Sociedad Psicoanalítica de Caracas

La muerte, en la habitación de al lado. Mientras tanto, la vida en esta sala. Gerardo Márquez

La muerte, en la habitación de al lado.

Mientras tanto, la vida en esta sala.

Gerardo Márquez.

También la vida en esta hermosa puesta en escena, de 2024, considerado la entrega más reciente de la etapa instrospectiva y autoficcional de Pedro Almodóvar.   Dejadas atrás las etapas del Destape experimental, la consolidación formal y la Social.  Representa La Habitación de al lado (The Room next door), la iteración del director en el sondeo y elaboración sobre el tema de la muerte, el duelo, la relación con el deseo por la vida, dentro de la cruda realidad y el caos de los mundos personales, superpuestos y (por qué no) colapsados por la narrativa catastrófica de los tiempos actuales.    Junto a “Madres Paralelas” (en la que la muerte en la guerra civil española y sus marcas transgeneracionales, es el elemento de fondo para el viaje de autodescubrimiento de la protagonista y su maternidad) y “Dolor y Gloria” (Película, que viaja en el tiempo para mostrar la infancia de un director de cine, en crisis creativa y bordeando las consecuencias del envejecimiento y la enfermedad), de nuevo la vida como escenario y antesala de lo irrepresentable.

Almodóvar, ya en la octava década de su vida, es un laureado director, de talla internacional.   Premiado por sus guiones, dirección, fotografía, y selección de actrices y actores que han realizado carreras estelares.  Conformando todo ello, lo que ya se conoce como universo Almodóvar.

Universo que ahora se introduce en la lengua inglesa, gracias y a partir, del libro “¿Cuál es tu tormento?”.  De la escritora estadounidense Sigrid Nunez.  Con múltiples referencias del arte, que gravitan a su vez en la concepción del tema desarrollado.    De la literatura, con la inclusión de La muerte (o los muertos) de James Joyce en Dublineses.  De la pintura, como el Mundo de Cristina, de Andrew Wieth, controversial artista y obra, ícono del arte del siglo XX; La relación entre Dora Carrington, paisajista británica y Leonora Carrington, artista surrealista británica-mexicana, quien, en voz de las escritoras en diálogo, fue superada en fama por Dora, por la pasión amorosa y suicidio de ésta, más que por su obra artística.  La inclusión de Edward Hooper, con su cuadro Gente en el Sol (1960), pintor del realismo norteamericano, el cual, junto a la arquitectura de la casa elegida como sitio de despedida, configuran escenario protagónico y entorno intelectual del drama de Martha e Ingrid.  O la comedia muda de Buster Keaton, como aliciente que aligera las reflexiones profundas del texto de Joyce.

A partir de este libro, el director y guionista, se introduce en los vericuetos del epílogo existencial, la cuestión de la muerte, como parte del curso de la vida.   Parte, que, por ignota, es acompañante frecuentemente ignorada, aun cuando circunde con su presencia la propia habitación o la de al lado.

Considero que este Film, representa un tributo a la vida, recrea una exaltación al tema de la vida, que justamente se pone en evidencia en la forma como el ser humano encara su propia muerte.  Recuerdo un escritor que representaba en una novela el tema de la autenticidad del ser humano al momento de morir, podía su personaje haber simulado de múltiples maneras su existencia, fingido acentos y formas de actuar, pero en el momento en que se encontraba de súbito con el desenlace fatal, aparecía su lengua materna y el gesto más auténtico, marca indeleble de su persona.   Así, pienso que se desarrolla, lo que podemos concebir como diálogos que enfrentan dos posiciones de la mente de la autora/y director, a saber:  Una posición de horror frente a la muerte, por considerarlo antinatural, como nos refiere Ingrid. Quien asiste a la presentación de su libro sobre la Muerte Súbita, y lo enigmático e incomprensible de que la vida deje de pulsar en un ser, para dar paso a lo desconocido e inanimado.    La otra posición, la decisión de adelantar lo que se conoce como la hora de la muerte, como abreviación o acortamiento de la penosa agonía del proceso de extinción.   Afirmación de Martha, la corresponsal de guerra, que libra ahora un trance, en el cual ella se encuentra ubicada como contendora, ya no puede observar y “ajustarse a la verdad” de los hechos.  Le corresponde tomar partido, en lo que ella considera parte del malestar del paciente terminal, esto es, que, para el común de los otros, libra una batalla, que le exige, “poner de su parte”, “hacer el máximo”, “ganarle al villano”, que a todas estas reside en su propio ser.    En el caso de mejorar, laureles al héroe que sobrevive, en el caso de que no, el reclamo latente, “no hiciste lo necesario”.

