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EN EL UMBRAL DE LA FORMACIÓN: reflexiones de un aspirante en torno a la pregunta ¿por qué ser psicoanalistas hoy? 

Palabras Preliminares 

Agradezco la oportunidad para pensar en el tema de esta jornada y compartir con ustedes algunas ideas que siguen en construcción. Confieso que al principio tuve la impresión de que sería una labor, si bien muy importante, más o menos sencilla porque tendría todo a mano, y solo haría falta organizar una serie de razones evidentes. Me ha sorprendido gratamente el darme cuenta que no ha sido así. 

1.- ¿Por qué ser psicoanalistas hoy? 

Apenas leí la pregunta me concentré de manera libre, más que en el “por qué”, en el “ser psicoanalista”, tal vez porque me reconocí no siéndolo formalmente, por lo tanto me vi obligado a considerarla desde una frontera. Tanto si formalmente se es como si no se es, me pregunto: ¿qué quiere decir “ser psicoanalista”? ¿Es el que ha completado con éxito su entrenamiento y cuya práctica profesional se rige por la teoría y la técnica psicoanalíticas? Una respuesta rápida es: “sí, por supuesto”, ¿pero eso es suficiente? ¿qué será lo más íntimo de ser psicoanalista más allá de las formalidades? ¿Es pertinente seguir pensándolo siempre? Es una pregunta que seguirá estando conmigo y por eso siento curiosidad por escuchar lo que tienen que decir aquellos que me acompañan hoy y quienes pertenecen a generaciones diferentes. Desde esta posición fronteriza, no puedo decir que el psicoanálisis me es ajeno. Señalaría un recorrido de años que incluye análisis, supervisiones, diplomado y grupos de estudio; sin embargo -insisto-, no me es lícito afirmar que soy psicoanalista. Por otra parte, creo relevante traer a colación el hecho de que originalmente soy hijo de la psicología social. Más tarde me involucré con la lingüística y el análisis del discurso; también estudié formalmente la obra de Jung por años. Cada una de estas cosas me

pertenece no solo como una línea curricular sino sobre todo como experiencia subjetiva y erótica. En este punto, entonces, es donde se me impone una reformulación de la pregunta original que podría ser la siguiente: ¿por qué quiero ser psicoanalista? ¿pero esto expresa lo que busco realmente? ¿Ser algo que me otorgue una identidad particular y hasta excluyente? La siguiente alternativa me es más cómoda: ¿por qué tengo el deseo de profundizar en mi experiencia psicoanalítica? Aquí me reconozco mejor porque encuentro el señalamiento de un proceso íntimo que no tiene por qué detenerse en un punto y que no depende exclusivamente de la recepción, por ejemplo, de un título. Mi preocupación no está puesta en llegar a ser algo específico y fijo, sino en dejarme invadir por la experiencia y el movimiento transformador e integrador que de allí surja. Tengo consciencia de que todo lo que uno comunica, más aún en un contexto como este, es una revelación personal, pero al mismo tiempo confío en la honestidad propia y en la escucha desprejuiciada de quienes han acompañado durante años el sufrimiento humano, es decir ustedes. En este sentido, les confieso que quiero profundizar mi experiencia psicoanalítica no porque tenga la certeza de que el psicoanálisis sea la verdad y porque tenga todo dicho sobre la psique humana. Me disculpo si con esto provoco incomodidades. Se da la circunstancia, como ya indiqué, de que me atraviesan diferentes referentes conceptuales acerca de lo subjetivo, siendo el psicoanálisis uno de ellos, pero uno (lo digo con claridad) verdaderamente importante que ha ocupado con vigor, rigurosidad y profundidad su lugar en mi propia vida, así como en el mundo en más de 100 años de intensa y significativa historia. Respeto y admiro al psicoanálisis por el impacto que ha tenido en mí. Este respeto y admiración no se refieren solamente a las ideas, sino que se concreta en afectos, pero de esto hablaré más adelante. He dicho que albergo diferentes enfoques acerca de lo subjetivo y creo que no establezco jerarquías. Hay quienes sostienen que las teorías que defienden se caracterizan por una evolución ascendente y que, si en alguna etapa se muestran débiles, esto se debe a su adolescencia y que, llegadas a su madurez, estas teorías tendrán el poder de abarcarlo y explicarlo todo.

