Resumen
La autora ofrece un panorama de la sexualidad humana a partir del vínculo dual madre-hijo, analizando las vicisitudes de los períodos pre-edípico y edípico y el modo en que dichas etapas conllevan múltiples deseos y conflictos que perduran de una u otra manera en la sexualidad adulta. Afirma que la sexualidad humana es fundamentalmente traumática desde el origen de la vida y que la adquisición de la identidad sexual no se transmite por herencia biológica, sino por el discurso y el inconsciente parental. La Dra. McDougall cuestiona el concepto tradicional de perversión limitándolo a “ciertas formas de relación con el otro, específicamente a los actos sexuales que no toman en cuenta ni el deseo ni la necesidad del otro” y propone el término de neosexualidades para referirse a la sexualidad que incluye actos no tradicionales (“los que reinventan el acto sexual”) que no causan sufrimiento a ninguno de los partenaires y que no parecen estar signados por la compulsividad, sino que responden a una manera de sobrevivir conflictos psíquicos infantiles. Así, se pregunta si toda la sexualidad humana no podría sostenerse en la neosexualidad, a la vez que insiste en que las preferencias sexuales sólo deben convertirse en material de análisis en la medida en que sean vividas por el paciente como fuente de sufrimiento.