SPC

La histeria desde el narcisismo. Alicia Leisse de Lustgarten

Comenzar a pensar en la histeria como una neurosis de pleno derecho es hoy por hoy una posición. En Julio de 1995, asistí a un panel en el que se consideraba la histeria 100 años después de las concepciones originales freudianas. Chasseguet-Smirguel, en una reflexión cuestionadora, se preguntaba si la histeria como tal existe en la actualidad y si puede ser explicada por la teoría sexual. Es frecuente escuchar que las pacientes que Freud atendía por el año 1895 no eran en realidad histéricas, entendiendo su patología desde diversas perspectivas alejadas de la neurosis. Muchos han sido los estudios que se han hecho sobre la histeria. Ha sido entendida como un desorden disociativo, como patología borderline, como defensa contra un estado psicótico. En la revisión que hice del DSM3-R, la neurosis histérica queda registrada como un trastorno disociativo, reuniendo bajo esa denominación nomenclaturas tan disímiles como personalidad múltiple, fuga psicógena, amnesia psicógena, trastornos por despersonalización… En otro orden de ideas se la ha enfocado como una estructura inconsciente, distanciándola de este modo de la escena de la fenomenología. No voy a detenerme en una polémica diagnóstica, ni tan siquiera polarizarme en una disertación epistemológica sobre si hablamos de estructura o síntoma. Quiero partir de la histeria en tanta neurosis que supone un yo suficientemente integrado, capaz de diferenciación entre un sujeto y otro, que mantiene relaciones de objeto, con una conflictiva situada en la dinámica propia del Complejo de Edipo. No hay duda, que diferentes patologías pudieran imbricarse en una histeria y afectar a un yo vulnerable que, aún con fallas en su constitución, se ordena como una estructura neurótica. Es cierto también, que un compromiso disociativo mayor puede incidir en que una organización neurótica se altere más fácilmente. La histeria es una neurosis. No es una neurosis narcisística, pero bien puede afirmarse que está muy tomada por el narcisismo. Es esta la perspectiva que he elegido, el escenario narcisístico de la histeria en la idea de aproximarnos a su organización psíquica temprana. Si bien el peso del conflicto recae en las vicisitudes de los complejos afectivos edípicos, en el encuentro del sujeto con su deseo intervendrá con fuerza la vertiente del amor y más específicamente del amor a sí mismo. Fairbairn (1953), utiliza una metáfora a partir de la tragedia de Edipo, afirmando que considerar solamente el final del drama, que entiendo como la consumación del incesto y el cumplimiento de la castración, es ignorar el principio. Acota el autor, que todo drama es una unidad, señalando que Edipo estuvo privado de los primeros cuidados maternos cuando Layo, su padre, lo mandó a matar para escapar de la maldición proferida por Pélope de que moriría a mano de su propio hijo. Recapitulando algunas ideas básicas, entiendo el narcisismo como la estructura que sostiene la puesta en marcha del psiquismo humano, concepto en el que me separo del enfoque del narcisismo como patología clínica, por las ideas que quiero considerar. En un trabajo anterior (1990), apuntaba que la constitución del sujeto parte de otro. El yo se va articulando sobre la imagen de un otro por la cualidad significante que le es atribuida”. Juega, por lo tanto, un papel central y como destaca Torres (1992), …”marca un tipo de relación que será un eje para siempre, que ni se supera, ni se desmantela, sino que deja efectos”. En los comienzos de la vida psíquica prevalece el orden de la necesidad, de la supervivencia. Es la formación del sí mismo, del reconocimiento progresivo del otro, de la autoestima y de la valoración. Todo ello en el modelaje que ofrece la imagen de la madre a partir de la cual se construye la imagen propia. Los autores que han investigado este período de la vida destacan, de una u otra manera, la gesta narcisística que hace que un ser humano se constituya como tal. En la clínica son cada vez más los pacientes que presentan quejas sobre el amor, estados de insatisfacción, vivencias de vacío, depresión y angustia, y a quienes les resulta muy penoso trabajar sus conflictos, sintiéndose avergonzados, juzgados o privados de amor. De esta manera, el análisis, que lucía indicado, ofrece inesperadas complicaciones. Es la puesta en escena de la histeria arropada de la cualidad narcisística. Desde la mirada y desde la palabra pretende reivindicar el lugar del amor. Hay una falla en la relación con el otro, una imagen insuficiente que le dará un tinte particular al deseo en la pretensión de suplir otros pedidos. La histeria se mueve en la escena edípica y allí el deseo dirigido al objeto queda intervenido por la preocupación central de satisfacer el deseo del otro en la idea de resolver su falla de amor. Kristeva (1992), señala que la histeria se diferencia de otras estructuras por su habilidad para mantener ambos planos, no hay desorganización cognitiva profunda pero a costa de los compromisos sintomáticos variados. Desde la perspectiva que plantea la autora, quisiera considerar otras ideas. En 1937, en su trabajo “Análisis terminable e interminable”, Freud apunta a la castración como la roca de base que limita el análisis. La castración no se resuelve a no ser por la vía de la aceptación. Pues bien, algo similar ocurre con el narcisismo en tanto eje que engrana la vida mental del sujeto. Una organización psíquica inicial bien articulada no está exenta de fallas. Ninguna estructura se arma a la perfección. Es lo que llamo falla narcisística diferente de la falta edípica que refiere a la renuncia de los objetos incestuosos. Las vivencias edipicas producen efectos de grávidas consecuencias, pero un sujeto suficientemente integrado, con claras delimitaciones yoícas, y un sí mismo valorado posee la infraestructura suficiente para enfrentarlo.. Las vicisitudes por las que atraviesa el sujeto separado del complemento materno marcan con mayor o menor intensidad la falla narcisística. Lacan la define como la falla abierta que buscará colmar el deseo. Se traduce en una búsqueda incesante de ese otro para llenar la falta. Dentro de este registro toda decepción es

Alicia Leisse de Lustgarten

Entrevista con el Dr. Norberto Carlos Marucco 1º. De Agosto, 2009 en Chicago, USA

