Zona de Interés, dirigida por Jonathan Glazer, no es una película que aborda el holocausto desde una simple polaridad entre el bien y el mal, sino como una compleja red interdependiente entre ambos, como el intrincado baile que continuamente bailan Eros y Tánatos, en contradicción, en alianza y en matices. Intentaré hacer un tránsito por la idea del fanatismo, el totalitarismo y la banalidad del mal, intrincados con la pulsión de poder, la deshumanización del sujeto y la desmentida para, finalmente, ahondar en las respuestas que el individuo puede tomar contra el mal: la retaliación o la compasión.
Se dice y se repite que esta película es una película sobre el holocausto desde la visión de una familia común, cuyo padre era el comandante del campo de concentración, con todos los horrores que eso implica, sin embargo considero que Zona de Interés es una película que no necesariamente está circunscrita al holocausto sino que, si la despojamos de este motivo argumental reemplazando el campo de concentración por cualquier otro abominable y horrendo acto, aún nos queda una poderosa tesis sobre la condición humana en general.