Resumen
De la experiencia con el “trastorno de pánico” en la práctica clínica psicoanalítica, encontramos diferentes posturas en cuanto a la utilización de los medicamentos y el abordaje en general de estos cuadros. A través de dos viñetas clínicas, consideramos aquellos que se presentan traídos por los síntomas del pánico y otros que pueden presentarlo como una reacción frente a la movilización inconsciente que se va experimentando durante el proceso analítico. Cuando el pánico es excesivo al punto de interferir la capacidad de pensar productivamente, sumergiendo al paciente en un discurso paralizante, los medicamentos cumplen la función de disminuir la angustia a niveles que permitan un trabajo analítico. La angustia no debe ser suprimida, porque es útil, ella es el motor del yo. El trastorno de pánico tiene como síntoma fundamental la angustia, de cuya intensidad va a depender que la vida del paciente y su pensamiento queden limitados y reducidos a un reporte de las reacciones corporales que lo caracterizan y los objetos temidos que aumentan según la ocasión y el lugar en que se presente la crisis. Elevándose simultáneamente los mecanismos de evitación y reduciendo la actividad y productividad psíquica. Ahora que estos pacientes acuden al tratamiento psicoanalítico, el desorden de pánico adquiere una categoría como afección psíquica aunque aparentemente el cuadro se manifieste con síntomas corporales, y la angustia es su manifestación principal.