Alicia Leisse de Lustgarten El Dr. Marucco es psicoanalista, miembro Titular con función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Estudioso de la metapsicología, tiene una línea de investigación en este campo que destaca un pensamiento creativo que apunta a mirar de cerca al sujeto que nos convoca y al entorno social en el que está inmerso. Hemos escogido entrevistarlo a él para conocer con mayor profundidad su pensamiento psicoanalítico, que ha quedado para la lectura y estudio gracias a la publicación de numerosos libros. Podemos situarlo como uno de los autores contemporáneos de gran contribución al conocimiento latinoamericano y al psicoanalítico como tal. ¿Cómo se presenta el psicoanalista Norberto Marucco ante nuestros lectores? Como un psicoanalista muy comprometido con la práctica analítica actual, así como también por su futuro, el cual comprende, entre otras cosas, las temáticas de la formación y de la transmisión en psicoanálisis. Junto a un grupo de estudio, del cual soy coordinador hace ya varios años, emprenderemos un nuevo proyecto de integración conceptual que estará enmarcado en el área de las nuevas iniciativas de la IPA. Nuestro trabajo apuntará a lograr congeniar la investigación de conceptos psicoanalíticos con la práctica ¿Qué le preocupa del presente? Hace años que asistimos a una proliferación de múltiples tipos de psicoterapias que se presentan más acordes a la realidad socio-económica actual por ofrecer soluciones a corto plazo. Este crecimiento cuantitativo no implicaría un problema si estuviera acompañado de una fundamentación teórica adecuada, por el contrario existen algunas psicoterapias psicoanalíticas que carecen de fundamentación metapsicológica apropiada. A su vez creo importante promover como política la pluralidad de ideas, los psicoanalistas contemporáneos somos eclécticos, diríamos en mayúsculas, en el sentido que utilizamos lo que es útil de cada de teoría para abordar la clínica cotidiana. Creo que la IPA, si bien siempre mantuvo una pluralidad de ideas recién ahora se ha animado a reconocer una pluralidad de prácticas. ¿Y del futuro? Una línea que prevaleció a ultranza hace unos años atrás fue la investigación del inconsciente, en donde la cura llegaba por añadidura. Como mencionaba antes, en el imaginario popular actual, el análisis no es entendido como una investigación, sino como una terapia que intenta aliviar los síntomas. En caso que esto no se logre, los pacientes buscan terapias alternativas, lo cual conlleva una disminución de pacientes y, por lo tanto, de aspirantes a la formación. Con el respeto que merecen los pioneros, el psicoanálisis pasó por un momento de triunfalismo, la carrera analítica era una carrera donde imperaba cierta soberbia de distintas corrientes analíticas que, por lo tanto, no daban cuenta de su práctica. Creció sí, pero se angostó. La crisis por los años 80 fue entonces, como casi todas las crisis, una crisis positiva: se caracterizó por la pérdida de cierta hegemonía kleiniana y la eclosión de un movimiento nuevo, el lacaniano que se apoyaba en un retorno a Freud. El problema de esta última es que, para algunos, fue esgrimida como la única teoría, como ocurre casi siempre con las teorías. El cuestionamiento de la teoría lacaniana que surge hoy es una apertura. El problema se revela en psicoanálisis con el estancamiento de la producción de nuevas ideas. Según la Organización Mundial de la Salud la depresión será, en el 2020, la segunda enfermedad más importante del mundo ¿Qué ha pasado? ¿Herencia o cultura? ¿Qué cosas desalientan en el mundo que lleva a perder la autoestima de sus miembros? Investigaciones aseguran que el tratamiento psicofarmacológico no es suficiente para abordar satisfactoriamente esta patología. Deberá se acompañada por psicoterapia, y entre ellas considero que el psicoanálisis cuenta con las mejores herramientas. Sucede que los analistas debemos aprender a usarlas y transmitirlas. ¿Un psicoanálisis latinoamericano? La especificidad del psicoanálisis latinoamericano la define su clínica. En este sentido podríamos pensar que cada comunidad está impregnada por una realidad social singular que altera el psiquismo, dotándolo de características psicopatológicas particulares. Todo esto nos convoca a indagar la participación que tiene la cultura en la constitución subjetiva. No se trata de ideología política, sino de dilucidar cómo influye ese proceso a cada sujeto. Desde esta perspectiva, como decía Freud, hacer de la miseria neurótica un infortunio común. ¿Una línea de pensamiento, la metapsicología? Soy un estudioso de la obra de Green, sus ideas son el resultado de una intensa y profunda interrogación de la clínica. El desarrollo de nuevas teorizaciones a través de la investigación es un desafío que he sostenido a lo largo de toda mi trayectoria. Esto es así porque considero que la metapsicología habilita e interroga la exploración teórica de la práctica cínica. Lo teórico parte de la clínica y se fundamenta en la técnica. ¿Cómo entiende la transmisión del psicoanálisis? Como decía al comienzo, la transmisión del pensamiento analítico ocupa una parte muy importante de mi labor cotidiana. Si bien la práctica clínica se ocupa de la singularidad, del caso por caso, como se suele decir ahora, nuestras teorizaciones deben poder ser transmisibles para que no queden en una mera cuestión personal. Considero además que la formación psicoanalítica debería ser permanente así como también lo es el análisis del analista. Siempre nos referimos a la cara profesional de Norberto Marucco, ¿y su vida cotidiana? Qué preferencias tiene, qué disfruta… Dedico tiempo a escribir por lo que no estoy tanto como quisiera con mi familia o con amigos. Soy un gran lector, tengo una gran apetencia por la literatura psicoanalítica. Además me gusta el futbol y la música, en la que estoy desde los 4 años. Dediqué 13 años de mi vida a aprender violín. He tenido una gran pasión con la medicina, la vida política y cultural. ¿Hacia donde va su trayectoria como psicoanalista? Tengo dos o tres caminos. Uno de ellos es ayudar a que otros puedan encontrar el mejor camino. También quiero seguir escribiendo, ya tengo 9 libros, algunos en co-autoría, otros míos solo, y varios de ellos están traducidos. Estoy escribiendo actualmente uno que enfoca en las primeras heridas traumáticas de un sujeto, las cuales

