BLOCK DEL ANALISTA/ Trabajando Psicoanalíticamente Vía Online: Recortes de un trayecto.  Alicia Leisse de Lustgarten.

BLOCK DEL ANALISTA/ Trabajando Psicoanalíticamente Vía Online: Recortes de un trayecto. Alicia Leisse de Lustgarten.

 Trabajando psicoanalíticamente via online: Recortes de un trayecto[1]
                                                                                 Alicia Leisse de Lustgarten[2]
Pensando la emigración 

2013. Tres años atrás viviendo en mi país de origen, aun sin una idea de emigración en mente, me interesé por escribir sobre los cambios ineludibles que comportaba la clínica psicoanalítica en vista de circunstancias que fueron tomando carácter de permanencia. Cito algunos:

  • El aumento significativo de los movimientos migratorios en todo el mundo.
  • La poca accesibilidad de tratamientos psicoterapéuticos de corte analítico o análisis en regiones carentes de instituciones acreditadas.
  • La demanda de formación y supervisión, desde lugares distantes.

Para esa época, aunque la gran mayoría de los tratamientos eran presenciales, asomaban procesos que debían interrumpirse por un proyecto de emigración que poco tenía que ver con la otrora versión de resistencia: fuga a la salud, evasión maniaca u otras aproximaciones interpretativas que en tiempos pasados fijaban la atención en que el centro de la vida del paciente era su tratamiento y el resto de su vida, quedaba supeditado a ello.
En el encuentro analítico, el acceso al sujeto y lo que desde su subjetividad lo interroga, encarnaba en un contexto social crecientemente crítico. Problemas financieros, desempleo, corrupción, inseguridad, escasez o deterioro de la salud eran evidencias de un padecimiento general en aumento. El discurso del paciente tanto como la escucha del analista, se teñía de un paisaje de visos traumáticos que se hacía cotidiano. Correspondía atender esa suerte de vaguada de aconteceres que se sucedían sin tregua, condición ineludible para representarla, hacerla lenguaje de significación y pensarla desde el interrogante analítico.
En este paisaje, la figura de la emigración se hizo proyecto en un número creciente de pacientes. Pasamos de ser un país que desde décadas atrás recibía poblaciones de diversa procedencia, a otro que ahora emigraba. El trabajo online procuraba sostener los análisis, no solo para no interrumpir el proceso emprendido; la partida, también de analistas, llevaba a abrir puertas desde otro lugar de trabajo. Las migraciones crecientes arrimaban pedidos que ofrecieran alguna convergencia cultural y una mejor opción económica. El escenario social apretaba.  En el país de origen y en ese otro elegido para apostar por una ruta de vida. Variantes de idioma, costumbres, apuestas laborales, requerimientos legales referían a lo que el paciente traía a cuestas. En la clínica, recrudecían los duelos tanto como los síntomas corporales; los adolescentes hacían crisis, no pocas veces severas, y las tensiones familiares aumentaban. Todo ello apuntaba al precio que comportaba la inserción a un medio nuevo.
En palabras de Carlino (1986) “Instalar el nuevo setting está al servicio de la elaboración de las angustias que conlleva una migración que además de la separación física del analista se suman la de algunos familiares, amigos, la ciudad y a veces hasta el idioma”.  Refiere a eso que comporta elaborar el nuevo presente y la angustia por lo desconocido; las ilusiones, tanto como las decepciones; la idealización como la desesperanza. Una apuesta en la que se espera ganar y en la que se aprende, a trompicones que perder es ineludible. Corresponde atravesarlo.

