Por Claudia Arias
Es muy grato estar aquí hoy, junto a los miembros profesores y candidatos del Instituto de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas en las Jornadas anuales de reflexión. Este es un espacio de encuentro para continuar pensando sobre el psicoanálisis y las maneras de transmitir el conocimiento y el saber hacer psicoanalítico. Proceso exigente el de convertirse en psicoanalista y luego el de seguir sosteniendo ese lugar, con la ética de esta práctica, siempre abierto al cuestionamiento y a las preguntas.
Cuando conversábamos sobre el tema de estas Jornadas, surgió la pregunta sobre la vigencia y el interés por el psicoanálisis hoy. Las ideas que surgieron me condujeron hacia dos caminos. El primero, me llevó a preguntarme por qué escogí el convertirme en psicoanalista allá en los remotos tiempos de mis inicios como estudiante de psicología en la opción sin mención de la UCV.
El otro me llevó a preguntarme por qué sigo siendo psicoanalista, si continúo siendo psicoanalista y de qué manera ha cambiado mi manera de trabajar desde entonces a hoy. Todos estos cuestionamientos vividos dentro de los cambios sociales que se han producido en los últimos años del siglo XX y el comienzo del siglo XXI.
Viendo a un grupo que comienza y a un grupo que está finalizando su trayecto en el instituto, pensé en las diferentes realidades que nos ha tocado atravesar. Y también en las grandes problemáticas que se mantienen constantes a lo largo de los diferentes tiempos históricos.
Para comenzar diremos, como todos sabemos, que el psicoanálisis es un método de investigación de los procesos mentales y del inconsciente creado por Sigmund Freud. También es un método para tratar diversos trastornos y formas del sufrimiento humano. Por último, y no menos importante, es un conjunto de teorías sobre el 2 funcionamiento de la mente producto de la clínica. ¿Es tan distinto el psicoanálisis que se practicaba a principios del siglo XX al que practicamos hoy? ¿Qué es lo diferente, las teorías del aparato psíquico, las variaciones de las estrategias técnicas, el campo de las patologías? Por otra parte, ¿qué es lo que hace que se siga llamando psicoanálisis a esta práctica a pesar de los cambios de las teorías y de los modelos de formación? ¿Cuáles son los ejes que vertebran ese complejo conjunto de teorías y prácticas clínicas? Cuando estudié psicología tenía una enorme curiosidad sobre esa materia inagotable que es la propia psique y la de los otros seres humanos.
Curiosidad por encontrar la explicación de los síntomas para revelar su origen y eliminarlos como forma de aliviar el sufrimiento humano. Hacerse psicólogo, en ese tiempo, era buscar “hacer el bien”, saber lo que ocurre detrás de un síntoma y dar con la solución para eliminarlo y así acceder a la felicidad. Ilusión que el ejercicio clínico cuestiona para dar paso a la incertidumbre y la pregunta.
Era un tiempo en el que la esperanza de un mundo con mayor justicia social, sin guerras, sin autoritarismos se veía más cercano. El psicoanálisis se fue abriendo paso en la escuela de psicología después de haber sido eliminada por las teorías conductistas. Ana Teresa Torres llegó a dar clases en ese tiempo de apertura. La diáspora argentina huyendo de las dictaduras del sur, se incorporó al psicoanálisis venezolano trayendo otras ideas. Jacques Lacan visitó Caracas en 1980 y se hablaba de nuevas teorías psicoanalíticas que producían entusiasmo en profesores y estudiantes.
Después de un tiempo de graduada y con recorrido por diversas experiencias de estudios que me acercaron más al psicoanálisis,decidí asumir la formación-transformación psicoanalítica. Un progresivo recorrido adentrándome en nuevas concepciones de la ente y de sus enigmas. 3
La formación psicoanalítica es un proceso de inmersión que dura varios años. El efecto del trípode con el análisis personal como experiencia central, las lecturas para los seminarios, las intensas relaciones con los compañeros y las supervisiones, van a producir una metamorfosis en la forma de percibir-se y de percibir los vínculos con la realidad y con los otros. Transitar por la formación psicoanalítica es vivir en carne propia, carne-cuerpo-imaginación-palabras en el espacio único de la transferencia-contratransferencia, el descubrimiento de nuestras pasiones hostiles, pasiones sexuales, la envidia, la rivalidad, los puntos ciegos, las inclinaciones incestuosas y el amor. El análisis personal de alta frecuencia nos conduce a realizar el recorrido analítico desde el reconocimiento de la envidia en cada uno de nosotros, hacia unas relaciones objetales abiertas a la gratitud, como diría Melanie Klein, y a la tolerancia de las insuficiencias de nuestros
objetos parentales significativos para salir de los atrapamientos superyoicos y comprender mejor nuestro deseo.
El proceso de formación se va dando a lo largo de un tiempo de varios años. El tiempo que toma tallarse y transformarse para descubrir las modalidades propias de sufrir, los propios envoltorios defensivos de la “novela familiar” que sostiene el sufrimiento y la repetición de las formas sintomáticas. Toma tiempo ir descubriendo los entramados de la organización de la psique a través de las formaciones del inconsciente y de los sueños. Con la tolerancia a la incertidumbre y al no saber para ir revelando sentidos.