Aurelio Calvo

Encuadre a prueba de Barricadas

Autor: Aurelio Calvo De pronto, viene a mi recuerdo una caricatura de Pedro León Zapata que ilustraba, diez años atrás, una escena en la que una familia asistía espantada ante la irrupción de un dedo inquisidor que atravesaba la pantalla del televisor. La arenga del líder político traspasaba la distancia mediática para transformarse en intimidación física. Sin duda se trata de una metáfora gráfica, ingeniosa, que expresa cómo la virulencia del discurso político invadió nuestra intimidad familiar, haciéndonos partícipes de la ruptura cada vez mayor de ese muro agrietado que separa lo privado de lo público. En palabras de Fernando Yurman “lo privado ha pasado a ser un pliegue de lo público”. El espacio analítico no podía quedar inmune a tal invasión. Parece ya distante y poco rescatable aquella vivencia que experimentábamos al entrar en el consultorio de un psicoanalista. Aquel lugar a la vez cálido y aséptico, donde te deslizabas en el diván y todo parecía orquestado para que dejaras afuera: la lluvia negra de la ciudad, los sudores de lo social, los ruidos de lo político, en fin, el óxido de todos los días. Allí en el silencio del aire acondicionado y de la asimetría, desplegabas la cadena significante y con un poco de suerte retornaba lo reprimido. El analista fiel a su encuadre hacía gala de abstinencia, conservaba la neutralidad, convertía distracción en atención flotante y de vez en cuando, recogía el material verbal para ofrecerte alguna interpretación, una puntuación, una pregunta enigmática, etc. La realidad externa era sólo el polvo del camino que permitía pasar de lo social a lo intrapsíquico. Cualquier evento callejero era tomado por la red de la neurosis de transferencia sin desestimar, por supuesto, la importancia del encuentro con lo real. Lo que pasaba afuera era comprimido en un adentro íntimo y vincular. A veces la violencia de lo traumático trastocaba ese clima, aunque sólo por unos días o semanas, luego tocaba recortar simbólicamente, el pánico del último atraco, la impotencia del desempleo, la ruptura matrimonial, el año académico perdido, etc. La realidad “pura y dura” gradualmente se trocaba en representación, el trauma actual poco a poco remitía a Narciso o a Edipo, la pierna rota se volvía metáfora de la castración y la actualidad punzante se dejaba apropiar por la historia subjetiva. A veces, salías de la sesión con la quietud tristona de quien se asomó a sus propias limitaciones, otras con la ilusión de haber crecido unos centímetros, la mayoría con las ganas de volver a la próxima y seguir asistiendo a los goces y miserias del autoconocimiento. No hay duda de que a lo largo de la historia de la humanidad siempre hubo y habrá: crisis económica, polarización política, lucha de clases, intolerancia a las diferencias, violación de los derechos humanos, amenazas a la libertad de expresión, delincuencia común y delincuencia disfrazada de ideología, etc. Pero qué pasa cuando esa violencia multiforme nos toca la puerta, no en Ucrania o en Siria sino aquí. Más específicamente, qué nos pasa a los analistas venezolanos cuando un asalto o un secuestro desarticula nuestro limitado equilibrio emocional, cuando el noticiero “no informa” que una protesta tomó la autopista y no puedes recoger a tus hijos del colegio, cuando el analista se muere de ganas de emigrar y el paciente de las 6 de la tarde le da mejores argumentos para hacerlo. Cuando el paciente acostado en el diván hace una apología a la revolución y tú sientes que una revolución más y te mareas. O peor, cuando una señora muy elegante sostiene con una convicción casi delirante que “si ellos no respetan los derechos humanos hay que matarlos a todos”. Díganme: ¿Cómo acceder al inconsciente sin un chaleco antibalas? Me imagino que a estas alturas ya no le extraña a nadie que Melanie Klein haya desarrollado la teoría de la posición esquizo-paranoide durante el bombardeo de la ciudad de Londres. ¿Será una casualidad que la polarización política se parezca tanto a las escisiones objetales de pechos buenos y malos? Será una coincidencia que la privación y la frustración humana sean los principales generadores de los radicalismos fanáticos y a la vez de los clivajes mentales. Cómo se mantiene el encuadre cuando la calle se acuesta en el diván y todo se desencuadra? En marzo y abril, mi consulta pasó de ser mayoritariamente presencial (sólo atendía por Skype a personas que viven en el extranjero) a fundamentalmente virtual. Las sesiones vespertinas convirtieron mi agenda en un rompecabezas, las horas fijas se volvieron vacilantes; nunca faltaban las llamadas de último minuto de un paciente atrapado en una barricada o algún adolescente que pedía permiso para asistir a una marcha sin que le cobrara la hora que iba a perder. Más de una vez acepté que un paciente atascado en mi propia calle comenzara la sesión por teléfono y la continuara luego en el consultorio. Proliferaban las horas de recuperación, tanto las solicitadas por los pacientes como las impuestas por mí. El cobro de honorarios mermó y el lucro cesante se convirtió en la excepción que confirma la regla. A menudo, era muy difícil discernir si el peligro de la calle era real, fantaseado o alucinado. La autocensura radioeléctrica complicaba las decisiones y las intervenciones. Los pacientes más paranoides estaban “en su salsa” y convencerlos de que asistieran podía convertirte en otro objeto persecutorio. Los más obsesivos y fóbicos requerían por teléfono todo tipo de reaseguramientos sobre qué vías alternativas tomar y qué tipo de horarios eran “más tranquilos”. Otros directamente me pedían el Skype. Cuando predominaba la patología narcisista, las sesiones se convertían en una narración de aventuras épicas y algunos “heroísmos” contra la guardia nacional. En esos casos mi función era anticipar el próximo acting out o tratar de deslindar los riesgos de una protesta activa, de las impulsiones autodestructivas de algún imitador de Indiana Jones. Frecuentemente me animaba la idea de que la vida consiste, entre otras cosas, en vencer nuestra natural tendencia al conservadurismo mental y a la circularidad paralizante.