Para mí tal actitud evidencia una especie de ilusión epistemológica. Creo más bien que cada teoría es un recorte, nace ya parcial y contingente, por lo tanto tiene que reconocer y aceptar sus límites, tal y como nosotros, los sujetos concretos que pensamos a partir de esas teorías, los tenemos. Que ninguna teoría sobre el ser humano pueda, dada sus limitaciones inherentes, convertirse algún día en la cosa definitiva que lo abarque y explique todo, no quiere decir que uno tenga que convertirse en un predicador del todo vale, propuesta común en la época actual. Ni el todo vale posmoderno ni tampoco el sectarismo (vale decir: también posmoderno). El mimetismo (el cual es una cara del sectarismo) a mi juicio pone de manifiesto un vacío y una dificultad para asumir la responsabilidad de pensar. Hablo de compromiso y de integración -hasta donde sea posible-, no de eclecticismo; hablo de complejidad. Creo en defender, incluso apasionadamente, el enfoque propio, pero con un matiz fundamental: reconociendo la existencia de otros enfoques. No se trata de importar irreflexivamente conceptos extranjeros, sino de trabajar en articulaciones fructíferas. Recientemente, a través de una comunicación con el Dr. Víctor Korman, se refirió al concepto de identidad como puente entre las ciencias sociales y el psicoanálisis. Estoy seguro que ustedes conocen otros ejemplos. Hasta donde alcanza mi conocimiento, el psicoanálisis tiene un potencial enorme para establecer vínculos conceptuales con otras disciplinas, y este es otro punto que aviva mi deseo. Estando en el umbral de la formación, en mi posición de candidato, estoy consciente de lo inevitable de un progresivo proceso identificatorio con impactos en lo que soy (mejor dicho, en lo que voy siendo), pero me anima la posibilidad de que se despliegue en un horizonte amplio de diálogo, porque así se le hace justicia a la complejidad, la que somos y la que a mi juicio caracteriza al psicoanálisis. 

2.- Hace un momento mencioné dos cosas: la responsabilidad de pensar y me referí a nuestro campo como el acompañamiento al sufrimiento humano.

Sobre este fondo quiero atender brevemente a la palabra “hoy” de la pregunta que nos reúne. 

Hoy día percibo un rebajamiento en la profundidad del pensamiento; es un componente epocal. Se privilegia la extensión más que la profundidad y la imagen desplaza a la palabra. Los discursos están llenos de información, pero no sé hasta qué punto de conocimiento. Se habla mucho de multiplicidad y cómo hemos alcanzado tal estatus sociocultural (múltiple) a consecuencia de la disolución de los mega-relatos de la modernidad. A menudo se habla de esto en tono liberador, pero yo me pregunto si ahora el Otro (con “O” mayúscula), en la aparente fractura de su carácter monolítico, no es más tiránico y por lo tanto menos liberador, es decir, a veces me da por preguntarme si la presunta liberación que nace de un mundo múltiple, no esconde formas sombrías y mucho más sofisticadas de dominación. La dificultad e impotencia para pensar pueden ser una derivación de esto. No se me malinterprete: no me opongo a lo múltiple; es más, ni siquiera podría afirmar con seguridad que dirijo el foco sobre la multiplicidad como la causante de situaciones que me preocupan del mundo actual. Es tal vez ciertas consecuencias pragmáticas del discurso sobre la multiplicidad lo que en el fondo me concierne. Eso de que todo está a tu disposición y solo debes transitar de aquí para allá para realizar apropiaciones efímeras e insustanciales para después desecharlas en busca de la próxima novedad, es una de las expresiones de lo que estoy hablando. ¿Qué impacto puede tener la invitación (o más bien, la obligación) de zambullirse en el infinito mundo de las posibilidades disponibles? Lo que nació tan promisorio, llega a la consulta actual evidenciando vacíos representacionales, extravíos identitarios, dificultades con la frustración, entre otras cosas. Me pregunto si la profusión del presente no estará teniendo un impacto traumático, en el sentido de que todos nos sentimos avasallados por recursos e informaciones que sobrepasan nuestra capacidad de respuesta y a veces de simbolización. He atendido pacientes que usan la Inteligencia Artificial para orientarse en su tratamiento, así como también he escuchado de terapeutas que recurren a lo mismo para analizar sueños de sus pacientes.