Con el conocimiento, siempre parcial, de nuestra propia mente, la experiencia compartida de las supervisiones y las teorías, nos vamos transformando en psicoanalistas. Este recorrido nos prepara para poder ocupar el lugar que activa el dispositivo del que supuestamente sabe frente al sujeto que acude con preguntas sobre su sufrimiento.
La formación permite llegar a ser psicoanalista, pero, en palabras de Bernard Chervet, psicoanalista de la Sociedad Psicoanalítica de París, no garantiza que se siga siéndolo. Ser psicoanalistas nos compromete 4 a seguir formándonos, a ser permanentes analistas en formación, leyendo, estudiando, interpelando nuestras ideas y exponiéndonos a concepciones novedosas. Incluso analizándonos de nuevo. Esto requiere de una pasión constante por el desciframiento de los enigmas junto al analizante.
El psicoanálisis no está fuera del conjunto de las prácticas humanas en sociedad, que están atravesadas por los cambios socio históricos y los cambios en los modos de relación intersubjetiva. En el siglo XXI estamos siendo testigos del efecto del desfallecimiento de formas tradicionales de organización social, y de las creencias que han dado sostén, apoyo y límites a los seres humanos a lo largo de la historia.
Estos diques de la cultura son las religiones, las ideologías, las democracias, los centros académicos como espacios del saber, entre otros. Esta caída de las redes culturales de contención ha dejadovacíos que han abierto las puertas a fanatismos, la vuelta de los autoritarismos y la búsqueda de satisfacción pulsional a toda costa. En el malestar de la cultura, Freud hablaba de la tensión entre las fuerzas pulsionales, las del amor y la vida y las de la hostilidad y la agresividad. Planteaba que la cultura con sus límites y la internalización de los mismos por parte de los individuos permitía una regulación relativa de esa tensión pulsional que no traía la felicidad, pero permitía la convivencia en comunidad bajo la égida de la ley.
Después llegó el nazismo para mostrar el horror de la agresividad, la mortal intolerancia a la diferencia, la insuficiencia de los frenos de la civilización. En estos comienzos del siglo XXI estamos viendo cómo las nuevas formas de organización de la civilización van conduciendo hacia manifestaciones de la pulsión de muerte en la violencia de las guerras y en la autodestructividad.
¿Cómo puede posicionarse un psicoanalista frente a los desafíos epocales con los constructos teóricos de los que dispone? Tenemos conceptos y teorías de los procesos mentales que continúan explicando las organizaciones intrapsíquicas y la psicodinamia de los 5 individuos. Sin embargo, existe la necesidad de construir conceptos para dar cuenta de nuevas manifestaciones dentro de las realidades sociales que impactan a los sujetos y hacen aflorar aspectos de la psique que no aparecían de la manera que lo hacen hoy en día.
Situaciones muy complejas como las nuevas adicciones, los desórdenes de la alimentación, los cambios en la identidad de género y otros.
¿Qué ofrece el psicoanálisis actualmente dentro del conjunto de ofertas hacia la búsqueda del bienestar? El psicoanálisis ya no tiene la popularidad y el prestigio de mediados del siglo pasado. Ha perdido presencia en espacios de salud mental y espacios académicos. En la era del auge de las neurociencias y de las soluciones rápidas y observables, las críticas al psicoanálisis se multiplican. Se señala al psicoanálisis por no ser una disciplina científica. Se dice que el psicoanálisis sólo habla del pasado, es muy largo, no hay alivio o mejoría inmediata, es doloroso y caro.
Sin embargo, las ciencias han cambiado su concepción unilineal de llamar ciencia a lo que se puede probar experimentalmente para abrirse al paradigma de la complejidad dentro de las cuales está el psicoanálisis. Lo cualitativo, lo singular, el caso por caso.
El psicoanálisis es un planteamiento contracorriente en los tiempos de la modernidad líquida, la inmediatez y la demanda por los resultados inmediatos. El auge de la medicación, la medicina basada en evidencias, la rapidez enceguecedora del scrolling en las pantallas. Es la era de la información, pero no del conocimiento. El psicoanálisis tiene una propuesta subversiva: vamos a hablar, a escuchar y a pensar. El trabajo con el sujeto para el psicoanalista apunta a la subjetividad y a la singularidad. Nos interesa una escucha individualizada. No tenemos un manual. Transitamos sobre los principios vertebradores de la abstinencia, la atención flotante a las producciones del inconsciente en el intenso campo de la transferencia 6 con el dispositivo del supuesto saber. Intervenimos con los instrumentos interpretativos para incidir sobre las producciones del inconsciente del paciente, sus lapsus, sueños, sus contradicciones.