Alicia Leisse de Lustgarten

El setting expropiado. La tecnología invade el espacio analítico

Alicia Leisse de Lustgarten , Pensando el cambio. Cuando recibí la invitación a participar en este panel y me dieron el título, preferí dejarlo y no proponer uno diferente. Lo recojo ahora para hacer algunas variaciones y así situar el inicio de mis ideas. Es un hecho que el escenario terapéutico atraviesa cambios relevantes. No puede ser de otra manera. Atendemos problemáticas diversas que convocan nuevos abordajes, el foco de respuesta se ensancha, y el sufrimiento que desde lo social asoma toca nuestras puertas, advirtiendo que la causa del sujeto se tambalea. No hablaría, sin embargo, de expropiar terrenos. La respuesta que hace a nuestro oficio es requerida por doquier. Quedamos eso sí, intervenidos en una praxis que intenta preservar un método de trabajo, pero que debe rediseñar qué otros espacios puede ofrecer. Sinónimo de desposeer o confiscar, es diferente a irrumpir, interferir o interrumpir un escenario estructurado de acuerdo a prescripciones técnicas. Tomo la propuesta tal cual para introducir elementos particulares que hacen a lo que entendemos por encuadre analítico. Refiere al papel del analista, al conjunto de factores espacio (ambiente) temporales y parte de la técnica en la cual se incluyen el establecimiento y mantenimiento de horarios, honorarios, interrupciones regladas (Bleger 1967). 37 años después tomaremos una variante temporo-espacial, antes impensable, para ver cómo se sostiene esta variación y como queda afectado el abordaje clínico. La presencia de dos personas en un mismo cuarto, la postura, tono de voz, gestos que acompañan o hacen parte del lenguaje que acompasa el encuentro analítico, son variantes; y por tener una razón de ser, habrá que ver como intervienen o más bien como son intervenidas. Así que más que defender a ultranza o recusar sin discusión, corresponde atender los efectos de las variaciones en el encuadre en términos de la dirección que pretende la cura, de qué trata la cura misma, y cómo quedan las herramientas que hacen al oficio. Ninguna terapia dentro de las propuestas psi, definidas dentro de un método particular, descansan en un hacer lo que se quiera o que todo se vale. Con diferencias por el esquema referencial teórico que se sostenga, rige un método de trabajo. Así que considerar las modificaciones de encuadre a la luz de las variantes de espacio y tiempo que hoy debatimos, es mandatorio. Los efectos de tales cambios no necesariamente tienen que ser limitantes o perjudiciales, pero conocerlos permite trabajar con ellos y ganarlos para el paisaje terapéutico. Siglo XXI, vuelta de página histórica, solo que ahora no nos la cuentan: somos personajes de este escenario, Es el alto que nos da el pensar sobre el quehacer y allí detenemos nuestros propios movimientos; a veces notorios, a veces imperceptibles. Mi práctica sigue siendo psicoanalítica en vista de que escucho ese decir no dicho, atisbo la presencia del escenario inconsciente, eso que el paciente no conoce, no hilvana o de lo que no se percata. Mi incursión, primero, y la experiencia que he ido desarrollando hace varios años para trabajar a través de la vía on-line (o virtual) ha sido con aquellos que venían trabajando conmigo y emigraron, con los que de tanto en tanto sostenemos un encuentro presencial. Progresivamente los horizontes se ensanchan; alguno que vive distante en el país, con quien la demanda es otra en tanto viene desde el comienzo ubicada en otro encuadre. Conocer a la persona es asunto a cuidar, en vista de que la historia de presencia pudiera quedar muy recortada. Para nosotros psicoanalistas también ha corrido el tiempo, corresponde situarnos y advertir que nuestro protagonismo supone cambios diversos en contextos inmediatos. Soy de una generación en la que había distancia entre psiquiatras y psicólogos, formo parte del segundo grupo de psicoanalistas que admitió psicólogos. En los EEUU, el gremio gano una demanda para ejercer su derecho a la práctica clínica. Pasaron algunos años hasta que pude pagar un análisis exigido de 4 veces a la semana, frecuencia hoy por hoy difícil de sostener por razones tan concretas como reales, trafico, tiempos, erogaciones. Procurar un encuadre que nuestros pacientes puedan afrontar sin sacrificar las razones que lo indican de esa manera es todo un asunto. Porque aunque se haya vuelto casi una moda afirmar, que la transferencia, o el despliegue de la trama relacional inconsciente con el analista, pueden darse con una vez y quizá no con 4, es algo que puede suceder, pero para nada una generalización sostenible. Los psicoanalistas mal calificados de ortodoxos, ganamos el apellido algo malicioso por demás, gracias a una práctica apegada a criterios institucionalistas que como sabemos, en aras de mantener sus asertos, sacrifica la pregunta y hasta la investigación que asoma caminos que validan otras propuestas. No dispongo del espacio para hacer un recorrido riguroso sobre que ha cambiado en mi condición de psicoanalista comprometida con una praxis determinada. Si suscribo mi elección y sonrío ante los avatares y tropiezos que supuso mi entrenamiento. No disponíamos de escuchas que clarificaran sobre la comprensión del decir de un paciente; abordar el discurso inconsciente era una suerte de encuentro con un enigma a descifrar y la interpretación un tipo de lenguaje iluminador del cual había que “hacerse”. Había una fundamentación teórico-clínica que valoro a la luz de la especialidad que decidí seguir. Algo dentro de esa aproximación que hoy luce un tanto clásico” era efectivo. Los pacientes salían adelante, remitían los síntomas, ampliaban sus horizontes psíquicos y vitales. Es más; en una Venezuela tan poco psi, cosa que aun respiramos, menos que antes, pero respiramos; nos demandaban ayuda y se disponían aun con pocos medios a emprender un trabajo de no poco tiempo. Mientras; ha pasado mucho aquí y allá. Aproximaciones diversas proliferan, lo psi está más presente en sus diferentes vertientes; no solo clínicas, colegios, servicios médicos, asesorías empresariales, convocan nuestra presencia. Presenciamos un movimiento de apertura. En lo que refiere a lo particular psicoanalítico, a pesar de la amenaza de muerte que de tanto en tanto le pronostican; así como del surgimiento de nuevas terapéuticas que pretenden sustituirla,

Alicia Leisse de Lustgarten

Lo particular de la transmisión en psicoanálisis: la Institución Psicoanalítica y la práctica contemporánea

