Breve historia de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas

El origen. Antecedentes.

La Sociedad Psicoanalítica de Caracas (SPC) surgió como una escisión de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis (ASOVEP), primera organización psicoanalítica venezolana componente de la Asociación Psicoanalitica Internacional (API). La primera generación de analistas formados en ASOVEP egresó en 1969 y pertenecieron a ella dos fundadores de la SPC, José Meliá y Serapio Marcano. A la segunda generación, iniciada en 1972, pertenecieron Addys Attías de Cavallín, Rómulo Lander y Carlos Valedón. Durante la formación de estos últimos estalló un severo conflicto en la institución, que produjo la intervención de API. Supervisados por un comité visitante durante un largo tiempo se prohibió la continuidad de las actividades docentes y los entonces candidatos en formación se vieron obligados a recurrir a la asistencia de analistas de otros países para lograr culminarla. En 1978 API autorizó el reinicio de las actividades docentes de ASOVEP y se inició la tercera generación de analistas formados en Venezuela a la que pertenecieron Fernando Batoni y Ana Teresa Torres.

Los conflictos entre los fundadores de ASOVEP habían cesado en apariencia. Las desavenencias entre ellos eran evidentes y se trasladaban a los analistas en formación. Había choques en cuanto a la formación teórica, rígidamente dominada por la tendencia kleiniana y bioniana; tensiones en las relaciones personales; limitaciones en la libertad de escogencia de analistas, lo que en ocasiones afectaba el ejercicio profesional; control y secretismo en el manejo de las relaciones institucionales; y por último, ocurrió un despido laboral que causó una demanda legal, aupada por quienes adversaban a la junta directiva (compuesta entonces por Serapio Marcano, José Meliá, Rómulo Lander, Carlos Valedón y Ana Teresa Torres); de haber prosperado la demanda, hubiese puesto en jaque la supervivencia financiera de la institución. Todas estas circunstancias limitaban las posibilidades de desarrollo y de trabajo creativo. Los intentos de lograr acuerdos fueron infructuosos y llegó el momento de considerar la decisión de abandonar ASOVEP.

 

La separación.

En febrero de 1989 un grupo de quince analistas se dirigieron a las autoridades de API para solicitar el reconocimiento de un nuevo grupo psicoanalítico en Venezuela. Estos analistas disidentes fueron Addys Attías de Cavallín, Esther Aznar, Fernando Batoni, Márgara Alexandre de Edelman (q.e.p.d.), Indalecio Fernández, Ana Herrera de Juncal, Rómulo Lander, Elvira Larrovere de Campobello, Alicia Leisse de Lustgarten, Serapio Marcano, Maran Himiob de Marcano (q.e.p.d.), José Meliá, Ana Teresa Torres, Dolores Salas de Torres (q.e.p.d.) y Carlos Valedón. En julio de 1989 dos miembros recién egresados, María Cristina Ashworth y Julio García Maldonado (q.e.p.d.), se unieron al grupo; y en septiembre lo hicieron María Teresa Arostegui de Blanco, Bernardina Ayala y Lía Fuhrman de Sheinfeld.

Una vez tomada la decisión comenzó la discusión de un tema muy importante. ¿Crear un grupo independiente de API o intentar formar un nuevo grupo dentro de API? Había argumentos a favor y en contra de modo que se prolongaron las discusiones. Los argumentos a favor de renunciar a la API, consideraban que era posible funcionar como un grupo psicoanalítico independiente. En contra de esta idea, la experiencia histórica mostraba que los analistas que renunciaban a la API generalmente terminaban aislados porque era difícil mantener la coherencia grupal sin la vinculación de pertenencia a la organización internacional. Abandonarla era la salida más fácil. Intentar la formación de un nuevo grupo afiliado a la API conllevaba muchas dificultades. Cuando ocurrió el primer conflicto de ASOVEP en los años setenta, la respuesta de API fue definitiva: los miembros en conflicto tenían que permanecer juntos, bajo la observación de un comité visitante, y de ninguna manera permitieron una escisión. En 1989 el momento histórico era diferente y el grupo contaba con un mayor número de analistas, incluyendo cuatro didactas que era el mínimo exigido. En todo caso era un riesgo, porque era necesario actuar sin ninguna seguridad en el resultado. Finalmente se impuso la decisión de que en el próximo congreso internacional que se celebraba en Roma, a fines de julio, se sometería formalmente la solicitud de creación de un grupo de estudios (primer nivel de las asociaciones psicoanalíticas en API), con la certeza de que era partir desde cero, y que esa solicitud implicaba la supervisión de un comité visitante por un largo tiempo, como en efecto ocurrió, lo que representaba mucho trabajo preparatorio, además de costos económicos.

Siguiendo la sugerencia de Robert Wallerstein, entonces presidente de la API, debía asistir al congreso el mayor número de delegados posible para ser entrevistados y examinar más cuidadosamente el planteamiento. Viajaron Rómulo Lander, Alicia Leisse de Lustgarten, José Meliá, Ana Teresa Torres y Carlos Valedón. Una vez en Roma se evidenció que los miembros disidentes habían cometido un grave error administrativo: la firma de una carta de renuncia a ASOVEP, efectiva el 31 de julio de 1989. Al dejar ASOVEP también perdían la afiliación de API, y con ella la posibilidad de que se atendiera la aspiración de constituir un nuevo grupo. La tarea era entonces tratar de convencer a la directiva de la API de que encontrara una solución admisible dentro de sus estautos; por suerte tanto Valedón como Lander tenían vínculos con analistas de otros países que podían ayudar y así lo hicieron.