Algunas reflexiones 
Reconsiderar conceptualizaciones teóricas tanto como modificaciones técnicas nos invita a darle rigor, pero también apertura, a una clínica de cara al mundo que nos habita.  La bibliografía psicoanalítica reciente da fe de ello. Polémicas incluidas, nos hacernos de una herramienta contemporánea en su implementación que nos conmina a fundamentar con nuestra experticia lo que hoy ejercemos como oficio. También nos compete adelantar lineamientos propios necesarios para regir una práctica, donde el “todo vale” no aplica.
El escenario terapéutico se fue armando atendiendo a lo que competía al par analítico: procurar la asociación libre y la atención flotante. Correspondía preservar la neutralidad y la abstinencia en el sentido de no marcar dirección, pero registrando lo que alcanzaba al propio analista. También la transferencia, como via privilegiada para la puesta en escena tanto de lo que se repite como del vínculo en el que se dice sin palabras y sin el conocimiento inmediato.
Me quiero detener, en primer lugar, en una cuestión central que marcara un giro en la técnica psicoanalítica y su alcance. Refiere al carácter no presencial de la experiencia analítica a distancia. Las sesiones online abren puertas cuando las condiciones hacen que el presencial no pueda tener lugar, sumando nuevos hallazgos al encuadre que se acuerda por esta vía. La presencia apela a estar ubicado en un mismo espacio común con alguien a quien se percibe físicamente; pero también a una imagen o representación sin que implique el espacio geográfico común. A la luz de estas definiciones surge el interrogante ¿a qué apunta la diferencia entre la presencia física y ese nuevo espacio comunicativo denominado espacio virtual? Las modalidades contemporáneas de vínculo humano se ponen aquí al servicio de otras formas de encuentro que reúnen al par analítico para procurar el diálogo que continua, o que aún se inicia. Como señala Ferrer (2016) “el cuerpo del analista como receptor y depositario de la transferencia de su paciente lo será en la medida en que este trascienda su cualidad únicamente física y se instale como representante simbólico de las características que le sean atribuidas”.Desde mi perspectiva, en el entendido del valor insustituible del encuentro presencial, hallo que el análisis a distancia es una herramienta de carta cabal una vez que “el analista trasciende su cualidad únicamente física y se instale como representante simbólico de las características que le sean atribuidas”.Recojo las palabras de Castillo (2016) para interrogar si la presencia requerida es presencia física o si la representación de la presencia rescatada en la imagen o en la voz, avala las condiciones que supone un encuadre definido en los términos suficientes para que el análisis tenga lugar
Detengámonos en los comienzos de la polémica que ocupó a la institución psicoanalítica una vez que colegas de zonas remotas abrían caminos para optar por una formación que de otra manera no era posible. Pude seguir con cierta cercanía algunas de esas experiencias en los análisis que se sucedían en los Institutos de Europa del Este y Latinoamérica.  El análisis online favorecía la continuidad fuera de los encuentros presenciales que seguían rigiendo los procesos analíticos.  Oigamos este testimonio de una analista en formación: “Introducir el análisis en mi vida ha sido una experiencia no solo de mucho aprendizaje, sino salvadora. En el momento que decido iniciarlo, me encuentro casi vencida por la pulsión de muerte. Viajo a la ciudad donde reside mi analista, me acuesto en un diván. En las paredes hay algunas pinturas, diplomas y una caricatura de Freud. Se inicia el proceso, me interno en ese mundo interior acompañada por mi analista. El análisis se lleva a cabo dos veces diarias durante cinco días, después viene la despedida y el retorno a casa. Tengo miedo de perder lo ganado, de perder la conexión con la analista. Dos semanas después la doctora está en mi ciudad, ahora me acuesto ya no en un diván sino en un sofá improvisado, las paredes son otras desnudas de cuadro. Solo estamos ella, yo y el encuadre y eso es suficiente para que el inconsciente surja.  En ese momento me siento como si estuviera en su país; no encuentro diferencias para que se dé el proceso. Seis meses después otro cambio; ahora la analista llega a la capital y de nuevo todo fluye con la misma naturalidad que antes. Diez meses después de haber comenzado mi análisis personal y por problemas económicos, no puedo viajar, y recibir únicamente las seis sesiones a las que tengo opción durante su estadía en mi país, no es suficiente. Solicito permiso para comenzar mi proceso por Skype y así continuar con el mismo ritmo que he llevado. Ahora el escenario es otro, me acuesto en un sofá. Ya no es la persona de la analista la que se sienta atrás sino una computadora. Otro ambiente de trabajo y una máquina de por medio. Al inicio me asaltan muchas dudas. Pero desde el primer momento el proceso sigue igual.  Al final no importa la ciudad, si es presencial o virtual, el análisis es el mismo, la transferencia se establece, afloran las resistencias y mi proceso avanza. Si se me permite decirlo así, es un momento mágico que se logra cada vez que estamos los tres: analista, paciente y encuadre. Y a través de esta modalidad de “análisis condensado”[3] mi vida cambia, las pulsiones de vida ganan la batalla, recupero la vitalidad de mi cuerpo y el disfrute en el estudio. No sé cómo sería un análisis normal, pero esta modalidad también funciona, y para mi persona, muy bien”. 
El trabajo via online, si bien no está autorizado como análisis de formación de manera regular, ha ido ganando terreno en el entendido que no haya otra via para emprenderlo presencialmente y suscribiendo las condiciones que rigen para que un proceso analítico tenga lugar.