Alicia Leisse de Lustgarten Preguntarse por la transmisión del psicoanálisis y ser parte de un panel que reúne a colegas de ámbitos diversos, pone sobre la mesa una práctica psicoanalítica inserta en los cambios que supone el mundo contemporáneo. Considerar esos cambios a la luz de lo particular que hace a la transmisión, es lo que hoy traemos en la idea de seguir pensando nuestro oficio. En 1924 se crea el primer Instituto de Psicoanálisis en Berlín. De la mano de Max Eitingon se sistematizaba el entrenamiento psicoanalítico, procurando un espacio para el modelo de formación; esto es, transitar por la teoría psicoanalítica, la clínica supervisada y el análisis personal. Otros modelos surgieron con el devenir de los años: el francés y el uruguayo, proponiendo nuevas maneras de entender el análisis de formación, las supervisiones y el ejercicio de la función didáctica. La introducción de cambios en los parámetros que hacen al entrenamiento ha levantado siempre polémica. Un colega me decía tiempo atrás, que los psicoanalistas somos inevitablemente conservadores. Se refería a eso riesgoso que supone para muchos proponer variantes en el método en la idea que se alteren los principios que rigen la práctica. Schmuel Erlich (2006) planteó la polaridad que asoma la pregunta; si se trata de engrosar las filas de los psicoanalistas o mantener los principios que rigen la aplicación clínica del mismo. Ciertamente son dilemas que crean dificultades; pero no se puede sostener una disciplina, ciencia o arte que tenga una propuesta única o que no diseñe nuevas alternativas; so pena de caer en el dogmatismo. En nuestro caso, si se preservan los estándares de manera cerrada, se cierran las posibilidades de encontrar o capitalizar nuevas mentes capaces de brindar terapias basadas en la comprensión del sujeto desde la perspectiva del inconsciente. La formación en los tiempos actuales requiere atender clínicas de creciente complejidad así como responder a demandas diversas con el telón de fondo que traen los cambios sociales para ambos protagonistas del proceso analítico. Sobre transmisión Eje de la convocatoria que nos reúne, es por si sola una variante que define la formación psicoanalítica. Esto es, no pretendemos el adoctrinamiento desde una línea teórica determinada, sino que aquel que se entrene sea capacitado en un aparato para pensar lo pensamientos psicoanalíticos que no puede ser repetido, que tiene mucho de lo de cada quien. Cómo ensambla sus ideas, cómo entiende la clínica, cómo decide un abordaje y cómo es el artífice de una escena que también es propia de cada quién. No resulta ajeno hablar también de enseñanza en tanto es un oficio que se aprende; claro está, con las mayores o menores destrezas para ejercerlo. Refiere a principios técnicos, tanto como a la clínica psicoanalítica y las teorías; hoy por hoy plurales, con el enriquecimiento de otros aportes. Me corresponde exponer las modificaciones mayores que ha supuesto la formación psicoanalítica en un área muy específica: la formación a distancia. Esto es, en países que no tienen Sociedades Psicoanalíticas de la IPA. Primero fue Europa del Este, el Instituto Psicoanalítico de Europa del Este, PIEE, que por el año 1988 inicia la creación de espacios para el análisis y organiza la formación de candidatos en el exilio, por la prohibición que pesaba para su ejercicio en países que habían estado bajo regímenes comunistas. Cercano a la caída de “la Cortina de Hierro” empezaron a formalizarse las aplicaciones a la IPA después que en algunos lugares había continuado un entrenamiento clandestino, restringido en número de aplicantes y recursos para dar formación. El que ha tenido la experiencia de participar en uno de estos países, queda conmovido por el esfuerzo y la mística que colegas del mundo psi le ponen a procurarse de una comprensión del sufrimiento humano fuera de medicaciones o técnicas únicas, que desconocen el escenario inconsciente. Por diferentes razones y procurando también el pedido de formación, el Instituto Psicoanalítico de América Latina, ILaP, nace 7 años atrás a partir del acuerdo que suscriben Fepal y la IPA con la intención de dar “un marco único y coordinado para formar, enseñar y promover el psicoanálisis en la región latinoamericana”. Se daba así respuesta al pedido sostenido de entrenamiento y la creación de los procedimientos que aplicarían. Algunos años atrás esto era impensable; podríamos decir que la demanda fue moviendo la respuesta. La educación a distancia, los seminarios condensados, los análisis condensados, las supervisiones presenciales y virtuales se abrían paso, suscribiendo el modelo tripartito que definió a la formación psicoanalítica desde los comienzos. La difusión del Psicoanálisis hasta hace poco, quedaba un poco al azar. En algunos casos a la suerte de analistas que debieron emigrar, por razones políticas, por ejemplo, a países donde constituyeron el germen para la creación de nuevas sociedades. A partir de la instauración del Instituto Psicoanalítico para Europa del Este (PIEE) y del Instituto Latinoamericano de Psicoanásis (ILaP) la extensión del psicoanálisis a nuevos países, forma parte de una estrategia que sigue acciones planificadas. Transmisión y formación a distancia. Tomare la línea clásica del trípode que delinea lo que hace a la capacitación de un psicoanalista. Desde ese vértice, pretendo mostrar el escenario que refiere a la formación a distancia enmarcadas en lo que damos por entender como Instituto Virtual: un Consejo de analistas didactas y titulares que conforman la Dirección General; de Seminarios; Admisión y Formación; Extensión; Investigación y Seguimiento en países como Venezuela, Uruguay, Perú, México, Argentina y Chile, haciendo un equipo de 10 colegas que trabajan articulados y permanentemente conectados. Una manera de suplir y de situar, las dos al mismo tiempo, el marco institucional. El análisis Un testimonio ilustra, qué ocurre a nivel de la experiencia, en lo que entendemos como análisis. Introducir el análisis en mi vida ha sido una experiencia no solo de mucho aprendizaje sino salvadora. En el momento que decido iniciarlo, me encuentro casi vencida por la pulsión de muerte. Viajo a X, me acuesto en un diván. En las paredes hay algunas pinturas, diplomas y una caricatura de Freud. Se

