Resumen
Los acontecimientos del 11 de abril del 2002 marcaron una conmoción en el país, entendido como un objeto común, compartido por analista y analizando. La irrupción de la violencia política reclama, según el autor, una reflexión que se juega a varios niveles: a) rescatar el compromiso social y político de los psicoanalistas y de la práctica psicoanalítica; b) la necesidad de realizar gestos declarativos acerca de la indisoluble asociación entre la práctica psicoanalítica y el estado de derecho; c) el alcance y limitación de nuestros instrumentos prácticos y teóricos en la restitución de la dimensión social, cuando ésta es amenazada de disolución, como lo fue en efecto en las fechas planteadas.