(Basado en la película “The Most Precious of Cargoes” de Michael Hazanavicious, 2024)
Basada en la novela de Jean-Claude Grumberg, “La plus precieuse merchandises,” 2019.
Quiero comenzar el análisis de la película insertando acá el epílogo de la misma que contiene elementos importantes del marco externo de la historia que se narra.
Cito de manera textual:
“Esta historia es toda ficción. Nada de esto ocurrió. Ni los trenes; ni los campos de concentración; ni las familias dispersas en humo; ni el fuego, cenizas o lágrimas. Así como tampoco la guerra, ni los sobrevivientes ni el dolor de padres y madres buscando hijos ausentes. La única cosa cierta es que esa niña que nunca existió fue lanzada desde un tren de carga imaginario; tampoco existió la esposa del leñador, quien la acogió, alimentó, entretuvo y amó más que a sí misma. Lo que realmente vale la pena, tanto en ficción como en la vida real, es el amor. Aquel que damos a nuestros niños, a nosotros mismos y a otros. Aquel a través del cual, a pesar de todo lo que existe, la vida continúa debido a su fuerza. Todo lo demás es silencio”
El marco externo es el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial, como elemento de horror y de trauma que modeló la realidad interna de los que lograron sobrevivir a él. Edito del epílogo recién leído dos aspectos:
- La devoción materna, que luego ampliaré.
- El amor como fuerza de vida, eso que llamamos en psicoanálisis lo libidinal, como fuerza necesaria de existencia concreta y simbólica.
Y dentro del análisis que propongo, quiero revisar la parentalidad y sus respectivas atribuciones. También, la importancia del adulto funcional en la constitución psíquica humana. Por último, los aspectos de pertenencia, identidad y trauma generacional.
El Deseo de un Hijo y la Función Materna
Condensando la historia que narra la película, vemos una pareja de adultos que vive sin hijos. Desconocemos la razón de esta circunstancia, la cual no es sospechosa o inadecuada en sí misma, más que por el deseo de la mujer de la pareja de tener un hijo. Solo se nos ofrece una justificación concreta de esta ausencia por la escasez material que esta pareja experimenta. Sin embargo, parece haber un brevísimo atisbo de la posible infertilidad masculina del leñador, cuando la esposa dice: “Si nos descubren el bebé, diremos que es producto de tu semilla.”
Adicionalmente parece haber algo con el hastío de la vida en pareja, o de la vida en general, debido quizás a la pesada rutina cotidiana y el deseo de un cambio de circunstancias. Al menos, de parte de la mujer, cuya insatisfacción parece más evidente que la resignación del leñador a su circunstancia. El tren es visto por ella como “el ruido y la vitalidad de la ciudad,” lo cual reafirma la percepción de estancamiento que ella parece experimentar.
Surge acá la pregunta de si su incomodidad existencial remite también a su no realización como madre. Adicionalmente, la maternidad como forma de compañía ante la no compañía de una pareja amorosa. La voz en off dice de la mujer “acostumbrada a vivir en soledad.” De manera que habría múltiples aspectos a referenciar en el orden de la insatisfacción de la vida en general, de la posible insatisfacción dentro de la vida en pareja, y de la necesidad de ejecutar el rol materno cuando la biología o las circunstancias no lo han permitido.
El deseo de esta mujer de ejercer la función materna es tal que recurre a la ayuda del pensamiento mágico —aquel que todos tenemos— y pide a los dioses que le ayuden en tal búsqueda. Hay un tren que discurre con regularidad en el aislado paisaje montañoso donde esta mujer vive junto al leñador. Para ella este tren representa el contacto con el mundo externo, y la posibilidad de que su deseo mágico de tener un bebé pueda ser materializado por intermediación de la máquina de acero, posible sustituto desplazado de potencia fálica de la que parece carecer su esposo.
¡Y el bebé aparece! y ¡lo provee el tren!
Y ella lo acoge, entretiene, alimenta y ama más que a ella misma.
Estas —precisamente— son las cualidades fundamentales de lo que Winnicott describe en la llamada PREOCUPACIÓN MATERNA PRIMARIA (1956). Winnicott explica que la madre entra en un estado de sensibilidad aumentada que le permite percibir y responder de manera casi intuitiva a las necesidades del bebé, facilitando su adaptación inicial al entorno. Este estado es temporal y disminuye progresivamente cuando el infante empieza a tolerar gradualmente la frustración y a desarrollar su propia independencia.
Este es un bebé afortunado: una mujer que lo desea, ¡incluso aunque no lo haya gestado!
El Llanto y el Deseo en el Encuentro
El inicio de la función materna, largamente instalado en esta mujer, se activa por el llanto del bebé y el encuentro concreto de su cuerpo dentro de la blanca pureza de la nieve del amor; dentro de la contundencia del frío de la necesidad y desprotección de ambos: la necesidad de la mujer de ejercer el rol materno y la necesidad del bebé de ser cuidado.
