Resumen
Este trabajo considera los afectos desde la perspectiva psicoanalítica, no sólo en lo que refiere al paciente, sino en lo que involucra al analista y su quehacer. El oficio del analista interroga para qué le sirven sus afectos. Es parte del mito popular ver al analista como un ser hermético y raramente se registra que el analista también necesita de ese alguien a quién acercar el sentido de sus conflictos y que su trabajo le deriva satisfacciones; menos aún se lo considera queriendo a sus pacientes. Forma parte también de un ideal inalcanzable pretender eliminar cualquier influencia sobre el analizando, la respuesta del analista es particular a cada padecimiento y la mayor cercanía puede hacer más digerible tramitar vivencias insoportables.