re-escritura.

Con la pizarra mágica, se da una una idea, de la distinción del inconsciente donde se produce la inscripción y la consciencia en la cual eso se borra, donde no hace más que pasar y se borra de tal modo que el sistema siempre queda disponible.

Bibliogafía:

Derrida, Jacques. (2005): “Derrida y las humanidades: un lector crítico”

Coordinado por Tom Cohen. Ed: Siglo XXI. B. Aires. Argentina. 2005.

Freud, S. (1924-1925): “Notas sobre la pizarra mágica” O.C. XIX. Amorrortu, B. Aires. 1985.

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