¿Tiene el ser humano, el derecho de decidir cuándo es el momento de morir?  ¿En qué circunstancias?  ¿Qué ofrece la propuesta psicoanalítica a este importante cuestionamiento sobre la vida y la muerte?

La ciencia ha permitido cambios importantes en decisiones que marcan la existencia humana.  Sino, de que otra forma podemos entender el alargamiento de la expectativa de vida, de la capacidad de autonomía y salud en dicha extensión, así como los parámetros sobre la concepción, gestación y fecha de nacimiento (días más, días menos), contraviniendo la idea de la natural aceptación del curso de la propia existencia a su suerte.

Sin embargo, en el tema de la fecha de muerte, y sobre todo a lo que conlleva, aún el ser humano carece de posibilidad de representar el destino de tal dimensión.    Suelo conversar con quien acude a mi encuentro, sobre el tema de la muerte, como algo que pertenece al orden de lo absolutamente desconocido.    Esto tiene consecuencias importantes, como las representaciones que cada uno lleva en su mente, sobre lo que la muerte implica.   Desde las alegorías religiosas, que implican existencias prolongadas que desmienten la muerte.  Hasta convicciones de dudosa solidez, acerca de un fin absoluto, a partir de lo que vemos en los otros que fallecen.  Certeza sobre lo que verdaderamente implica la muerte, nadie puede tener, pues al alcanzar la muerte, no hay psique que pueda comunicar sus hallazgos, es un viaje sin retorno, ni comunicación que pueda calmarnos o afirmarnos nuestros peores temores acerca de ella.

Acá vale la pena acotar, que es posible hacer una suerte de comprensión del Suicidio.   Desde el psicoanálisis, es posible entender que puede haber un acto suicida sintomático, es decir síntoma de enfermedad mental aguda, que conlleva por impulso a la decisión repentina de acabar con la propia existencia.   Comunicando con ello un profundo odio, vuelto contra sí.  Que por cierto está profundamente ligado al odio al objeto (que es como llamamos al objeto de amor, el otro), sin que la persona tenga claros sus sentimientos y razón de su resolución.     El caso de una niña de 15 años, que luego de dos intentos, uno con un veneno para ratas, otro cortándose las venas, y finalmente con un ahorcamiento, dejó una pequeña carta, donde indicaba que cansada de hacer las cosas mal, ponía fin a su vida.  Pedía perdón por dejar la ropa sucia, y una carita feliz tachada.   Ya sea producto de una toma repentina de la acción autodestructiva, o como algo planificado, sostenido en el tiempo, que se fundamenta en el odio a sí mismo, y la confusión e indiscriminación del odio al objeto de amor.    La semana que recién pasó, el lunes un hombre en una discusión con la pareja, repentinamente detiene el carro, se baja y se lanza de un elevado vial, produciéndose la muerte en forma inmediata.

Por otra parte, es posible advertir la decisión de morir, que consiste en el suicidio para poner fin al sufrimiento físico, psíquico y el dolor, que supone continuar con la existencia.    En esta modalidad, la muerte no está directamente relacionada con el odio, o la frustración por la pérdida o herida narcisista súbita. Acá, lo preponderante, es que hay un elemento que hace insoportable la existencia, y la razón para morir, el sujeto la concibe.   Es cierto que hay desesperanza, deseo de alivio y desapego por la imposibilidad de continuar viviendo, con la autonomía, control e independencia que supuso la anterior etapa de la existencia.

En esta concepción, la muerte, no es desencadenado por un elemento impulsivo, compulsivo o de ira repentina o acumulada.   Es, por el contrario, posible considerarla una decisión de vida, que implica detenerla.    Sin embargo, no es esta una posición aceptable desde el punto de vista religioso, ni legal en Venezuela.   En el mundo, sólo diez países reconocen esta vía como un derecho del ser humano.   

Desde la ética psicoanalítica, no significa que el psicoanalista avala, apoya o permita esta decisión suicida.   Se trata y acá lo hermoso del planteamiento de la película que, en lugar de juzgar y rechazar categóricamente, el discurso del sujeto pueda ser escuchado, razonado, contenido, dialogado, interpelado y reconocido como una concepción que puede tener lugar, como opción a considerarse.  Tal vez, el poder establecer en el tiempo, el proceso de autoconocimiento para entender el deseo que puede implicar esta vía, de lugar al desarrollo de alternativas que puedan crear resignificaciones y vínculos que prolonguen la posibilidad de vivir, pero también (y allí es donde el psicoanálisis, plantea una diferencia ética) puede dar lugar y respeto, como un signo de afirmación vital, la decisión de morir.