Rómulo Lander

Psicoanalisis: teoría de la técnica de Rómulo Lander

El propósito del analisis Plantear el propósito de la terapia analítica implica plantear los objetivos de la cura psicoanalítica. Empecemos por el principio. Sigmund Freud planteó que el psicoanálisis era un método para investigar la psique hu-mana. Los pacientes con sufrimiento psíquico a comienzos del siglo 20 no encontraban métodos de alivio que realmente funcionaran. Estos pa-cientes esperaban que algo los curara de sus sufrimientos y de sus sínto-mas mentales. Ciertamente cuando en 1893 aparece el Psicoanálisis, la era un nuevo método que ofrecía esperanzas. El diálogo psicoanalítico era muy especial. Era un diálogo sin juicio de valor y por lo tanto sin ejercer ninguna censura moral, ofrecía la posibilidad para que ocurriera la catarsis, la reconstrucción de los recuerdos de infancia, la revisión y resignificación de los traumas infantiles [sexuales o no] esto se lograba a través de revivirlos en transferencia y todo esto daba la oportunidad para que los síntomas desaparecieran. En el fondo era lo que los pacientes deseaban y esperaban. Así lograron aliviarse y el Psicoanálisis comenzó a tener popularidad. Desgraciadamente de esta evolución quedaron establecidas dos ideas erróneas. Primero, la idea de que la terapia psicoanalítica era algo de exclusiva práctica médica. Y segundo, que el psicoanálisis era una forma especial de terapia. En los últimos cien años de práctica psicoanalítica, ambas ideas han sido corre-gidas y modificadas. Primero, el análisis lo puede practicar cualquier persona con talento para trabajar el inconsciente y que además haya sido entrenado o entrenada correctamente por un Instituto de Psicoanalisis. Y segundo, el Psicoanalisis no se práctica como una forma de terapia. El verdadero objetivo del Psicoanálisis es la <búsqueda de la verdad interna del individuo>. Como acertadamente plantea Wilfred Bion en 1967: …‘la búsqueda de la verdad es esencial para el crecimiento mental. Tan esencial como los es el alimento que consumimos para lograr el creci-miento orgánico del cerebro. Sin verdad sobre sí mismo, la mente no se desarrolla, muere de inanición’… El psicoanálisis ofrece un método para que el sujeto luche contra sus propias resistencias. Una lucha para lograr adquirir algo de su verdad interior perdida. Al hacer esto, el sujeto ex-pande las posibilidades de su mente y ciertamente evoluciona y cambia sus síntomas. Algunos equivocadamente observan este fenómeno como la curación de algo, cosa que no lo es. Digo esto, porque que no hay nada que curar. Para que el terapeuta de tipo psicoanalítico logre hacer esta tarea de ayu-dar al otro a tomar conciencia de su verdad perdida, tiene que estar, den-tro de lo posible, en una actitud neutral de no deseo, para entonces así poder escuchar sin prejuicios el material mental que el paciente le va a ofrecer. Freud llamaba a esto la <atención flotante>. Wilfred Bion se refirió a este mismo asunto como: ‘la capacidad del terapeuta analista de poder ubicarse en un punto cero de no deseo y no memoria. Lacan decía que el analista debe tacharse como sujeto deseante para poder ocupar la silla del analista. Esta capacidad sólo se adquiere después de muchos años de análisis personal, ya que al resolver sus conflictos neuróticos el terapeuta va a estar más o menos libre de necesidades neuróticas incons-cientes y de dificultades serias de personalidad, que impidan o limiten, su capacidad de neutralidad ante el material mental que emerge del pa-ciente. Aclaro: la presencia de conflictos neuróticos inconscientes no significa la presencia de ninguna enfermedad. Cuando el terapeuta psicoanalítico tiene deseos personales de ser un cu-rador, podría encontrarse en la difícil posición de que su objetivo cons-ciente en la terapia, sea el de curar a su paciente. Va entonces a encon-trarse rígidamente fijo y prejuiciado a cumplir este objetivo que natural-mente incluye, lo que para el terapeuta, es su propio concepto de salud. Sencillamente en la terapia analítica las cosas no son de esta manera. La cura de las dificultades neuróticas es importante, pero el objetivo es ayu-dar al paciente a buscar y encontrar aspectos de su propia verdad interior, que es lo que verdaderamente le permitirá evolucionar. Encontrar aspec-tos de esta verdad lo lleva a estados de integración mental, estados de mayor desarrollo, de una vivencia de identidad y eventualmente adquirir lo que esa persona en particular considera su propia curación. En relación con estas ideas recordemos lo que Sigmund Freud escribió el 25 de enero de 1909. Este día Freud escribió una carta a Carl Gustav Jung y allí le decía lo siguiente: …‘para salvar mi conciencia, siempre me he dicho a mí mismo, que por encima de todo no trate de curar, que me conforme con aprender algo de la mente y además ganarme la vida. Creo que estos han sido mis propósitos conscientes más útiles en el ejercicio del psicoanálisis’… Aquí cuando Freud dice: nos está diciendo que trata de preservar lo más posible su neutralidad, de verdaderamente escuchar al otro, de suspender sus pro-pios deseos, de llegar a una <atención flotante> que es lo que en última instancia va a permitir el análisis de lo inconsciente. Si el paciente percibe un deseo del terapeuta de curarlo es posible, que al percibir este deseo, el paciente llegue a una pseudo curación o falso cre-cimiento. Esto ocurre así, cuando el paciente está dispuesto a complacer y satisfacer los deseos del terapeuta. En caso de que sea así, la toma de conciencia de este fenómeno transferencial y resistencial podría aún re-presentar para el paciente un beneficio, porque adquiriría un pedazo de su propia vida interior: . Por eso todas las cosas que ocurren en el proceso de la terapia, si son comprendidas y hechas conscientes se convierten en una ayuda al proceso de la integración mental y del crecimiento psíquico. Como vemos curar, no es el objetivo de la terapia, sino un producto secundario que ocurre gracias a la integración mental y búsqueda de la verdad. TEORIA DE LOS MECANISMOS DE LA CURA Adentrarse en el problema teórico de los mecanismos de la cura exige definir primero cual es el concepto de curación que se va a utilizar. Es

Rómulo Lander

Is the rock of castración the limit to analysis?Is the rock of castración the limit to analysis?

Romulo lander [caracas] The 7th international conference of ‘lacan in ipa’ will take place in the city of sao paulo, brazil. The official subject chosen is: ‘anxiety: the affect which does not deceive’ assertion raised by jacques lacan in his famous seminar-10 of the academic year 1962-63 devoted to the study of anxiety. The panel that i will be working with has a specific theme, entitled: is the rock of castration the limit to analysis? This is an assertion raise by sigmund freud in his paper ‘analysis terminable and interminable’ written in 1937. In this text of 1937 freud speaks of a ‘rock bed’ as a limitation to the progress of a clinical analysis. This assertion is later presented as ‘the rock of castration’. This rock bed sentence has always called upon us to think about the limits of clinical psychoanalysis. There are two additional problems that are closely related to this issue of the limits of analysis. Here i am referring to ‘the purpose’ and the ‘end of analysis’. This is something which i will make some comments at the end of this paper. The metaphor of the ‘rock bed of castration’ used by freud, refers to the limit that occurs, when the work on the unconscious, goes deeper and deeper, and the analytic work reaches a point beyond which it cannot continues. It is a metaphor that comes from the underground geological explorations. It occurs when the drill that pierces in the depths of the earth, faces the rock bed and cannot make more progress. Freud proposed that in a similar way, the analysis may encounter a barrier [the rock bed] that prevents the analytic work to progress deeper. Freud thought that this barrier was a metaphor of castration. When the analysand reaches the rock bed, he has to accept its inevitable castration [insufficiencies] which will constitute the limit of the analysis. Here we found a difficulty that compels us to ask: what did freud means with the barrier of castration? The question i am presenting intent to go beyond castration. I will apply concepts that steam from structural lacanian proposi-tions and using these concepts will answer with this: the barrier of castration or ‘rock bed’ refers to the various deficiencies that are present during the early formation of the psyche. We shall remember that structural psychoanalysis describes three basic noxas : trauma, conflict and defect. the defect refers to deficiencies, which is something structural. In some texts it is called structural defect. This lack or defect represent what the subject did not receive at the time of his psyche constitution. It represents a hole or lack, something irreparable. The unavoidable presence of these deficiencies in early childhood, gives rise to what is called a lack. the psychological theory of the lack will refers to areas of the mind that are empty giving rise to what are now called: the clinic of emptiness. This lacks can only be relieved by an unconscious replacement [called suplen-cias]. These substitutions sometimes look like a symptom and other as a sint-home. After 1960 jacques lacan develops the theory of the substitu-tions [symbolic and imaginary]. The concept of substitution crosses all lacan’s work. We find it as an operational concept from the beginning of the 60s. This occurred when lacan study the psychotic structure. At that time lacan introduces the new concept of ‘forclusion of the name of the father’. With this concept lacan shows the difference between types of substitution. Some occurs in psychotic structures and others in neurotic structures. The forclusión of the name of the father [something not inscribed] will leave a lack in the psyche. This lack need to be relieve, replaced, obturate for the subject to achieve mental stability . This stability comes with the knotting of the three orders [rsi], where the substitution takes the place of a fourth knot. Sometimes the difficulty of the psychotic structure is so serious that the substitution makes the subject to go crazy. For example, a auditory or visual hallucination [as a substitution] may create an effect of goce [jouissance] so intense, that the subject goes crazy. The subject does not recognize the hallucination as something of their own, but as something alien. The hallucination is part of a attempt to repaired the lack, but unfortunately this hallucinatory substitution is perceived as alien. The amount of goce [jouissance] created is unmanageable. This puts the psychotic, as lacan said: in a sea of jouissance. In other cases the substitution in the psychotic structure is recognized as something of their own, such as occurs in the extreme obesity, and in the compulsive consumption of drugs. Initially this substitutions are identified clinically as a symptom, which is not. It is subsequently that lacan is going to create the new concept of the sinthome. Something that is not a symptom, nor is it phantom. It is a fourth knot that creates the psychic stability in the psychotic structure. In neurosis the lack will give rise to another type of substitution. The best example is the dialectic of the subject with the petit-a. The object petit-a, speaks to us about the lost object, an object always sought and never found. This lost object is found in fiction the object petit-a, which is found in the body of the other. This illusive find, speaks of a way to repair the lack. To repaired the lack the object petit-a will be converted in a particular modality of a lack repaired [suplencia]. This particular object of passionate love or hate, will appears in the neurotic as a substitution. In short: the work of the analysis will eventually be faced with a limit. Freud called this limit the rock bed of the castration, beyond which it is not possible to continue the analytical work. This rock bed is formed by the structural de-fects in the subject. The only thing that the analysis can offer then is that the subject in analysis may clearly know his limits. It is worth