Fue un momento emocionante cuando el Consejo Ejecutivo de la API decidió someter a la consideración y votación de la asamblea administrativa del 2 de agosto que los analistas que habían firmado la renuncia a su sociedad de origen fueran readmitidos en calidad de miembros directos de API, figura muy excepcional dentro de la política de API. Se escucharon uno a uno los quince nombres y luego la solicitud fue aprobada por abrumadora mayoría.

 

De grupo de estudios a sociedad componente.

En septiembre de 1989 se suscribió una petición formal al consejo ejecutivo de API, ahora presidido por Joseph Sandler, para que se enviara a Caracas un comité visitante que estuvo integrado por Inga Villarreal (Colombia), Sara Zac de Filc (Apdeba) y Otto Kernberg (Estados Unidos). Su primera visita se produjo en diciembre de 1989, y en julio de 1990 el comité ejecutivo de API dio el reconocimiento como Grupo de Estudios con funciones didácticas. El comité visitante se transformó en comité de apoyo, lo que suponía un avance, y en ese momento se integraron Doris Berlin, Carlos Rasquin y Marisol Sandoval de Sonntag que habían terminado su formación en ASOVEP. Las analistas en formación, Fausta Cruz, Ingrid Arria y Ziva Rosenthal, fueron autorizadas a dejar el instituto de ASOVEP para finalizarla con el nuevo grupo de estudios.

Se efectuaron dos nuevas visitas, en diciembre de 1990 y en mayo de 1991, en las cuales los miembros debían presentar material clínico con sus correspondientes comentarios teóricos, clínicos y técnicos. Los resultados fueron muy satisfactorios, y en el congreso internacional de Buenos Aires en 1991 el grupo de estudios fue ascendido a sociedad provisional. Con la participación del comité de apoyo fue seleccionada la primera generación de analistas en formación de la SPC, egresada en 1997. El último paso tuvo lugar en el congreso
de San Francisco en 1995, cuando la sociedad provisional fue reconocida como organización componente de API. Habían transcurrido seis años desde la decisión de formar una nueva asociación psicoanalítica.

 

Evolución de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

La fundación y desarrollo de la nueva sociedad fue un trabajo acompañado por el entusiasmo y una intensa dedicación. Se impuso la tarea de crear los Estatutos y Reglamentos, que consumió muchas discusiones, ya que estaba en el espíritu de todos que las normas reflejaran la libertad de pensamiento, el respeto por todas las teorías psicoanalíticas, la transparencia de las acciones institucionales, y un modo más incluyente en la relación con los analistas en formación. La separación de ASOVEP había significado la pérdida de la sede, y durante algunos años las reuniones y asambleas se efectuaron en los domicilios y consultorios de los miembros y luego en un local facilitado por la Biblioteca de El Cafetal, hasta que los fondos acumulados por concepto de cuotas y seminarios, así como el cese del pago del 50% de los gastos que representaban los viajes del comité de la API, permitieron el alquiler de la primera sede en un centro comercial de Los Ruices, y posteriormente la compra de la sede actual en Colinas de la California.

Se crearon diversos departamentos para el mejor funcionamiento de la sociedad, tales como el de Niños y Adolescentes, el Servicio de Atención Psicoanalítica para ofrecer tratamientos y supervisiones a bajo costo, y el Centro de documentación. También se emprendieron múltiples acciones de divulgación como la revista Trópicos, inaugurada en 1991, hoy vigente en edición digital; el cine foro psicoanalítico (CinePsicoAnálisis) que se realiza en el Centro Cultural Trasnocho desde 1998; las jornadas anuales y otras reuniones psicoanalíticas; y los diplomados para profesionales de la salud mental en psicoterapia de adultos y en psicoterapia de niños y adolescentes. El departamento de informática, recientemente creado, es de gran interés ya que, por una parte, permite que la revista Trópicos y algunos libros de los miembros se divulguen a través de la página web (spdecaracas.com.ve) y por otra maneja las redes sociales de la sociedad. La formación de nuevos analistas ha sido una de los principales objetivos y se lleva a cabo con la mayor exigencia y cuidado tanto en la selección de aspirantes como en todo el proceso de entrenamiento.

 

Algunas cifras.
Los analistas que formaron la SPC provenientes de ASOVEP, y del instituto de ASOVEP, sumaban 26 miembros, y los que fueron formados
íntegramente en el Instituto de Psicoanálisis de SPC, egresados a partir de 1997, añadían 45 más. Sin embargo, renunciaron a la SPC 14 miembros, más 7 analistas en formación que no la culminaron. La causa más común de las renuncias ha sido
la emigración. Además, debemos lamentar la pérdida de cinco queridos miembros fallecidos.

 

En la actualidad.
Hoy las serias circunstancias del país han incidido desfavorablemente en la sociedad como ha ocurrido para todos. Dificultades económicas, obstáculos para las reuniones y traslados, abastecimiento, conexión de internet, inseguridad, y sobre todo la diáspora de profesionales, que ha disminuido sensiblemente el número de miembros y de analistas en formación, así como de asistentes a los cursos y jornadas.  Actualmente la Sociedad Psicoanalítica de Caracas cuenta con 52 miembros, de los cuales 25 viven en otros países, pero se mantienen unidos por un fuerte vinculo societario, y gracias a la comunicación a distancia pueden participar en algunas actividades. La institución sigue activa y conserva su espíritu de resistencia y trabajo por la permanencia del psicoanálisis en Venezuela.

 

Caracas, abril 2020.
Redacción y recopilación de varios materiales: Ana Teresa Torres