Introduzco acá el siguiente extracto sobre la concepción de Jacques Lacan sobre el deseo:
“El sujeto humano, habiendo nacido dentro de un estado de desprotección, es incapaz de satisfacer sus propias necesidades y depende del Otro para satisfacerlas. Para obtener la ayuda del Otro en tal satisfacción, el infante requiere expresar su necesidad de manera vocal, a veces en gritos o llanto. Sin embargo, la presencia del Otro trasciende la simple satisfacción de la necesidad, pues su presencia simboliza también el amor del Otro”.
El llanto del bebé en la nieve promueve su hallazgo e inmediatamente activa en la mujer la expresión de la función materna, que cuando es “suficientemente buena” es siempre mágica pues salva de la muerte concreta e inicia la ilusión del amor, pues toda satisfacción de la necesidad acerca a la seguridad y a la confianza en el otro.
La función materna de la esposa del leñador se da sin embarazo. Y en ese sentido se acerca a la concepción cristiana sin sexo, a pesar de que la virgen sí resulta embarazada y procede a parir. Acá no hay parto, sino larga espera por la aparición concreta de un bebé. El bebé de la animación tiene padres biológicos, cuyo destino solo sabemos al final. El padre biológico resuelve deshacerse de su hija bebé, como apuesta de esperanza ante la fatalidad del destino familiar. Solución desesperada cuando la violencia, la incertidumbre y la muerte amenazan.
La mujer que encuentra a esta bebé es la segunda madre, pero es la madre final que la marca con el cuidado amoroso y sostenido. La predictibilidad en la entrega y calidad del amor es el componente esencial que ofrece la madre o el cuidador para confiar en el mundo. Esta experiencia de certeza se evidencia en la posibilidad futura de constituir vínculos amorosos estables y la capacidad para el desarrollo del potencial creativo individual, que eventualmente se transformará en una profesión u oficio.
Los Tres Padres de la Protagonista
El Segundo Padre: El Leñador
Quiero abordar el papel del padre en el proceso de crianza. Citando de nuevo a Winnicott, este ubicaba al padre—especialmente durante el primer año de vida del bebé—como elemento silencioso, pero de necesario sostén emocional a la madre.
El segundo padre es el leñador —un hombre taciturno y silencioso— que realmente no tiene interés inicial en ejercer su rol, el cual le es impuesto por su mujer. Sin embargo, aún sin deseo propio, le indica a su mujer que lo que necesita el inconsolable bebé es leche. Da una pista clave para el cuidado, aunque inicialmente no quiere cuidar, más bien expulsa a la dupla madre-bebé a una cabaña anexa. Cuando acepta la presencia del bebé, debido a la determinación amorosa de la madre, es capaz incluso de tallar un juguete, significante del deseo de que el otro distinto personificado en el bebé sea capaz de disfrutar con la bailarina que talla de una rama de madera, extensión de lo que para él es lo familiar (la troncos que él tala).
Este segundo padre es asesinado, mientras defiende su parentalidad.
El Tercer Padre: El Dueño de la Cabra
El tercer padre es un hombre desfigurado y desconfiado, dueño de la cabra cuya leche inicial alimenta a la bebé. Este tercer padre dice ahora que la madre podrá utilizar toda la leche que quiera, sin necesidad de trueque. Este tercer hombre ofrece apertura y seguridad a la mujer y a su bebé.
Este tercer padre es también asesinado.
El Padre Biológico
La muerte del tercer padre coincide con el fin de la guerra. La madre migra con su hija a la ciudad, e inician una nueva vida, donde la madre vende queso de la cabra que poseen. La niña crece y se transforma en una comerciante de quesos, cerrando el ciclo de identificación con lo que le dio vida: la leche de cabra transformada en queso.
El padre biológico sobrevive al campo de exterminio, prosigue a continuar la carrera de medicina que interrumpió la guerra, y se dedica como pediatra “a cuidar a los niños de otros,” pues la misma guerra no le permitió cuidar a sus hijos propios, ni encontrar a su hija entregada a la nieve.
Conclusión: El Trauma y la Continuidad de la Vida
Cierro con el trauma que pudiera albergar la niña transformada en “exitosa pionera que vende queso”: una madre biológica muerta en Auschwitz junto a su hermana morocha; padre biológico ausente, sobreviviente de Auschwitz; dos padres adoptivos asesinados.
La vida continúa a través del amor, todo lo demás es silencio.
Sabas Castillo Londres, 30 de agosto de 2025.
Referencias:
- Evans, D. (2007). An introductory dictionary of Lacanian psychoanalysis. Routledge.
- Winnicott, D. W. (1956). Primary Maternal Preoccupation. The International Journal of Psychoanalysis, 37, 585–595.