Rómulo Lander

¿Es la roca de la castración el límite del analisis?

La 7ª jornada internacional de ‘lacan en ipa’ se realiza este año en la ciudad de sao paulo, brasil. El titulo general seleccionado es: ‘la angustia: el afecto que no engaña’ aserto planteado por jacques lacan en su famoso seminario-10 del año lectivo 1962-63 dedicado al estudio de la angustia. La mesa de tra-bajo que me ha tocado trata sobre un sub-tema específico titulado: ¿es la roca de la castración el límite del análisis? Aserto planteado por sigmund freud en su texto de 1937 titulado: ‘análisis terminable e interminable’. La frase original de freud dice que ‘el lecho de rocas representa un límite al análisis’. Esta frase siempre nos ha convocado a pensar sobre los el fin y los límites del análisis. Entiendo que refiere a los límites que encuentra el analista clínico en su práctica cotidiana. Esta frase de freud incluye dos problemas adicionales que están relacionados con el tema de los límites del análisis. Me refiere a los problemas del propósito y del problema del fin de análisis. A ambos temas me voy a referir brevemente al final de este texto. La metáfora del ‘lecho de rocas de la castración’ usada por freud refiere al límite que encuentra la cura analítica cuando se profundiza en el trabajo del inconsciente. Es cuando se llega a un punto, más allá del cuál, no se puede continuar. Es una metáfora tomada de las exploraciones subterráneas geológicas. Ocurre cuando el taladro que perfora en las profundidades de la tierra, tropieza con el lecho de rocas y no puede progresar más. Freud proponía que de forma similar, el análisis puede tropezar con una barrera [lecho de rocas] que impide y constituye un límite en la búsqueda, cada vez más profunda, que el sujeto hace en su inconsciente. Freud pensaba que esa barrera era la castración. Aquí aparece una dificultad que nos obliga a preguntarnos: ¿qué quería decir freud con la barrera de la castración? Aplicando conceptos psicoanalíticos lacanianos y post-lacanianos, paso a decir lo siguiente: la barrera de la castra-ción [lecho de rocas] refiere a las diversas carencias [defectos] que están presentes durante la formación temprana de la psíque. Recordemos que en el psicoanálisis estructural se describen tres noxas básicas: trauma, conflicto y defecto. el defecto refiere a las carencias, lo cual es algo del orden estructu-ral. En algunos textos lo llaman defecto estructural. Esta carencia o defecto refiere, a lo que el sujeto no recibió, en el momento de su constitución psíquica. Es una insuficiencia, una modalidad de la falta, un algo irreparable. la presencia inevitable de estas carencias [defectos] en la infancia temprana, da origen a lo que se llama: la teoría del hueco psíquico, lo cual refiere a áreas de la mente que están vacías, dando origen a lo que actualmente se llama: la clínica del vacío. Después de constituida la psíque esas carencia solo puede aliviarse con la construcción inconsciente de una suplencia. Estas suplencias algunas veces lucen como un síntoma y otras como un sinthome. Jacques lacan desarrolló desde 1960: la teoría de las suplencias [simbólicas e imaginarias]. El concepto de suplencia atraviesa toda la obra de lacan, especialmente después de 1960. La suplencia es un término que equivocadamente se relaciona con su última enseñanza. Pero en realidad lo encontramos como concepto operativo desde el inicio de los años 60, cuando lacan se dedica al estudio de la estructura psicótica. En esa época lacan introduce el concepto de la del nombre del padre [lo no inscrito] y se va a iniciar la diferencia que existe entre el tipo de suplencia que va a ocurrir en las estructuras psicóticas y en la estructura neurótica. La forclusión del nombre del padre [lo no inscrito] que deja una falta, va a tener que ser suplida por un algo para lograr la estabilidad psíquica. Esta esta-bilidad surge con el anudamiento de los tres órdenes, en donde la suplencia hace las veces de un cuarto nudo. A veces la dificultad de la estructura psicótica es tan seria que la suplencia enloquece. Por ejemplo una alucinación auditiva o visual [como suplencia] puede crear un efecto de goce tan intenso, que enloquece. El sujeto no reconoce a la alucinación como algo propio, sino como algo ajeno. La alucinación se inscribe en un vacío forclusivo [que refiere a lo no inscrito] pero desgraciadamente esta suplencia alucinatoria se percibe como ajena. El monto de goce creado es inmanejable. Coloca al psicótico como lacan decía: en un mar de goce. En otros casos la suplencia en la psicosis es reconocida como algo propio, tal como ocurre en la obesidad extrema y en el consumo compulsivo de drogas. Inicialmente se identifica clínicamente como un síntoma, cosa que no és. Es posteriormente que lacan va a crear el nuevo concepto del sinthome. Algo que no es síntoma, ni tampoco es fantasma. Es un cuarto nudo que crea la estabilidad psíquica en la estructura psicótica. En las neurosis la falta va a dar origen a otro tipo de suplencia. El mejor ejem-plo lo encontramos en la dialéctica del sujeto con su objeto-(a). El objeto-(a) nos habla del objeto perdido, un objeto siempre buscado y nunca encontrado. Encontrar en ficción el objeto-(a) en el cuerpo del otro, nos habla de una forma de obturar la falta. Al obturar la falta, el objeto-(a) se va a convertir en una modalidad particular de suplencia. Pasa a ser el objeto de odio o de amor pasional en el neurótico. Aparece así el amor y odio de pasión como suplencia. Resumiendo: el trabajo del análisis eventualmente se va a tropezar con un límite. Freud lo denomina el lecho de rocas de la castración, más allá del cual no es posible continuar el trabajo analítico. Ese lecho de rocas está formado por las carencias constitutivas del sujeto. Lo único que el análisis puede ofre-cer es que el sujeto en análisis: las pueda conocer con claridad. Es oportuno insistir aquí, en la idea, de que el sujeto necesita sus suplencias para mantener su estabilidad psíquica. La suplencia