2018.  Cambios que conlleva la experiencia analítica online. 
Me detengo ahora en la experiencia que se va construyendo cuando el analista se hace con un nuevo lugar de vida en otro escenario social y todo lo que ello conlleva.  El análisis a distancia se hace figura protagónica tanto en la clínica con pacientes como en otras actividades propias de la práctica: grupo de estudio, presentaciones científicas o debates diversos. No creo que corresponda ir al detalle de los alcances de estas opciones; si quiero transmitir el invalorable beneficio que ha supuesto continuar el grupo de estudio que inicie más de treinta años atrás con participantes del mundo psi. A poco tiempo de establecerme y comprometida en mi trabajo clínico, una joven analista me animo a retomar la actividad. La temática central que nos convocaba pasaba por lo que vivimos dentro, pero también fuera del país; una tópica poco atendida o al menos no en la dimensión que merece. Es así como “el psicoanálisis de cara a lo social” ha reunido a colegas de diferentes regiones, incluida la nuestra. Lo que apuntala el estudio trae de vuelta esa apuesta libidinal que invita a pensar tanto como a preservar lo que hace a nuestro oficio. Igualmente es transición para las vicisitudes que comporta la inserción en las instituciones locales, no suficientemente preparadas para hacer lugar a los nuevos miembros; a pesar de la afiliación común a una organización psicoanalítica internacional. Nos estamos refiriendo a lo que supone legitimar el ejercicio que alcanza a los analistas en lo que son sus referentes identitarios.
En el escenario clínico los sujetos que nos convocan, si bien desde una cultura preponderantemente occidental, obedecen a un entorno que muestra sus variantes en diversos órdenes.  Aunque encaremos una misma lengua, la jerga varía y no pocas veces nos preguntan o inquirimos en dichos propios; expresiones peculiares que invitan a escuchar no solo lo particular del sujeto sino su idiosincrasia tanto como el contexto que habita. En otros casos la lengua es otra y corresponderá hacerse de la misma. Varia también la frecuencia de los encuentros. Se ha vuelto así en casi todas las latitudes psicoanalíticas; por razones de costo, de temporalidades y de lo que compete a la cultura del lugar, en la que emprender un análisis no es algo que requiera atención inmediata.
Considerar el análisis a distancia lleva a la clínica del caso por caso. Desde allí, se definen las modalidades técnicas, así como lo que hace a un análisis:  la puesta en escena del inconsciente, de la transferencia y la cura por la palabra.  No siempre rige la misma modalidad virtual para el encuentro online. Me refiero a que, si alguien elige el teléfono, interpretarlo como una resistencia a otro dispositivo como el Skype puede resultar en un enfoque que desconsidera la variedad de opciones que aplican. El paciente habla desde la via que privilegia. Atiendo a una paciente que siempre me llama por teléfono. Su producción verbal no es diferente a la que ha acompasado nuestro trabajo, sosteniendo su análisis como algo central para lidiar con su vida y el sesgo dramático que la acompaña. Algunos cambios en nuestros acuerdos ocurrieron con mi partida. La disminución de las sesiones fue una, en tanto las dificultades económicas aumentaron y recrudecieron sus problemas para procurar algún orden en su vida.
Unos pocos encuentros por Skype dieron lugar, rápidamente, a los llamados telefónicos. Al principio intentaba indagar sobre las diferencias en su aproximación, pero opté por recibir lo que ella eligiera para “vernos”. Alguna vez me dice ¿quieres que pongamos la cámara?  asomando otra opción que prefiere y prefiero no explicitar en el entendido que, en estos encuadres, el paciente parece preservar alguna escogencia para contrarrestar lo que cambió. Esta paciente sintió explícitamente mi partida. Vale decir, que, aunque ella ya de antes viajaba con frecuencia y era yo la que me ajustaba a sus idas procurando la continuidad del trabajo, pudo expresar su disgusto cuando nos despedimos, arguyendo que dejar el país era darle la espalda a algo que nos competía a todos.
Consideremos algunas particularidades de la transferencia. Dispuesta como escenario de repetición o como prefiero entenderlo, lugar privilegiado de re escenificación, corresponde advertir alguna manifestación para irla arrimando al trabajo.  