Resumen
El autor plantea que la posmodernidad, con sus secuelas de banalización de la existencia, disolución de la otredad y culto a la desesperanza, implica un desafío teórico y práctico para el psicoanálisis de fin de milenio. Propone ante esto la reemergencia de la palabra analítica como herramienta rehumanizante y un compromiso en una ética de Buen Decir y Buen Hacer que permita al analizando reapropiarse de sus sentidos personales.