Alicia Leisse de Lustgarten

Marcas psíquicas. Transitando los comienzos

Alicia Leisse de Lustgarten Soy una interesada en lo temprano, ya hace rato. Lo he abordado por los derroteros del narcisismo, entendiéndolo desde su perspectiva estructural, como uno de los ejes en los que se constituye la organización psíquica. Ciertamente, no tenemos modo de dar cuenta de un registro fidedigno ni aun desdibujado de lo que sucede en las primeras épocas de la vida. Los recuerdos se trastocan, la represión interviene o la disociación campea; pero además cada sujeto en su condición inédita, hilvana su propia narrativa, entreteje lo que construye como su verdad, combinando las vivencias de tal manera que el determinismo no aplica y la causa y los efectos que intervienen se complejizan en un laberinto enigmático y de difícil cifrado. Freud, desde la perspectiva clínica, se adentró fundamentalmente por los caminos de la neurosis, lo que no le impidió alcanzar otras direcciones teóricas como la psicosis, el narcisismo y todas esas contribuciones que portaban el apellido “primario” para dar cuenta de eso primero. Hoy por hoy miramos a sus pacientes, esos pocos que conocemos de sus escritos, con cierta descreencia de que refieran solamente a ensamblajes neuróticos. En nuestros encuentros clínicos, hace ya muchos años que son protagónicas las variantes de sujetos que tienen en común déficit o fallas en su estructuración, engrosando las filas que invitan a revisitar aquellas gestas de los comienzos con la pretensión de ensanchar la propuesta terapéutica de un sí mismo más integrado y por ende un sostén psíquico suficiente para encarar el transito que cada quien recorre. Quiero detenerme en la vertiente de las marcas psíquicas estructurales que nos conduce por los diversos caminos de la patología y el sufrimiento. Me refiero a cómo se constituye el sujeto en la variante particular desde la que se va a organizar. Ello comporta que no estamos hablando solamente del conflicto como padecimiento, terreno que hace a la especificidad del psicoanálisis, iluminador de la neurosis. Me refiero al sujeto que en tanto dividido es un ser de conflicto. No es infrecuente oír decir a un paciente que su condición de ansiedad sostenida le hace sentir vivo o que la agresión desbocada de sus vinculaciones es el idioma fundamental que conoce para aproximarse al otro. En ese lugar desde el que se armó, no apunta tanto a una línea de defensa como un eje constituyente. Por ello, no es tarea sencilla el viraje, y aún en el caso supuesto que derribáramos esa estructura, el sujeto en cuestión queda inerme, desarticulado de la referencia que no por problemática deja de funcionarle. Viene al caso la polémica que levanta la cuestión sobre la factibilidad de los cambios estructurales o si refiere más bien a un reordenamiento de la estructura en virtud de que el trabajo psicoanalítico actúa sobre ella. ¿Qué hacemos frente a un sujeto que viene adherido a repeticiones como la piel que lo envuelve? La vertiente lacaniana nos advierte que la conducción de la cura supone ayudar al paciente a descubrir cuál es su deseo y a asumir lo que es. No se trata de una revelación o de algo a recuperar. Sí encaramos un engranaje psíquico de difícil movilidad. Y esto es un hecho universal; claro está con las variantes que atañen a cada quien. Recuerdo el trabajo con una mujer adulta, que desmontando la conflictiva que suponía para ella el escenario dicotómico entre el hombre al que quería y aquel otro al que deseaba, decidió interrumpir el análisis ante el horror que supuso saber que no era feliz, pero si acomodada. La represión no alcanzaba. Descubrió que evitaba toparse con una polaridad inasumible. La emergencia del deseo sexual desordenó temporalmente aquel acomodo. Años después me la encontré llevando una vida tranquila al transar por la opción menos disturbadora. Trae a colación el asunto ya no solo del timing, sino del alcance del trabajo analítico frente a la disposición del paciente a interrogar su recorrido defensivo. En la terapéutica que emprendemos con problemáticas tempranas, no alcanza la interpretación para rescatar significaciones perdidas o desconectadas. El marco analítico ha procurado otros recursos para transitar por sucesos traumáticos grabados a fuego. Atendemos escenarios yoícos fracturados, identificaciones mutiladas, espacios de representaciones faltantes o empobrecidas. Frente a ellos, procuramos nuevas construcciones, no en el sentido clásico de re-ediciones históricas que ciertamente aportan historizaciones pendientes. Se trata de nuevas referencias; la escritura de una narrativa que rectifique la que trae. Korman (1990) plantea que al analizar no tiene por meta reconstruir un pasado olvidado sino “la creación de lo nuevo, elaborando una historia a partir de elementos no conocidos hasta entonces que van apareciendo en las sesiones. Refiere a la introducción de una nueva causa psíquica, que fuera capaz de transformar de manera estable la dinámica mental existente en el sujeto…”vislumbrando posibilidades allí donde aparentemente no las hay…para que se puedan desplegar los posibles posibles de cada analizando”. Es desde la indagación de aquellas líneas referenciales de los comienzos que procuramos nuevos caminos. Son muchos los pensadores teóricos que en su trabajo clínico han dado cuenta de ello. Recordemos a Winnicott, cuando señala que en problemáticas de carencias tempranas, corresponde atender las necesidades de dependencia del paciente. (1954) mientras que H, Rosenfeld, (1987) advierte sobre como el manejo cuidadoso y sensible que el analista da a pacientes que tuvieron una experiencia traumática en la relación madre-hijo, redunda en un buen pronóstico aun a pesar de que estén severamente perturbados. Quiero detenerme en las ideas de Piera Aulagnier, (1923-1990) autora dedicada a cuestiones fundamentales de la organización psíquica. De manera rigurosa, se adentra en ese difícil terreno que supone diseñar un panorama del funcionamiento mental de los orígenes, validándolo desde el escenario de la clínica. Lo originario, el pictograma, el objeto-zona complementario, el placer necesario y el placer suficiente, el portavoz, el proyecto identificatorio, la violencia del sujeto, se acompañan en la difícil conjunción de hilvanar con una prosa casi poética la austeridad del pensar metapsicológico. Considerar estos referentes teóricos advierte un modo posible de abordar estructuras comprometidas y