En este escenario, la mirada ocupa un lugar central, sobre todo en los tratamientos que recién comienzan. Pienso que ver y ser visto por el analista aproxima la significación simbólica que allí se despliega, sea que el diván quede puesto o que haya mirada directa. Mirar al analista y ser mirado por él, podría escudriñar, pero también asegurar la escucha, alimentando su registro y lo que comportara su representación. Refiere a preparar la escena para que la aventura analítica se despliegue; a diferencia de aquellos que continuado el proceso, portan una carga afectiva diversa. Fantasías de abandono, en vista de la distancia y la diferencia del encuadre, que como bien dicen: “no es lo mismo”. Negarlo redunda en una suerte de justificación que interrumpe lo que ello devela. El uso del diván, en este contexto, procura reproducir un encuentro lo más parecido posible en el aquí y ahora no más presencial, con aquel otro que se sucedía puertas adentro del consultorio. La posibilidad de mirar con más detalle puede ser un plus del que habría que rescatarse para dar lugar a la asociación libre y separar la tentación de opinión.  No hay un modo valido y otro que no lo es. Uno y otro forman parte de la escena que allí se juega. En algunos casos, es el equivalente del cara a cara tan indicado para ciertos trabajos en los que la trama narcisista ocupa mucho del escenario del paciente.
Desde el lado del analista, la contratransferencia está. Suscribo aquello de entenderla más como la transferencia del analista en tanto actor protagónico en la propuesta del cambio de escena que afronta también la perdida diversa de lo que fue su lugar.
Coincido con algunas observaciones que apuntan a que la instalación del análisis puede tomar más tiempo en el encuentro virtual, quizá porque la resistencia gana lugar en un escenario real tan a la mano. Algunos pacientes tienen dificultad de procurarse un mismo sitio, haciendo algo inusual como comer algo, ver el teléfono, tomar alguna nota; y es el registro fino de lo que allí sucede lo que permite ganar terreno para preservar el setting.  Igualmente, convoca la pregunta si la escena virtual favorece más la anécdota y si la asociación libre redunda en la disminución de los elementos conscientes que interrumpen el discurrir inconsciente.
La experiencia nueva que se emprende no puede ser constreñida con indicaciones o contraindicaciones prematuras; más aún, cuando salimos del terreno de la comparación con los análisis tradicionales para dar cuenta de lo particular de este otro en el que discurrimos. Por ello, el rigor de la observación sostenida y el criterio probatorio que dé cuenta que apuntamos a una empresa plausible y sostenible.
Siguiendo a Carlino, (2010) “la primera condición para establecer un proceso psicoanalítico a distancia es que se pueda crear un espacio para pensar en el que haya un dialogo reflexivo con un clima propenso al pensamiento y al trabajo elaborativo, con una vivencia opuesta a lo rápido y fugaz, tan típica de los diálogos a través de internet”.
En el diálogo vía online las palabras adquieren un rol protagónico, constituyéndose en el eje central del vínculo analítico para el intercambio de ocurrencias y afectos.  Al aparecer la variable distancia en la relación analítica algo se pierde de los referentes de la realidad: la ilusión de compartir un mismo entorno emocional, el olor o el encuentro físico.  Interviene también la decepción imaginaria que el analista no siente el diario vivir preñado de urgencia. Recoger estas fantasías es condición para atravesar las arrugas transferenciales que se hacen exceso y encontrar nuevas formas de simbolización a lo que cambió.  El encuadre a distancia puede requerir otras vías de aproximación para atender lo que queda fuera del encuentro como tal. Desde esta nueva escucha es necesario reforzar la presencia virtual echando mano a opciones fuera de la vía habitual; puede tratar de algún mensaje de texto o correo electrónico que en algún tramo específico aporten alguna contención necesaria. Sucede también que el propio paciente envíe alguna nota comentando o trayendo alguna información que invitamos a retomar en la sesión como tal.
El proceso analítico que transcurre en la emigración muestra, en algunos tramos, profundos momentos de regresión. El paciente resignifica constantemente sus recuerdos, una manera de encarar no solo el proceso analítico como tal; da cuenta también de la movilización que comportan los cambios que atraviesa. La instrumentación técnica de la contratransferencia aporta la vivencia de lo que ocurre en la sesión. En una suerte de edición, (Lutenberg 2010) el analista muestra al paciente nuevos componentes de la estructura mental inexistentes antes, arrimando desde su registro una comprensión del mundo del analizado.
Termino de la mano de Bion, (López Corvo 2008) para considerar que el proceso analítico se transforma desde una condición previa a otra posterior donde el reconocimiento de lo que cambia se efectúa mediante un conjunto de invariantes   que hacen al trabajo analítico. En la línea de un relato necesariamente recortado, doy cuenta de tramos transitados de data relativamente reciente. Aproximo la experiencia que construyo para sumar voz a la validación de una práctica analítica que nos convoca desde el escenario de los cambios sociales que hacen centro en la vida del sujeto contemporáneo.