Así, en mi impresión, Ingrid, desarrolla con gran capacidad de Reverie (término creado por Wilfred Bion, psicoanalista inglés que refiere a la capacidad de la madre para comprender y contener la angustia desgarradora del bebé), encuentros de gran capacidad de escucha, como una suerte de diálogo analítico, en el que se pasea por los diferentes momentos de la vida de Martha, su amor adolescente, el horror del Estrés Postraumático del padre de su hija, el trauma que probablemente la llevó a hacerse corresponsal de guerra, la casi delirante afirmación de fantasear que su hija la cambiaron al nacer, y la frustración por los fracasos del tratamiento de su cáncer uterino metastásico.  Finalmente, el horror al deterioro, y la paradoja de que su fortaleza física, la lleve a una penosa y larga agonía hasta el día de la muerte.   En estos diálogos, es conmovedora la actuación de Julianne Moore, en el rol de Ingrid, que transmite una vibrante actitud de amor que no juzga, pero sí señala las contradicciones, los equívocos, actos fallidos y las defensas inconscientes que pone en marcha Martha.  Así, le puede señalar que es absurdo que su hija no lo sea, cuando son idénticas.   O mostrarse compasiva y sincera, al expresarle su impotencia e imposibilidad de ayudarla cuando se entera del fracaso del tratamiento experimental.   Su decisión de acompañarla en su viaje sin retorno, aunque ella en lo personal le aterra la idea y es defensora de una posición pro-vida enérgica.  Es capaz de aceptar la diferenciación y propuesta de ser testigo y compañera de la decisión de Martha.    Sin perder, por otra parte, oportunidad de confrontarla con el acto fallido, el olvido del veneno letal, que vuelven a buscar, y que explicado por Martha es sumamente difícil de adquirir.   A pesar de las circunstancias, Ingrid le muestra estos hallazgos, de la vida inconsciente a Martha, sin caer en la tentadora posibilidad de actuar, en contra de la voluntad de ésta.    Le entrega el sobre y la acompaña.

Dentro de las elaboraciones e insights, que va compartiendo Martha con Ingrid, está la revisión y replanteamiento con posibilidad de aceptación de la naturaleza de la relación con la hija.   De fantasear con no ser la madre, en la primera parte.  Pasa a elaborar, su distancia y lo que podríamos llamar su fuga del rol materno, y el reconocimiento de esto como una carencia que pudo haber sido el origen de la difícil relación entre ambas.   Logra incluso, reconciliarse con el hecho de la respuesta fría y pragmática de la hija, entendido como parte del efecto de su impronta Identificatoria.

En el epílogo, y una vez consumado el suicidio, hay un episodio, que me resultó conmovedor, irónico y profundamente amoroso, que consiste en la herencia que deja Martha a Ingrid, y consiste en la posibilidad de que, así como a ella, tal vez Ingrid, pueda ofrecer una alternativa amorosa maternal a Michelle.    Las deja en herencia a ambas, como escribe en un momento Ingrid.   La posibilidad de tenerse, como parte una de las vías de resolución del duelo por el objeto amado perdido.

Si bien, han sido célebres los libros y películas sobre la decisión de morir, como alternativa de vida.   Creo que, de forma coherente con el universo Almodóvar, La habitación de al lado, transita de una manera novedosa el tema de la muerte desde el mundo de la feminidad. Los hombres en esta historia, representan figuras de referencia y sostén.  Pero las posiciones de la mente representadas por Martha e Ingrid, son profundamente femeninas.

 

Gracias.

 

BIBLIOGRAFÍA

BION, Wilfred (1980).  Aprendiendo de la experiencia.  Londres. Tavistock. Editorial Paidos. Buenos Aires.2013.

Freud, Sigmund (1904) Obras completas de Sigmund Freud. Volumen VI – Psicopatología de la vida cotidiana (1901). Traducción José Luis Etcheverry. Buenos Aires & Madrid: Amorrortu editores.

LANDER, Rómulo (2004) Experiencia Subjetiva y lógica del otro. Capítulo 41 Lógica estructural del acto suicida. Editorial Psicoanalítica. Caracas.

 

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