En los comienzos del psicoanálisis Freud veía pacientes que venían con la demanda de aliviar sus síntomas. El saber y la “curación” estaban afuera, en los medicamentos, baños y tratamientos prescritos por los médicos. O los gurúes que siempre han ofrecido recetas mágicas. Todavía sigue siendo así.
Sin embargo, la propuesta novedosa de Freud fue la de dejar a un lado la búsqueda del alivio sintomático, para dar lugar a un espacio nuevo, a la escucha del relato de las pacientes histéricas para descubrir algún significado de los síntomas. Escuchó lo que las histéricas tenían que decir y oyó que había historias que se tejían con su padecer. Había un sentido más allá del síntoma. Es decir que el saber sobre el síntoma y el sufrimiento estaban en el paciente y en sus asociaciones, en los sueños, en las formaciones del inconsciente.
Hoy contamos con la práctica de la cura clásica y otras estrategias desde una riqueza de posturas teóricas post freudianas. También se han introducido variantes como el trabajo en grupos, parejas y familias con nuevas conceptualizaciones psicoanalíticas. Se han creado opciones de psicoanálisis aplicado fuera de los consultorios para trabajar en espacios sociales, en situaciones de guerra, en desastres naturales.
Pero debemos enfatizar que el psicoanálisis no lo resuelve todo, ni todo el mundo está dispuesto a los dolorosos cambios que se requieren. Es un ejercicio teórico y de intervención terapéutica signado por la falta y los límites. Límites del método, de las teorías y de la mente de los analistas. Oficio imposible, como lo describía Freud junto al educar y al gobernar. Imposible dominar el universo del empuje pulsional. Pero se pueden construir organizaciones psíquicas alternativas al sufrimiento.
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El acto psicoanalítico es una creación, la producción de un nuevo saber desde el sujeto. En este campo del conocimiento, no se ven los síntomas sólo como patologías a eliminar, sino que hay un sentido detrás del padecimiento. Es una luch a con avances y retrocesos frente a los nudos que nos amarran a nuestras formas de sufrir. El análisis es la propuesta de cambio que implica una rasgadura subjetiva para dar paso a formas alternativas de funcionamiento psíquico.
La interpretación y las intervenciones del analista permiten al analizante entender sus apegos a sus formas sintomáticas para poder acceder a nuevas formas de organización en su mundo interno. Como producto de este proceso el sujeto tendrá mayor bienestar y cambios en sus vínculos con las situaciones, las personas y las cosas.
Las formas de padecimiento contemporáneas nos interpelan y requieren nuevas formas de pensar y de abordar los problemas clínicos. Las dificultades económicas y el aislamiento cada vez mayor de los individuos en el mundo contemporáneo han abierto el campo de las consultas a la Inteligencia Artificial. El encuentro con otro semejante puede producir angustia y miedo. Y las respuestas, a veces enigmáticas de los programas tecnológicos han producido alivio a algunas personas. Quizás los encuentros con analistas on line plantean formas de análisis posibles con algunos de estos individuos en aislamiento.
La propuesta del psicoanálisis de pensar sobre lo que les pasa a los pacientes puede producirles desaliento por no ofrecer resultados rápidos. Los que aceptan el desafío van encontrando sus respuestas deshojando la cebolla. Muchas veces vamos caminando por senderos de neblina, con los instrumentos que nos dan la experiencia, el conocimiento de la propia mente y los autores que conocemos. Vamos poniendo a prueba nuestra capacidad de tolerar la incertidumbre con la ética del compromiso por el descubrimiento de las verdades del paciente.
8 Y puedo decir que, a muchas personas, pacientes y analizantes, después de muchos años sosteniendo el oficio de analista, el psicoanálisis les ha dado espacios de libertad y creación. Unos con más tiempo y dolor que otros. En ocasiones trabajamos en análisis interminables. El psicoanálisis descubre y consolida el trabajo sobre lo inconsciente como territorio íntimo y fértil de indagación, hallazgos y transformación subjetiva.
Continuamos abriendo surcos para el psicoanálisis en la cultura contemporánea, con la pasión por acercarnos a la verdad con el paciente. El desafío es continuar avanzando para aclarar enigmas. Al ir hilvanando puntos de luz con el sujeto en análisis, apuntamos a que éste llegue a conocer su deseo, lo qué es y por qué eso ha sido así. Siendo y sosteniendo ser psicoanalistas.
Bibliografía
Chervet, B (2003) “Formación psicoanalítica con y sin fin:
transmisión, formación y falta” Revista Uruguaya De
Psicoanálisis, 135,
214. https://publicaciones.apuruguay.org/index.php/rup/article/view/180
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Freud, S. (1927) “El porvenir de una ilusión” en Obras completas,
Tomo III, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid (1973)
(1929) “El Malestar en la cultura” en Obras completas,
Tomo III, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid (1973)
(1937) “Análisis terminable e interminable”. Tomo III,
Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, (1973).
Klein, M (1957) “Envidia y gratitud”. Obras completas de Melanie
Klein. Paidós, Buenos Aires ,(1975)
Korman, V (1996) “El oficio de analista”, Paidós, Buenos Aires.