Resumen
El trabajo clínico psicoanalítico comporta cambios ineludibles en vista de los movimientos migratorios que alcanzan a un número creciente de pacientes y analistas. Las sesiones online abren puertas cuando las condiciones hacen que el presencial no pueda tener lugar. Reconsiderar conceptualizaciones teóricas tanto como modificaciones técnicas nos invita a darle rigor, pero también apertura a una clínica de cara al mundo que nos habita.

Summary
Psychoanalytical clinical work entails unavoidable changes in view of migratory movements reaching a growing number of analysts and patients. Online sessions open doors when the conditions for presential analysis are not possible.  To reconsider theoretical conceptualizations as much as technical modifications, invite us to invest it with rigor, but also to open up clinically to the world we inhabit.

Referencias bibliográficas
Aryan, A.; Briceño, A.; Carlino, R.; Estrada, T.; Gaitán, A.; Manguel, T.; Psicoanálisis a distancia. Un encuentro más allá del espacio y del tiempo. Calibán: Revista Latinoamericana de Psicoanálisis; 13(2): 60-75, 2015.
Carlino, R. (2014) Reflexiones actuales sobre el psicoanálisis a distancia. Revista de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis.  Número 18: 173-197, 2014.
Castillo, D. ¿Es necesario el cuerpo? La transferencia en la conducción de tratamientos por medios virtuales (Esp-Port), En Transformación, Performances Psicoanalíticas. Revista electrónica de la Organización de Candidatos de América Latina, agosto, 2016.
Ferrer, C.  ¿Es posible el psicoanálisis a distancia? Gradiva, IX Jornadas. Barcelona, 2016. Web: Tu psicoterapeuta.com.
López Corvo (2008) Diccionario de la obra de Wilfred R. Bion. Madrid: Biblioteca Nueva, 2ª. Edición.
Litvinoff, D.; Leisse, A.; Ashworth, M.C.; Ramonet, S.  La transferencia psicoanalítica en la formación concentrada y a distancia. Trópicos: Revista de Psicoanálisis XX: 1, 9-22, 2012.
Lutenberg, J: (2010) Tratamiento psicoanalítico telefónico. Lima: Sikklos.
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[1] Presentado en las XVI Jornadas del Dpto. de Niños y Adolescentes de la SPC. Caracas, noviembre 2018

[2] Miembro Titular en función didáctica de la SPC, IPA y FEPAL. Miembro invitado de la Asociación Psicoanalitica   de Madrid y del Centro Psicoanalitico Valenciano (APM)

[3] Aprobado para los análisis de formación del ILaP de acuerdo a lo establecido por el código de Procedimientos de IPA y FEPAL

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