Resumen
El artículo examina la angustia que rodea la masculinidad en la adolescencia y cómo ciertos discursos digitales, como la manósfera y el fenómeno Incel, actúan como una “trinchera narcisista” y una “respuesta ‘prêt à porter’ cultural” ante el trauma psíquico y el “vacío de sentido” que implica el acceso a la vida adulta y el rol de varón en la sociedad actual.
El autor introduce el tema a través del caso de Dani, un adolescente de 15 años en psicoterapia, cuya presentación se centra en una lista interminable de actividades riesgosas y violentas. Esta conducta es interpretada como una búsqueda constante de la “prueba de potencia fálica” y un intento de negar la propia vulnerabilidad.
El artículo vincula esta angustia con la adopción de modelos presentes en internet. Se aproxima al concepto de la manósfera, definido como un “conglomerado de subculturas digitales misóginas” alimentadas por teorías conspiratorias antifeministas, y extremistas. Estos espacios, también llamados machósfera o andrósfera, ofrecen respuestas para enmascarar la timidez y el miedo ante el proceso romántico.
El artículo destaca que la manósfera ha sido asociada con acoso en línea, actos de violencia del mundo real y la radicalización de hombres.
Desde una perspectiva psicoanalítica, el autor postula que en el discurso Incel subyace una doble desmentida o negación de la diferencia sexual.
El artículo examina la angustia que rodea la masculinidad en la adolescencia y cómo ciertos discursos digitales, como la manósfera y el fenómeno Incel, actúan como una “trinchera narcisista” y una “respuesta ‘prêt à porter’ cultural” ante el trauma psíquico y el “vacío de sentido” que implica el acceso a la vida adulta y el rol de varón en la sociedad actual.
El autor introduce el tema a través del caso de Dani, un adolescente de 15 años en psicoterapia, cuya presentación se centra en una lista interminable de actividades riesgosas y violentas. Esta conducta es interpretada como una búsqueda constante de la “prueba de potencia fálica” y un intento de negar la propia vulnerabilidad.
El artículo vincula esta angustia con la adopción de modelos presentes en internet. Se aproxima al concepto de la manósfera, definido como un “conglomerado de subculturas digitales misóginas” alimentadas por teorías conspiratorias antifeministas, y extremistas. Estos espacios, también llamados machósfera o andrósfera, ofrecen respuestas para enmascarar la timidez y el miedo ante el proceso romántico.
El artículo destaca que la manósfera ha sido asociada con acoso en línea, actos de violencia del mundo real y la radicalización de hombres.
Desde una perspectiva psicoanalítica, el autor postula que en el discurso Incel subyace una doble desmentida o negación de la diferencia sexual.