Intento no asumir una postura valorativa sobre todo lo que está en desarrollo, sino comprenderlo e interrogarlo. Sin embargo, confieso que estoy involucrado emocionalmente: me preocupa, y en esta preocupación trato de verme a mí mismo: ¿cuánto de todo esto, que está afuera, no es ya parte de mi adentro y cómo afecta mi trabajo con el sufrimiento ajeno y propio? Para mí el psicoanálisis nació contracultural y hoy más que nunca debería serlo. Frente a las demandas de rapidez, la lentitud; frente al todo lo puedo, la falta; frente a la receta, el trabajo arduo con la palabra. Esta diferencia que es y debe ser el psicoanálisis, es otro punto importantísimo de conexión con mi deseo de formarme. Si bien hay formas y prácticas culturales que llegaron para quedarse y que intentan igualarnos a pesar del discurso de lo diverso, es necesario reivindicar, ahora más que nunca, la singularidad. 

3.- Paso a referirme a otro aspecto que atraviesa poderosamente mi deseo de formarme como psicoanalista: mi relación con la Sociedad. Mi intercambio con ella se inició hace ya varios años. No llego a la posición de candidato de la noche a la mañana, sino que ha sido un proceso lento donde me he ido involucrando cada vez más. Ha sido, si se quiere, un paso inevitable en este interesante recorrido. He encontrado aquí un espacio donde se me ha permitido pensarme y pensar a mis pacientes de una manera amplia, responsable y muy bien informada. He encontrado así mismo un entorno sólido y muy dinámico en sus actividades y producción que me ha hecho sentir admiración y cariño. Por puntos que he mencionado antes, creo que es importante, dados los colores con los que se está pintando el presente global, que existan espacios como éste, más aún (ya en el plano particular) en el país donde vivimos. Mantener la resistencia, por llamarlo de algún modo, es complejo y seguro demanda grandes sacrificios, pero a lo mejor de eso se trata, de lidiar con lo complejo y de sacrificarse sanamente; en fin, resistir porque se ama. Como me dijo una paciente: “la vida es realmente una mierda, pero dado que estoy viva, debo esforzarme para vivir de la mejor manera”. Sin saberlo, condensó en

su decir el pensamiento filosófico de Albert Camus al descartar la posibilidad del suicidio como parte de su resistencia, pero también, tal vez inadvertidamente, estaba optando, dentro del caos y la destrucción, por eros. Justamente ya para terminar de eros quiero hablar, porque es un aspecto que registro en mí mismo en mi conexión con la Sociedad y en mi deseo de formarme. Aparte del lado académico, el cual ha sido muy enriquecedor, quiero aprovechar esta oportunidad para subrayar el afecto y agradecimiento que siento por la Sociedad Psicoanalítica de Caracas. Ha sido exigente y a la vez nutritiva. Quiero nombrar a muchos, pero por razones de tiempo señalo a la Dra. Ana Herrera, con quien he supervisado y con quien he compartido motivaciones e intereses. A la Dra., Doris Berlín, quien fue un apoyo en el período del diplomado y después también. A las Dras., del SAPC, María Daniela Abreu y Mirna Carozza por la confianza; a mi actual analista, por brindarme el espacio para armar un nuevo texto sobre mí mismo, y a la Dra. Alicia Leisse, quien los miércoles cada quince días, en el grupo de estudios psicoanalíticos al cual tengo el honor y el placer de pertenecer desde hace casi tres años, me entusiasma con su pasión, lucidez, y guía a seguir adelante en esta aventura, como lo llama ella. Muchas gracias a ellas, y a todos ustedes también. 

José Manuel Hernández 

Psicólogo (UCV). Con especialidad en psicología social 

Estudios de maestría en lingüística y análisis del discurso Diplomado en Psicoterapia psicoanalítica de Adultos (SPC) Analista en formación (SPC). 

Psicoterapeuta en práctica privada online y presencial

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